blogeditor · 9 de noviembre de 2016
Por: Ricardo Noguera y Juan Manuel Rodríguez
Actualmente existen diversas caracterizaciones de la bioética relacionadas con las prácticas médicas y científicas, definidos a partir de interpretaciones de la propuesta inicial del químico estadounidense Van Rensselaer Potter y de programas bioeticistas actuales, algunos ligados al pensamiento evolutivo moderno y a la consideración de las capacidades de sintiencia animal, y en algunos casos caracterizaciones bioéticas construidas en torno al temor por la destrucción de nuestro entorno, situación que pondría en riesgo nuestra supervivencia, o en un último sentido la bioética ligada a la consideración que tienen los efectos de la ciencia y la tecnología en términos de la vida humana.
En este escrito queremos hablar brevemente de otra propuesta, completamente divergente y distinta de las bioéticas que mejor conocemos, que tiene además la virtud de anteceder a las propuestas generadas en la década de los setenta del siglo pasado. Jahr ya reconocía que la ética tradicional tenía una limitación con respecto a la vida, ya que “si se habla de obligaciones éticas – éstas – se entienden solamente como las obligaciones frente a otros seres humanos”.
Esta propuesta nació de la reflexión del teólogo y pedagogo alemán, Fritz Jahr, quien publicó en 1927 y 1933 un par de artículos en los que proponía por primera vez la utilización del término bioética con la intención de sugerir una extensión de la ética (tanto en su carácter reflexivo como práctico); así como las razones por las que consideraba necesario hacer dicha extensión. El primero de esos escritos fue “Bioética: una visión sobre las relaciones éticas entre el ser humano y el ser animal y las plantas” (1927), y el segundo “Tres estudios sobre el quinto mandamiento” (1933).
En el primero, como señalan Ricardo Roa-Castellanos y Cornelia Bauer (2009), hay una intención muy clara de contrarrestar la hegemonía de la ética utilitarista, fundamentada en la idea del mayor beneficio al mayor número de seres humanos, pero que no contempla necesariamente el beneficio de otros seres vivos.
Jahr consideraba que la bioética debía comprenderse en términos de “una obligación moral no sólo frente a los seres humanos, sino frente a todos los seres vivos”. Una obligación moral, elaborada en su imperativo bioético: “Respeta a todo ser vivo como fin en sí mismo, y trátalo consecuentemente en tanto sea posible”, y para ahondar en esta consideración Jahr apelaba a nuestro buen juicio y a nuestra sensibilidad, al considerar que por la ausencia de sensibilidad, a veces sólo somos capaces de extender nuestra compasión hacia la vida animal, pero no hacemos los mismo hacia otras formas de vida, como la vida vegetal, o la vida en general en todas sus formas.
Para reforzar esta idea, desarrolló el segundo escrito convencido de que el imperativo bioético (de acuerdo a sus creencias) estaba fuertemente ligado al mandamiento moral (cristiano y de otras creencias religiosas o de conocimiento universal), “no matarás”, en el que el término “matar se refiere a una acción de daño sobre lo vivo. Pero los seres vivos no son solamente los humanos, sino también los animales y las plantas”.
Provocativamente Jahr pregunta: “No deberíamos entender y ampliar este mandamiento también a plantas y animales? Considerando que animales y plantas simpatizan tanto con nosotros, ¿podemos tratarlos como prójimos?” Es evidente el sentido franciscano que le otorga a su propuesta, esto es, en el sentido de Francisco de Asís, a quien Jahr llega incluso a denominar como “el descubridor de la bioética”.
A pesar de ser la primera propuesta concreta sobre el concepto de bioética, la propuesta de Jahr no fue divulgada ni traducida del idioma alemán a otras lenguas, hasta hace muy poco tiempo. Es probable que su carácter teológico distinto al secular que caracteriza a la ciencia, a la filosofía moderna y a las discusiones bioéticas actuales, haya contribuido a mantenerla marginal. Las tendencias bioéticas actuales no suelen trazar ni ligar su origen con la propuesta de Jahr. Como puede verse en sus dos breves escritos, en el fondo es una propuesta genuina y radical que sugiere -más que la intención de regular, o establecer normas referentes a nuestras relaciones humanas con la vida- una actitud de respeto a cualquier forma de vida.
* Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.