blogeditor · 31 de julio de 2017

Había una vez una caja y había una vez un hombre. La caja era blanca, aunque podría haber tenido colores; grande, aunque podría haber sido diminuta; e interesante, aunque podría haber sido… mmm… no, no podría haber sido poco interesante.
El hombre era el único que había podido sobrevivir. ¿Sobrevivir a qué? No sabía, pero era el único. Y le gustaba que en cierta forma esto le diera aires de héroe. Al fin y al cabo, ninguno de sus compañeros había llegado donde estaba él.
Todos los días, el hombre dedicaba muchísimo tiempo a observar la caja. Hasta que se animó a faltarle el respeto y tocarla. La caja no tuvo reacción. Al ver esto, ya con más confianza, decidió agregarle cosas, probar diferentes posiciones…
Y la caja se convirtió en una necesidad. El hombre no hacía más que vivir por y para el crecimiento de la caja, SU caja. De alguna forma, le hacía los días más cortos, más fáciles.
Tanto creció la caja gracias al hombre, que un día comenzó a hablar. Los monosílabos se convirtieron en palabras, las palabras en oraciones, las oraciones en charlas y las charlas en monólogos…
El hombre amaba tanto su creación que permanecía horas escuchándola, admirándola. Estaba a completa disposición de su caja, todo lo que ésta le pedía él se lo concedía.
Comenzó por su inteligencia. Sin dudarlo, la puso toda en un frasquito y se la regaló. Luego, su creatividad. Más tarde, su libertad. Hasta que un día, cuando ya no quedaba otra cosa que pedirle, la caja exigió su vida. Y el hombre enamorado se la dio, sin notar siquiera que ponía punto final a la humanidad…
No es que sea nada nuevo hablar de lo mal que esta la televisión mexicana, de los pésimos programas de entretenimiento e información que se transmiten. Sin embargo, también es cierto que la gente que crece mirando la televisión mexicana es más propensa a gustarle cuando crece, lo cual termina convirtiéndose en un caso del huevo y la gallina.
Afortunadamente ahora existe una alternativa, y se llama “Internet”.
Con Internet, cada persona puede seguir las noticias que le interesan y no está obligada a ver la “mierda” que pasa la televisión solo porque a la mayoría de la gente (mediocre) le gusta.
Hoy, como nunca antes, la decisión está en cada uno y no en los que controlan los medios.
Me da tristeza ver como la televisión aparte de ser basura, se ha convertido en espacio para mostrar diferentes “realidades” mexicanas, cuando ninguna es una realidad, es simplemente una utopía realizada por cada medio de comunicación en la cual muestran diferentes mundos, pero ninguno es el verdadero; la realidad es que las publicidades y los programas actuales no enseñan absolutamente nada.
Preocupa ver como son aún una ENORME influencia bombardeando con programas absurdos y noticieros manipulados dirigidos por personas que no tienen en absoluto aptitudes para estar en televisión y que, sin embargo, conducen un programa de la manera más paupérrima posible. Me deprime ver cómo la producción nacional ha decaído a tal punto que muchos preferimos ver series por internet o en algunos casos, ver canales de otros países porque los nacionales no satisfacen lo suficiente nuestras necesidades de humor o aprendizaje.
Y pues así las cosas…