blogeditor · 25 de diciembre de 2014
El despropósito y la infamia también aparecen en el trabajo científico, como cualquier otra actividad humana. La ciencia es un oficio de la mente, que está expuesta por lo tanto al descalabro y la risa loca. El descalabro en la práctica científica más destacado del 2014 fue el protagonizado por la investigación con células madre pluripotenciales publicado en Nature (505: 641–664). El trabajo presentó resultados truqueados en los laboratorios del Centro RIKEN para la Biología del Desarrollo, en Kobe, Japón. Llama la atención no por la insidiosa cháchara que despertó, sino por lo trágico y demoledor de su desenlace. Comedia griega del pensamiento. La señorita Haruko Obokata se lució con un descubrimiento importantísimo en células madre de Pluripotencia adquirida mediante estímulo o células STAP. Pero ajustó fraudulentamente datos e imágenes a las interpretaciones más entusiastas e irreales. Resultados falsos que no pudieron replicarse. Narcisismo y protagonismo, furiosos demonios que atizan a las mentes competitivas. Para enfrentar el escándalo, Haruko Obokata lloró retractándose frente a las cámaras de televisión y el Dr Yoshiki Sasai, director del laboratorio y coautor de la publicación junto a Obokata, realizó el tradicional suicidio honorable agujereándose la cabeza de un balazo. Cometió seppuku gerencial en su oficina. Por su parte, el Dr. Ryoji Noyori, Nobel de Química 2001 y presidente fundador de REKIN cedió el 10% de su paga por tres meses para reparar daños, al igual que cinco directores más. Correspondiendo solo de manera circunstancial al fatal descuido del noble Dr. Sasai, el Centro REKIN aún defiende perrunamente su prestigio internacional ganado por otros experimentos exitosos con células madre durante largos años.
La mala práctica del método científico causa desgracia siempre. La obligatoriedad de reproducibilidad de los experimentos y la permanente verificación de los datos colectados es un cañón humeante que apunta directo a tu rostro, obligándote a considerar y respetar todos los detalles durante la obtención e interpretación de resultados. En el laboratorio todos son neuróticos sublimados.
Otro traspié menos grave en la práctica científica asociado al protagonismo y el entusiasmo idiota que despertó el cotilleo -no sin sorna- de la comunidad científica en el 2014 fue el resultado de una duda cósmica. En dos estudios separados, los astrónomos Raphael Flauger, David Spergel y Colin Hill, de la Universidad de Princeton, así como Michael Mortonson y Uroš Seljak de la Universidad de Berkeley en California, cuestionaron el anuncio del espectacular descubrimiento de las ondas gravitacionales primordiales asociadas al Bing Bang que dio origen al universo y que indicarían, de corroborarse en futuras mediciones, que el universo se mantiene en expansión (teoría de la Inflación).
Dicho descubrimiento fue dado a conocer apresuradamente en televisada conferencia de prensa y boletines adjuntos multicitados por un equipo de astrónomos liderado por John Kovac, del Centro Harvard-Smithsonian para la Astrofísica en Cambridge. Candidatura inmediata al premio Nobel, Kovac y colaboradores presentaron los datos colectados por el radiotelescopio BICEP2 ubicado en el Polo Sur y que apunta a la brillante negrura del universo. Pero la interpretación de los datos fue apresurada, los datos no solo no son evidencias suficientes, sino que pueden estar fuertemente asociados al sesgo producido por el polvo cósmico que genera señales semejantes, de acuerdo a las meticulosas observaciones que incluye el mismo radiotelescopio BICEP2 y el satélite Planck, y que fueron hechas por los otros dos equipos independientes (Flaguer, Spergel y compañía) al de Kovac. Protagonismo y narcisismo, valores ambiguos que crecen furiosos en las mentes competitivas. Los nostálgicos Kovac y colaboradores soltaron el Nobel que nunca tuvieron y que la prensa aplaudió anticipadamente.
Este evento propició discusiones moralistas y aleccionadoras sobre el anuncio público anticipado de los descubrimientos científicos. Las Academias tuvieron una postura de doble moral característica. Alientan el protagonismo, pero callan o amonestan sentenciosamente el traspié público. Por fortuna Kovac y colaboradores no rechazaron la discusión, no podrían sobrevivir si se rehusaran. Así que continúan colectando datos y analizándolos, curtiéndose en el rigor de las mediciones, la crítica y descartando las numerosas posibilidades. Aunque en secreto siguen preparando discursos imaginarios y sueñan con entrevistas sentados en las cómodas butacas de sus cubículos.
Finalmente, el despropósito recorrió felizmente varios trabajos científicos en el 2014. La revista Annals of Improbable Research típicamente se encarga de enlistar el disparate en los escurridizos premios Ig Nobel, los cuales se entregaron en el pasado otoño bajo un animado relajo. Estridentes reconocimientos contra la solemnidad de los más risueños trabajos publicados en varias disciplinas durante el 2014. Antiveneno contra la impostura. Entre otros premios otorgados destaca el de Física, que coronó a un equipo de japoneses por realizar el cálculo del coeficiente de fricción de la cáscara de plátano al ser pisada por un bobalicón, con implicaciones directas en la salud del sujeto (Mabuchi et al., 2014: Tribology Online). En Neurociencia ganó el estudio chino sobre el entendimiento de los procesos cerebrales que ocurren en la mente al ver el divino rostro de Jesús en una tostada (Liu et al., 2014: Cortex). El premio en Nutrición es notable: un equipo de doctoras catalanas caracterizó la biota microbiana productora de ácido láctico en las suaves heces de los bebés lactantes, con implicaciones en el probable cultivo de alimento prebiótico. Estos resultados sugieren –de acuerdo a las investigadoras– producir una nutritiva morcilla y salchichón con la dulce mierda de los angelitos (Rubio et al., 2014: Food Microbiology).
El lado opuesto de lo brillante y conmovedor del descubrimiento científico es casi siempre la broma involuntaria. Pero hasta ahora, las sociedades humanas no han encontrado nada mejor para validar sus presunciones y certezas más entrañables sobre la realidad y los fenómenos naturales que invocando el discreto método científico. La verdad religiosa es una impostura y su conocimiento está sesgado por la especulación delirante. En contraste, la ciencia no lo explica todo, cuestiona la realidad siempre, interroga y evalúa, machaca, explica muchas cosas, otras veces las deja inconclusas, las retoma eventualmente, trabaja en muchos frentes, a veces cede espacios a la perezosa y burocrática Academia, con sus infames boletines de prensa.
El año 2014 que termina fue exitoso para la ciencia en general, ganó terreno sobre el montón de dudas y limitantes que nos afectan. El top ranking puede consultarse en las últimas ediciones de las revistas Nature (@nature) y Science (@sciencemagazine), que gestionan una parte muy visible del descubrimiento científico. Otros cientos de revistas científicas igual de válidas son plataformas para integrar el cuerpo del conocimiento científico en múltiples disciplinas.
En la prospectiva para el próximo año 2015, destacan la reapertura a mayores energías del Gran Colosionador de Hadrones en el CERN, el delicado rompimiento múltiple de las partículas subatómicas, la exploración espacial al asteroide Ceres por la nave Dawn y al planetoide Plutón por la New Horizons, la descripción de cientos de nuevas especies biológicas, la inmunoterapia combinada contra el cáncer, el cinturón engrosado por decenas de satélites artificiales enanos Cubesat que orbitarán el planeta y mapearán sus patrones ambientales, y los resultados sobre el monitoreo del deshielo en el Ártico, entre otros miles de trabajos por publicarse.
El nuevo año 2015 pinta sorprendentemente igual o todavía mejor para el incansable trabajo científico, nunca peor. Su positivismo esencial radica en su dinámica de formular y contestar preguntas sobre lo desconocido. Su empuje entonces es siempre para adelante. Se esperan nuevas respuestas a la realidad, discusiones intermitentes sobre la ética y funcionalidad del método científico y alegres despropósitos.
* Francisco Riquelme (@FCO_RIQ) es Paleontólogo y Doctor en Ciencias por la UNAM. Contacto: [email protected].