blogeditor · 2 de febrero de 2015
Pues sí. No hacía falta demasiada ciencia para que se cumpliera el vaticinio. Sonora será gobernada después de comicios pactados el 7 de junio, la toma de posesión en agosto próximo y un poco después del sexto aniversario del incendio en la Guardería ABC, por alguno de los dos personajes vinculados (por su conducta como servidores públicos) a las secuelas desafortunadas del incendio donde murieron 49 niños y decenas resultaron lesionados de por vida. Sus nombres son Claudia Artemiza Pavlovich Arellano, del PRI, porrista oficial de los propietarios ante el juez que llevaba la causa penal, o el panista y represor de los familiares agraviados el 25 de mayo de 2012, cuando fungía como presidente municipal de Hermosillo, Javier Gándara Magaña.
El jueves cinco de febrero, día de la Constitución de 1917, se cumplen 68 meses de impunidad en el caso de la Guardería ABC.

Cuarenta y nueve niños que no debieron morir, y cuyas familias, como las de decenas de criaturas sobrevivientes y lesionadas, llevan casi seis años de esperar Justicia.

La semana pasada, para recordarnos que en México el mejor trampolín político (si no es que el único que cuenta) son la lealtad mafiosa e impunidad combinadas, nos encontramos con la candidatura ‘unitaria’ de Claudia Pavlovich para el gobierno de Sonora.

Lamento tener que arruinar el desfile triunfal príista a César Camacho y el resto de la cúpula del PRI, quienes la semana pasada festejaron el ungimiento de Pavlovich como candidata ab ovum a la gubernatura (perdida por el tricolor precisamente después de la muerte de los niños en la estancia infantil), con proclamas a favor de la unión mafiosa, el buen gobierno y otros slogans de la misma especie.
Huelga reiterar, a la luz de este nuevo esbozo lo que pretende ser el PRI de Hoy –y de posibles sexenios venideros- que Enrique Peña Nieto no ha cumplido con la encomienda autoasumida de tornar el tema de la Guardería en ‘una de las principales prioridades de mi presidencia’. El devaluado golden boy era todavía candidato cuando dijo, en compañía de Manlio Fabio Beltrones y teniendo como testigos a varios familiares de niños muertos y lesionados por el incendio de la estancia infantil durante un viaje de campaña en Ciudad Obregón, que cumpliría ese compromiso: explícito, y firmado.
Han pasado más de dos años y medio desde esa fecha sin que se perfile justicia alguna; como en el caso de los normalistas de Ayotzinapa desaparecidos el 26 de septiembre del año pasado -y muchos más- la autoridad se mantiene dispuesta a dar cerrojazo definitivo a los asuntos incómodos que le resten luz a sus reformas atascadas. La indiferencia de un sector grande de la población posibilitaría ‘salidas’ institucionales, por el bien de México y para mayor gloria de Peña y su camarilla.
Desde entonces, y a pesar de las múltiples peticiones de distinto tipo realizadas por las familias agraviadas, desde su arribo a Los Pinos Peña Nieto las ha ignorado. Vamos: ni cuando se cumplieron cinco años de este crimen sin castigo –cuando él andaba de gira en Europa- se dignó siquiera a mencionar la Presidencia, mediante simple comunicado, el aniversario del incendio.
Sonora es la cuna del priismo clásico, tal y como lo padecemos, que gobernó el país mediante el control autoritario ejercido durante 71 años ininterrumpidos; que recuperó la Presidencia tras el interregno bisexenal panista, y que busca que alguna de sus principales vertientes –la de Beltrones, por ejemplo- se mantenga en Los Pinos en 2018-24. En la entidad, Pavlovich representa los afanes presidenciales del actual diputado federal. El priísmo posclásico, narcisista como el del presidente; energúmeno y empresarial, del ex gobernador Eduardo Bours (reaparecido en la presentación pública de la candidata ante sus bases acarreadas) también cobra fuerza ante la desmemoria de sectores dispuestos a darle el beneficio de la duda a esta camarilla representada por su hermano Ricardo, o el ex procurador estatal -y principal encubridor de los dueños de la Guardería ABC- Abel Murrieta, por ejemplo.
Mientras tanto, la solidaridad y acompañamiento surgidos por la muerte y lesiones de los niños, en un incendio alentado por autoridades omisas y propietarios transgresores de la ley: desastre humano y ético que jamás debió ocurrir el viernes 5 de junio de 2009 en Hermosillo, por desgracia sigue siendo minoritaria.

Una sociedad sin memoria carece de futuro. Ése es el principal mensaje que envía el Revolucionario Institucional (y también el PAN, en cuanto postule al corrupto represor de padres de la Guardería, Javier Gándara Magaña, carta principal del impresentable gobernador Guillermo Padrés Elías para contender en los comicios del 7 de junio contra Pavlovich), a electores sonorenses y opinión pública nacional e internacional. No es de casual que la minimización de las víctimas de su guerra fallida contra las drogas apunte en el mismo sentido: continuidad asegurada, segunda parte –corregida y aumentada- del calderonismo.


Gildardo Urquides Serrano ya no enfrenta ningún cargo, fue absuelto por el poder judicial; antes le había extendido la misma cortesía a Marcia Matilde Altagracia Gómez del Campo Tonella, parienta de Margarita Zavala (PAN), y Lourdes Laborín, esposa de Eduardo Bours (PRI).
Las dos misivas de Pavlovich fueron su mejor inversión, con réditos espectaculares a futuro. Los favores recibidos no se hicieron esperar: apoyo político extra e impulso decidido de la cúpula política, empresarial y religiosa sonorense para su carrera ascendente. Primero fue la presidencia del PRI estatal, luego la postulación del PRI para la senaduría en 2012 (acompañada por el impresentable Ernesto Gándara Camou, ex alcalde de Hermosillo durante el incendio de la Guardería ABCl, responsable de protección civil del municipio y contrincante derrotado en el combate recién concluido por el favor de los altos jerarcas priístas).

Y vaya que será una campaña demagógica, donde destaquen el despilfarro, la miseria discursiva y la hipocresía patriotera (valores supremos de nuestra oligárquica clase gobernante). En vez de afrontar con humildad y autocrítica las consecuencias de sus actos, Pavlovich, porrista oficial de los dueños de la Guardería ABC, recurre al gastado expediente de reunirse con algunos padres, sin medios críticos y a puerta cerrada, para utilizarlos literalmente como escenografía noticiosa (extracto del comunicado de su equipo de campaña: ‘La precandidata hizo eco a los reclamos de justicia para que se esclarezcan esos hechos y se deslinden las responsabilidades penales y civiles que correspondan’). Deleznable estrategia de control de daños al que no fueron ajenos -por supuesto- Felipe Calderón como presidente, y Enrique Peña Nieto cuando era candidato.

Y hete aquí que reaparece -para volver aún más ofensiva la Restauración del PRI en Sonora- el ex gobernador Eduardo Bours. Fantasma del pasado, que nuevamente intenta erigirse en oráculo o autoridad moral, sentenciando que la recomendación escrita por Pavlovich no afectará, en lo más mínimo, su campaña. ¿Pensará el ex gobernador sonorense que tachó a los padres de la Guardería ABC de ser ‘unos inmorales’, que el haberla enviado Pavlovich sea una contribución positiva de su parte?
‘Llegaré y saldré con las manos limpias’. El discurso inaugural de la candidata es un rosario de lugares comunes. En todo caso, su conciencia es la que tiene irremisiblemente manchada. El terrible estigma de la Guardería ABC no podrá borrarlo jamás.
Si algo nos ha enseñado la historia reciente de las infamias mexicanas es el uso renovado de la memoria. Votar por una cómplice post facto de la muerte de niños o un represor de sus padres, hipotecaría a niveles insospechados nuestro futuro.
Este nuevo intento de imponer su realidad, una hecha de corrupción, tráfico de influencias y premios a la impunidad a cambio de una tibia ‘solidaridad’ y ‘exigencias de que se esclarezcan los lamentables hechos’, debe ser cosa del pasado. De lo contrario, brotarán nuestros siniestros sin responsables, con sentidos pésames de las autoridades (que contratan a proveedores como Gas Express Nieto, causantes de peligrosas fugas con fatales consecuencias: adultos y niños quemados en la explosión, incendio y destrucción del Hospital Materno Infantil de Cuajimalpa del 29 de enero, en el Distrito Federal).
Arranca otra fase, más agresiva, de la sucesión presidencial (como ha ocurrido siempre, sin distingos de partidos en el gobierno federal: fue lo mismo en el declive foxista de 2003 o la debacle calderonista en 2009). Pero el entusiasmo del PRI ante la injusticia, y el impulso a la carrera de alguien como Pavlovich, solapadora de los dueños de la Guardería, retrata el declive sin pausa de un sistema indigno de las necesidades básicas de una sociedad como la mexicana en 2015.
Pero la ciudadanía que apoya decididamente a estos valientes familiares de la Guardería ABC, no se quedará callada. Mucho menos, ellas y ellos. Circula un documento suyo repudiando el nombramiento de Pavlovich, que será entregado a las jefaturas estatal y nacional del PRI. El del panista Gándara Magaña correrá la misma suerte: tanto en el DF como en la capital del estado de Sonora.
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Aquí la carta firmada por el Arzobispo Emérito Carlos Quintero Arce (en Hermosillo, hay avenidas con su nombre), que forma parte del mismo prontuario judicial que contiene las dos misivas referidas arriba. Sobran las explicaciones.


Diputados, Canacintra, Coparmex, Cruz Roja, altos jerarcas de la Iglesia trabajando juntos, como los tres niveles de gobierno -en distintas administraciones desde 2009- para obstruir la justicia y premiar a los responsables o beneficiarios, directos e indirectos del incendio de la Guardería ABC. Y de Ayotzinapa. Y de un larguísimo e interminable etcétera.