Ciencia natural, justificadora de las “verdades” opresivas del patriarcado

blogeditor · 10 de noviembre de 2021

Ciencia natural, justificadora de las “verdades” opresivas del patriarcado

La Ilustración supuso ser un movimiento emancipador del ser, que se liberó del yugo de las jerarquías que lo aprisionaban; pero también fue la consolidación de una nueva clase dominante, fuera de la burguesía y de la estructura previa a esa emancipación: el “hombre” por encima de las y los demás 1. En la supuesta libertad e igualdad entre los seres humanos que habitaban Europa en esa época, también se instauró una nueva necesidad de control y de ejercicio del poder. Para escuchar todo lo que tienen en su interior, la sexualidad se convirtió en un centro de atención para las distintas instancias del poder.

A partir de la necesidad de conocer las prácticas sexuales de los seres sociales, se construyó lo que Michel Foucault reconoce como “técnicas polimorfas del poder”, es decir, maneras de conocer los discursos, canales, conductas y caminos que le permitieran al colectivo “racional” seguir ejerciendo su dominio sobre lo que quedó de esa revolución ilustrada. Ya no se buscaba la opresión directa e intolerante de la religión, ahora se consideraba a la razón del ser humano la que gobierna e impone, para construir una ciencia de la sexualidad; una ciencia que dictara todo lo que tenga que ver con ella 2. Comenzó a hablarse de sexo lo más posible, pero no con la bandera del libertinaje irracional sino con la de la libertad racional; entendiéndolo, estudiándolo, deduciéndolo, estimándolo, pero también controlándolo y regulándolo. Así surgió una nueva gestión a cargo de los “hombres ilustrados”.

Jean-Jacques Rousseau, uno de los mayores “hombres ilustrados”, usa el concepto de hombre natural como hombre original o biológico, pero su concepción tiene un fallo sustancial en la percepción del estado de naturaleza. La forma de reconocer este último en lo social tiene atravesado un concepto suyo sobre la forma de ver el mundo: hacerlo desde la mirada patriarcal. Las necesidades supuestamente biológicas de los seres humanos generan en el pensamiento rousseauniano una base para construir su ideología de libertad, pero la construye desde una segunda categorización que establece como superior sobre la otra. La diferencia de sexo biológico se vuelve, para Rousseau y otros “hombres ilustrados”, un rasgo fundamental al momento de construir la nueva sociedad supuestamente igualitaria. Según este pensador, la igualdad de las clases sociales implica una desigualdad social hacia las mujeres, para mantener estable la cadena de poder 3.

La secuela de esto fue la generación de un imaginario colectivo que oprime a la mujer ya no en el inconsciente, sino en nombre de la razón con el fundamento de su naturaleza supuestamente inferior. El patriarcado moderno se construye de esta forma, y permite la opresión basada en la sexualidad biológica. El sexo se administra y, por supuesto, se administra desde una perspectiva genuinamente patriarcal. Se inserta en sistemas de utilidad para el régimen opresivo hacia la mujer y, además, se engendra desde la educación en la infancia y la adolescencia.

La ciencia se considera objetiva y neutra para determinar los fenómenos naturales, como simples hechos fuera de la consciencia humana, pero también los discursos científicos tienen un rasgo patriarcal cuando son incitados desde el concepto de sumisión de la mujer al hombre 4. Esto fue productivo para los ideales de la Ilustración, ya que los pequeños estratos de dominación a los que los hombres podían acceder se masificaron al momento de enlazar ideales políticos, sociales, económicos y filosóficos con la ciencia biológica del sexo.

Desde el siglo XIX y hasta la actualidad, ha habido un aumento en los discursos científicos dedicados a esclarecer la división supuestamente natural de los sexos de nuestra especie. Las metáforas biológicas reincorporan el poder atribuyendo géneros (y características culturalmente asociadas a esos géneros) a objetos o procesos biológicos que no están intrínsecamente sexuados. Existen muchas teorías con metáforas atravesadas por el discurso de poder basado en la violencia de género. Entre las más importantes (por mencionar sólo algunas) están la teoría de la selección sexual, la del cazador-recolector, la de la inversión de los padres, la de la poligamia masculina y la monogamia femenina, la de la promiscuidad del macho, la del dimorfismo gamético, la del determinismo genético y biológico por el cromosoma “Y”, la de “la bella durmiente” (el óvulo pasivo que espera al espermatozoide activo), la de la agresividad de los varones a causa de la testosterona, la de la denominación sexo/género hormonal, la de la invalidez femenina, la de la histeria, la de la menstruación como fallo de la fecundación, la de los cerebros sexuados, y la de la evolución psicológica de cada sexo, así como las teorías hormonales que generan prácticas y tratamientos en mujeres más que en hombres 5. Todas ellas construyen una cultura supuestamente sustentada por un carácter científico, que sigue justificando la dominación de un género sobre el otro, o más bien sobre otros asociados a lo que se ha asumido como feminidad.

Grupos feministas se han hecho cargo de desestructurar los conceptos impregnados en la Biología como técnicas polimórficas de poder, que se ejercen desde todos los ámbitos para que la educación de los niños sea distinta a la de las niñas y los demás géneros. Hasta que todos estos conceptos, justificadores de violencia de género con base en la supuesta condición natural del ser humano, sean desterrados del imaginario colectivo, no podrá dejar de existir un régimen totalitario y opresivo de un género sobre los otros. El patriarcado continuará ejerciendo su poder hasta que la ciencia no pueda liberarse también de su yugo y generar discursos sin condición de género, con el simple objetivo de seguir describiendo el mundo que nos rodea.

* Daniel Ochoa Gutiérrez es Biólogo por la Facultad de Ciencias y Maestro en Ciencias por la Facultad de Química. Actualmente es doctorante con especialidad en Biología Molecular por la Facultad de Ciencias y estudiante de la carrera de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras, además de ser profesor de la Facultad de Ciencias de las asignaturas de Biotecnología, Biología Molecular de la Célula I y Biología de Procariontes para la carrera de Biología, todo realizado en la UNAM.

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

 

1 Kant, Immanuel, Filosofía de la historia ¿Qué es la ilustración?, Emilio Estiú y Lorenzo Novacassa (trad.), La Plata, Terramar Ediciones, 2004, pp. 165.

2 Foucault, Michel, Historia de la sexualidad. La voluntad de saber, Madrid, Siglo XXI, 1998, pp. 95.

3 Cobo, Rosa, Fundamentos del patriarcado moderno. Jean Jaques Rousseau, Valencia, Ediciones Cátedra, 1995, pp. 269.

4 Velasco Sesma, Angélica, Ética del cuidado para la superación del androcentrismo: hacia una ética y una política ecofeministas, Revista Iberoamericana de Ciencia, Tecnología y Sociedad, nº 31, vol. 11, 2016, p. 195-216.

5 Hankinson Nelson, Lynn, Biology and Feminism. A philosophical introduction, Cambridge, Cambridge University Press, 2017, pp. 265.