La bioética como el arte de vivir, convivir y sobrevivir

Redacción Animal Político · 10 de septiembre de 2025

La bioética como el arte de vivir, convivir y sobrevivir

El tercero de los cuatro acuerdos del doctor Miguel Ruiz sugiere que, en lugar de asumir lo que otros piensan o sienten, preguntemos y evitemos malentendidos. Se trata de lograr una comunicación más clara y efectiva. Este axioma es válido, por ejemplo, cuando se trata de profundizar en el significado de los conceptos para no quedarnos sólo con suposiciones e ideas preconcebidas, como sucede con la bioética, porque -según algunas personas- bastaría agregar el prefijo bio a alguna cuestión importante para entrar en la esfera de la bioética, lo cual no representaría un problema si no fuese porque es necesario evitar las reducciones, las confusiones, las fusiones y las suplantaciones.

De hecho, no hay una sola definición de bioética. Etimológicamente, la palabra bioética significa el cuidado de la vida, porque bios se refiere a las ciencias de la vida y ethos a la ciencia de la conducta, del carácter y de la personalidad; así que, básicamente, es una disciplina híbrida que estudia, con perspectiva ética, los problemas suscitados por las ciencias de la vida. Sin embargo, cada comunidad la entiende de maneras diversas y la dota de contenidos diversos; es más, si se realiza un recorrido histórico breve, se podrá descubrir que esta disciplina surgió como una llamada de atención fortísima para tomar conciencia de que es indispensable conjugar el arte de vivir con el de convivir, si queremos sobrevivir.

Orígenes y actualidad de la bioética

Fritz Jahr. Para algunas personas, él es el “Padre de la bioética” porque, en 1927, acuñó el vocablo bioética. Cabe destacar que, desde una perspectiva franciscana (Jahr era pastor cristiano) la bioética, más allá del término, es un concepto y una misión ancestrales, porque se refiere al respeto-cuidado para con el bios no únicamente de los seres humanos, sino también de las plantas, los animales no humanos y del medioambiente, tanto natural como social; es decir, del bios planetario. La bioética, entonces, además de una disciplina académica y de un principio cultural y moral fundacional, es también una virtud que ha de regirse por un imperativo bioético: “Respeta por principio a cada ser viviente como un fin en sí mismo y trátalo, de ser posible, como a un igual”. Los avances biotecnológicos y científicos requieren de análisis filosóficos nuevos y adecuados a los tiempos.

Van Rensselaer Potter. Para personas como Pose, Potter (oncólogo estadounidense) acuñó el término bioética, entendida como una disciplina integradora de las ciencias y las humanidades, con la finalidad de lograr la supervivencia de la especie humana que enfrenta el desequilibrio medioambiental y los desafíos biotecnológicos. Potter no tuvo mucho éxito. El obstetra André Hellegers inició la monopolización médica de la bioética y, en pleno 2025, la bioética es el equivalente a la ética médica. Sin embargo, desde 2020, cuando el mundo enfrentó la pandemia de la COVID-19, las perspectivas de Jahr, Potter, Hellegers y otros padres de la bioética se han reunido como en un cónclave inédito para enfrentar el hecho de que la ciencia y la biotecnología se han convertido en la gran amenaza, pero también en la gran esperanza de la humanidad.

La bioética, en el siglo XXI, es un término que se refiere a las relaciones de los seres humanos con los seres vivos no humanos y con la casa común de todos, el planeta Tierra. En otras palabras, se analiza y critica la ética a partir del fenómeno de la vida, que está gravemente amenazada, aunque los conocimientos sobre ella nunca habían sido tan grandes. Una condición indispensable de la bioética, entonces, es la transdisciplinariedad y las categorías globales, como la economía, la cultura, la sociedad, la política y la tecnología.

Cuidar la vida

La reciente pandemia, que no será la primera ni última, provocó incertidumbre, dolor y miedo, sobre todo porque se experimentó en carne propia que la vida es preciosa y vulnerable para no cuidarla con diligencia. La biotecnología afecta la vida, desde su proyección hasta su prolongación; ha tenido un impacto extraordinario en la ciencia, la atención médica, el derecho, el entorno regulatorio y los negocios. Sin embargo, su vertiginoso progreso se ha producido en un contexto de incertidumbre social, económica y de riesgos en diversos sectores.

Desde 2020 se ha buscado intensamente que la ciencia se rija por la ética del cuidado, por el respeto a la vida y a todos los seres vivos del planeta. Asimismo, se ha logrado ver con más claridad que la ética sólo puede orientar y promover el cuidado desde la deliberación permanente con las diferentes ramas de la ciencia. En este ámbito de diálogo es evidente que si la biotecnología es un arma de dos filos, hemos de preguntarnos si se usará para bien o para mal y para bien de quién. Entre el miedo y el entusiasmo, hay que prepararse para elegir y, por tanto, capacitarse para diagnosticar, discernir, deliberar, contrastar, sopesar y decidir. ¿Es correcto, éticamente hablando, que las biotecnologías intervengan ya no sólo entre el nacimiento y la muerte, sino desde antes del nacimiento y hasta después de la muerte, impidiendo, con frecuencia, la llegada de ésta? La respuesta es que “depende”, como casi todo. Depende del objetivo y de las circunstancias; es decir, de deliberar entre el bien que se desea lograr y los males que se puedan generar. La razón es que las decisiones morales no son ni pueden ser nunca apodícticas o demostrativas, por lo que no tienen, muy a menudo, una única solución. Se cuida la vida, específicamente, mediante el respeto a la diversidad de respuestas y de soluciones en el marco de las exigencias que impone la sabiduría práctica, que es lo mismo que la prudencia.

Cuidar la vida, en general, pero la vida humana, en particular, es el punto de origen y el punto de llegada de la bioética. Si la virtud está en el medio, como aseveró Aristóteles, la frónesis es indispensable, porque sólo así se pueden establecer vías de diálogo entre conservadores y liberales; entre quienes pisan el freno y quienes aceleran; entre quienes defienden un absolutismo total y quienes abogan por un total relativismo en relación con el origen, desarrollo y fin de la vida humana.

Convivir

A partir del 2000, pero más intensamente desde el 2020, el mundo se ha vuelto más global; se le puede considerar una aldea global en cuanto a las comunicaciones, a los mercados y a la vida en general. Un virus nos hizo recordarlo dramáticamente. Esta globalización ha puesto sobre la mesa del diálogo planetario los problemas más acuciantes que afectan a todo el planeta, como la ecología, el ambiente, la salud, la sostenibilidad y la responsabilidad para con las generaciones futuras. Los seres vivos que habitan la Tierra necesariamente deben convivir, lo que no siempre es fácil. Recordemos que los problemas éticos surgen de tres ámbitos de relación de los seres humanos: 1) con otros seres humanos mediante problemas relativos a la vulnerabilidad, a la guerra y a la paz, al vertiginoso avance de la biotecnociencia, de la genómica, de las nuevas tecnologías reproductivas, a los trasplantes de órganos y tejidos, a la salud pública, a las células madre, a la exclusión social, al racismo, los genocidios, las creencias y cosmovisiones, entre otros; 2) los otros seres vivos no humanos con problemas de sobreexplotación, de los organismos genéticamente modificados y los transgénicos, del sufrimiento innecesario en el trato y uso de ellos, etcétera; y 3) con el planeta Tierra, hasta hoy, la casa común de todas las personas y de todos seres vivos no humanos. Los problemas más urgentes son el cambio climático, la deforestación, la contaminación, la extracción y el uso de combustibles fósiles, la destrucción ecosistémica, etcétera.

El virus SARS-Cov2 trajo una pandemia planetaria que dejó algunas cosas positivas, como el hecho de que se derrumbara la ideología de que es factible vivir de manera totalmente aislada y de que nos podemos esconder dentro de nuestro país y de nuestra casa para evitar ser contaminados por los otros, que son extraños. La aldea global en la que se ha convertido el planeta exige relaciones de respeto entre todos sus habitantes, porque están obligados a convivir dentro de la misma casa y su futuro está interconectado.

Sobrevivencia

Se necesita conjugar el arte de vivir con el de convivir si se quiere lograr la supervivencia. La bioética es la ciencia de la supervivencia. Vivir en la Tierra conlleva la convivencia con otros seres vivos; por lo cual, los seres humanos debemos aprender a mantener relaciones equilibradas, de respeto, de tolerancia, de consideración y de justicia con otros seres humanos, con los demás seres vivos y con el planeta Tierra si queremos sobrevivir.

La propuesta de Jahr se vuelve totalmente actual, porque nunca como hoy es necesario aceptar obligaciones morales no sólo hacia los demás seres humanos, sino hacia todos los demás seres vivos, porque hay que evitar el sufrimiento innecesario, lo que conlleva respetar a cualquier ser vivo como un fin en sí mismo y tratarlo, si es posible, como tal. Este respeto que, en palabras de Jahr, es utilitarista, se amplía con Potter, quien presenta la bioética como un biocentrismo panteísta. Según él, la ética humana no puede separarse de una comprensión realista de la ecología en el sentido más amplio. Los valores éticos no pueden separarse de los hechos biológicos. Existe una urgente necesidad de elaborar una ética de la tierra, una ética de la vida salvaje, una ética de la población, una ética del consumo, una ética urbana, una ética internacional, una ética geriátrica… si se desea sobrevivir. Para él, el destino de la vida planetaria depende de la convivencia de personas que quieran mantener diálogos entre sí para proponer nuevas políticas públicas que podrían tender un “puente hacia el futuro”, a través de una combinación de biología básica, ciencias sociales y humanidades.

Conclusión

En 2025 hay señales de que hemos entendido un poco más que el destino de los seres vivos en el planeta está en interdependencia y que en la aldea global, la Tierra, lo que afecta inicialmente a unos repercute eventualmente en todos. Poco a poco, se ha tomado conciencia de que es insensato querer separar a los seres humanos de los otros seres de la naturaleza. El futuro del ser humano se vincula estrechamente con el del ambiente que le sirve de suelo nutricio. No existe el ser humano sin ambiente y sería imposible que existiera sin los demás seres vivos. Por eso hay que abordar el problema del cuidado de la vida como un todo y no reducir la ética al espacio de la vida humana. El ethos, que es el carácter y la personalidad, se refiere al trato y consideración para con los demás seres humanos, los demás seres vivos y la naturaleza, nuestra morada, nuestra casa.

* Eduardo Farías Trujillo es licenciado en Filosofía por la Universidad Vasco de Quiroga; maestro en Teología y Ciencias Patrísticas por la Universidad Lateranense de Roma; en Ética y Bioética Aplicada por la Universidad Autónoma de Querétaro, y en Bioética por la Universidad de Clarkson de Nueva York, así como doctor en Bioética por la UNAM.

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