La boca y las manos llenas de violencia

blogeditor · 21 de mayo de 2011

La boca y las manos llenas de violencia

Someday I will walk away and say

“you fucking disappoint me,

Maybe you´re better off this way”

Todo sucedió después de que #Aquel la empujó de las escaleras, tras una de esas peleas que solían transformarse en violencia. Por suerte ella no cayó, sólo su bolso se abrió en el aire y al suelo cayeron el teléfono, los libros, el dinero y la dignidad. Tiene esa imagen grabada como una fotografía.

Su cuerpo de inmediato le hormigueó de ira y después de recoger sus cosas subió pocos escalones para alcanzar a #Aquel y golpearlo en la cara. Se gritaron. Ella lloró, como siempre, y él la consoló, como siempre.

Y es que así terminaban sus episodios de amor violento, con llanto, abrazos, besos y promesas de respeto que días después terminaban por incumplir. And I´m sure of your ability to become my perfect enemy.

La primera vez que sucedió un episodio de este tipo fue sobre Eje Central. ¿Qué por qué los recuerda con una exactitud obsesiva? Porque cuando te pisotean de esta manera, una parte de tu ser en serio se evapora. Cuando se vuelven recurrentes llega el momento en que eres sólo un fantasma, sin voluntad de decir “esto no lo merezco”. Passive agressive bullshit.

Sobre Eje Central #Aquel le jugó chueco y la empujó por la espalda. Ella tampoco cayó, pero recuerda que fue la primera vez que se sintió profundamente herida e indignada. También recuerda que se quedó boquiabierta de sorpresa. Recuerda los coches sobre Eje Central y a #Aquel detrás de ella, persiguiéndola con el llanto atorado en la garganta, jurándole que jamás la volvería a tocar así. #Aquel incumplió su promesa, como incumpliría absolutamente todas las demás (por eso, y otras muchas razones, ella odia prometer, porque está convencida que muy pocas personas son capaces de cumplir lo que prometen). Passive agressive bullshit.

Otro episodio surgió después de que un maestro la llamó para felicitarla por un ensayo, “el mejor de la clase”. #Aquel estuvo en desacuerdo y la bombardeó con reclamos del tipo “tú ni siquiera escribes tan bien” y “¿por qué a mí no me dicen nada de mis textos?” El ambiente se puso extraño y explotó mientras los dos iban en el metro.

#Aquel le jaló el cabello frente a todo el vagón. Atacó su forma de escribir. Le volvió a jalar el cabello y la cereza del pastel fue un pisotón. Estupefacta, ella pudo tragarse las ganas de llorar y decidió contraatacarlo con su mejor arma: las palabras. “Mediocre”, le dijo, le recordó lo poco hábil, lo poco talentoso que era con la escritura. Lo quiso hacer pedazos. Ella se veía seria y con dos lagrimones en los ojos, pero fuerte, aunque por dentro estaba deshecha. Recuerda que en lugar de estar parada frente a los ojos de tanto extraño, lo único que realmente quería era arrinconarse en el vagón y llorar hasta quedarse dormida. Passive agressive bullshit.

Tal vez el episodio más explícito fue cuando #Aquel le dijo que le partiría su madre. Estaban en la calle de Gante, era de noche y estaban a punto de entrar a un concierto en el Zinco. Esa noche, #aquel enloqueció de celos, la tomó del brazo con agresividad y pronunció aquellas palabras.

La verdad es que a ella no le dio miedo. Tan no le dio miedo que lo primero que le respondió fue “no te atreves, putito”. Y no, #Aquel no se atrevió. ¿Qué hubiera pasado si lo hubiera hecho? Tristemente, nada: llanto, gritos, besos, reclamos y perdones, como siempre.

Es terrible mirar atrás y reconocer que uno fue protagonista de este tipo de historias cuyo desenlace casi siempre es una incógnita. Sin embargo, se convierte en una lección que te permite reconocer lo que definitivamente no deseas. Como diría Christina, en Vicky Christina Barcelona, “I don´t know what I want, but I do know what I don´t want”.

¿Quién quiere violencia? Ella no. Con una tuvo suficiente.