blogeditor · 13 de septiembre de 2019
Raquel Tibol (1923-2015) escribió en la revista Proceso (07.05.1983) una reseña del libro La cerámica de Hugo X. Velázquez, Cuando rinde el horno (Martín Casillas Editores, 1983) de María Luisa Puga (1944-2004), donde afirma que “son escasos en la literatura sobre arte mexicano los trabajos dedicados a la cerámica de autor” y que este libro puede considerarse “el primero de su tipo”. El Proemio de la obra es de esta crítica de arte.
La autora aborda el trabajo de Hugo X. Velázquez (1929-2010), en seis capítulos y una conclusión. 1) El cuerpo de la cerámica; 2) Formar; 3) Vidriar; 4) Quemar; 5) El mural; 6) Una biografía escueta. En el texto hay 54 fotografías, la mayoría son de piezas elaboradas por el artista, pero algunas son de él y de su taller en Cuernavaca. Y con el libro viene un sobre con seis fotografías a color de piezas del ceramista.
Tibol dice de la obra que Puga “ha actuado como testigo y cómplice, y el resultado es un retrato verista muy rico del creador-artesano en el proceso de producción. Este retrato nos ha dado un Hugo Velázquez exaltado, obsesivo, perfeccionista, instaurador de sus propias convenciones para tumbar cualquier barrera entre la vida privada y la profesional”.
Y añade que “el retrato transcurre de puertas adentro. Se evocan relaciones de las etapas formativas; pero no aparecen las desarrolladas después, cuando Hugo Velázquez y otros colegas ceramistas y diseñadores de objetos se empeñaron por incrementar en el medio mexicano una conciencia gremial entre los propios artistas y una conciencia estética entre el público o entre los consumidores”.
“La cerámica, dice Tibol, se presta a la colaboración entre el artesano y el artista, al intercambio de conocimientos e influencias. Sostiene Vasconcelos en El desastre que todo el renacimiento de la cerámica nacional en México parte del viaje que Enciso y Montenegro hicieron en 1921 a Oaxaca, donde en un mano a mano con los artesanos tradicionales decoraron unos platos”.
En versión de Vasconcelos, “esos platos fueron las primicias de lo que posteriormente se desarrolló como una industria artística. Apoyaba su afirmación en este principio: “No se improvisan ni salen espontáneamente del pueblo las industrias y las artes, sino que constantemente hace falta la intervención del artista culto para iniciar o para resucitar la producción artística”.
Puga en A manera de explicación, en la parte inicial del texto, cuenta como entró en contacto con Velázquez y la manera en que abordó el texto que construyó que fue a través de que ella y el artista “platicaríamos grabando”. Y afirma que “de cerámica no sabía nada antes de escribir el libro y dudo que sepa mucho más ahora, pero sí descubrí lo que es el amor a un oficio”. En 1987 leí el libro y recientemente lo volví a ver. Es un texto bien escrito que resulta interesante.
La cerámica Hugo X. Velázquez
Cuando rinde el horno
Maria Luisa Puga
Martin Casillas Editores
México, 1983
pp. 161