La basura, un archipiélago de olvidos

blogeditor · 16 de octubre de 2016

La basura, un archipiélago de olvidos

Por: Roberto Rueda Monreal

Rodrigo Viñas es fotógrafo, lector y curador, además de licenciado en arte. Ilana Boltvinik se asume como pepenadora profesional y es profesora investigadora de la Universidad del Claustro de Sor Juana y trabajadora del CENART. Mexicanos, ambos son miembros fundadores de Colectivo TRES y muy pronto serán becarios de la Universidad de Harvard por un proyecto postulado durante su estancia en Hong Kong sobre la taxonomía global de la basura.

La pieza y las capas

Colectivo TRES surgió de un taller de quince personas que se impartió en El Claustro llamado “Archipiélago de olvidos”, en donde se reflexionó sobre la basura. El Festival del Centro Histórico de la Ciudad de México le hizo una invitación a Boltvinik, quien a su vez decidió que, en vez de presentar una pieza individual, presentaría más bien una colectiva, de ahí el taller. El objetivo se cumplió, pero a partir de ahí fueron sólo tres personas las que se obsesionarían con la basura y sus universos.

Así se fundó Colectivo TRES o TRES, como sencillamente lo llaman.

La obsesión por la basura, tal vez, surgió por las impresiones y reacciones que tuvo la gente en el Centro de la ciudad al ver a varios sujetos vestidos de civil recogiendo la basura tres veces al día durante tres meses. Observar cómo mucha gente aplaudía el hecho en sí y cómo muchas otras reaccionaron de manera negativa y clasista, incluso con rechazo y violencia (les aventaban la basura a propósito para que la levantaran o les escupían en el acto), desató un cúmulo de reflexiones.

¿Una acción como esta nos dice lo sucios que somos con nuestro espacio? ¿Le tiramos basura al que la recoge al instante cual “broma” o afrenta sólo para corroborar que el pepenador, el barrendero o el basurero es el ser más bajo que existe en nuestra escala laboral y social? ¿Tiramos siempre la basura donde nos da la gana porque sabemos que siempre alguien más la va a recoger?

En el centro hay varias cuadrillas de barrenderos que durante el día y la noche (y al comienzo de la madrugada) pasan a barrer y recoger la basura. TRES se dio cuenta de que a pesar de esta limpia, basura nueva yacía en el suelo cada vez, lo cual les habló de capas temporales.

¿Qué pasaría si juntáramos todas las capas de una calle y viéramos cuánta basura se generó en un solo día?

La pieza que se presentó al final habló sobre esas capas. Se usaron estampas de colores para identificar cada levantada de basura en un mismo sitio. Los colores hablaron de esas capas y de las horas. En el festival se tuvo un gran centro de acopio de basura y en todas las pacas se podía identificar un color que la misma gente se encargó de colocar.

Las colillas

En la medida en que fue recogiendo la basura de algunas calles del centro, TRES puso especial atención a las colillas de cigarro.

Por más que recogía las colillas en ciertos puntos, aparecían nuevas, de la misma marca y, aparentemente, de los mismos sujetos. Eso fue otro motivo de obsesión. Luego se dieron cuenta de que se fuma mucho en pareja o más personas juntas. La colilla de cigarro es lo que más hay en las calles y una de las cosas más difíciles de recoger. Eso te obliga a ser cada vez más meticuloso y hacerte muchas preguntas. ¿Tiene lápiz labial? ¿Cómo está arrugado o de qué manera fue apagado? ¿Se lo acabó completo o no? ¿De qué marca son?

¿Para qué recoger algo tan difícil de recoger y, encima, observar y registrar todos esos detalles (para la exposición de miles de colillas que se montó en el Museo de la Ciudad de México se recurrió incluso a técnicas forenses)?

Huella Latente. Instalación del Colectivo Tres. Museo de la Ciudad de México.
Huella Latente. Instalación del Colectivo Tres. Museo de la Ciudad de México.

Viñas responde: ¡para obligar a la gente a voltear al piso! Para que vea y huela la basura, esa basura que ha dejado de ver y oler.

Chicle y pega

Este fue el nombre de otro proyecto que nace para observar otro tipo de impresiones a la hora de recoger… ¡chicles!

Para ello, esta vez los integrantes de TRES se vistieron con overoles especiales, delimitando con cinta amarilla el espacio a intervenir. A diferencia de lo que habían estado haciendo, acá el objetivo era limpiar el chicle, despegarlo, volver a limpiarlo y regresarlo a su estado original, restaurarlo.

Chicle y pega. Instalación de Colectivo Tres.
Chicle y pega. Instalación de Colectivo Tres.

 

La gente pudo en esta ocasión interactuar directamente. “La gente se cagaba de la risa al saber que la cosa era restaurar el chicle y mantenerlo… se les hacía muy loco. En el fondo la gente siente que el piso es el lugar natural del chicle masticado y que ahí se debe de quedar”.

En este sentido, es difícil no enmarcar las acciones de TRES desde una perspectiva positiva y ecológica. Nada más alejado de ello, pues Boltvinik es contundente al no reconocerse como ecologista ni aceptar que el colectivo esté generando ningún mensaje en ese sentido.

“Somos artistas-investigadores que, a diferencia del antropólogo u otros científicos, no tenemos un objetivo claro al comenzar nuestros proyectos. Eso nos distingue de ellos en cuanto a una metodología. Podemos integrar estos personajes a los proyectos, y ellos también cooperarán con él. No los invitamos porque nosotros no sepamos hacer lo que ellos hacen, sino porque de manera específica lo que nos interesa es su intervención en la acción que llevaremos a cabo, su participación, ver qué resulta de ello”.

“Con los años, hemos visto que la basura es un término muy amplio y muy ambiguo a la vez… uno que, hasta cierto punto, no significa absolutamente nada”.

Y es que Boltvinik, después de varias intervenciones, ha llegado a la conclusión de que la basura es simplemente un momento de abandono en la vida de un objeto. Ese momento preciso en el que se encuentra abandonado. En ese sentido, la basura como concepto es una serie de momentos.

“Por ejemplo, un vaso de vidrio. El vaso se me cae, se quiebra. Yo recojo los pedazos y los tiro a la basura. Pero alguien más descubre que el vaso, como era grande, no se quebró en mil pedazos sino que quedó la base y decide usarla como una macetita. Otros más, agarran pedazos del vaso para usarlos como navajas o como herramientas. Es decir, el vaso fue basura por unos instantes para luego convertirse en otros objetos para otras personas”.

Los olvidos.

Puntos ciegos

Vas a ciertos lugares, como restaurantes o antros no tan grandes, y descubres que la gente deja de manera mucho más sutil pero consciente su basura al estar en la calle. Entre los árboles se ven vasos y otros objetos de unicel. En ciertos orificios de las paredes y recovecos encuentras papeles, colillas, palitos, envoltorios, servilletas.

Este proyecto invita a hacer un recorrido por la ciudades de manera distinta, observando otras cosas y otros tipos de basura que precisan una mirada más aguda para descubrir otras formas de nuestro ser, de nuestro comportamiento urbano.

“La justificación popular dice que la gente tira su basura en la calle porque al final del día no encuentra botes para tirarla”, le digo a Boltvinik, quien contundente me responde: “yo creo que ahí podemos descubrir qué tanto amamos a nuestra ciudad y qué tanto la sentimos nuestra, como comunidad. Ese amor va más allá de si hay o no botes de basura. En las ciudades de Japón no hay ni un solo bote de basura. En Tokio no existen los botes públicos de basura. Y encima, no ves basura acumulada en las calles, calles que siempre ves limpias, y no es que pasen barrenderos todo el tiempo. ¿Por qué? Porque la gente tiene la cultura de hacerse responsable de sus deshechos, de su basura, de tal suerte que carga con ella en el transcurso del día y, hasta que llega a su casa, ahí la tira.

Yo no niego que no sea importante el tema del famoso bote, pero al final del día el mensaje de la gente en México es “alguien más se tiene que hacer cargo de mi basura”, y ese argumento es el típico de aquel que no se hace responsable de sus deshechos, de los restos de aquello que consume.

Rodrigo Viñas, Mariana Mañón e Ilana Boltvinik, el Colectivo Tres.
Rodrigo Viñas, Mariana Mañón e Ilana Boltvinik, el Colectivo Tres.

Si hemos de ver el espacio público como el hogar de todos, en México, al observar nuestro comportamiento respecto de la basura, lo que vemos es que la calle es percibida como tierra de nadie. Luego entonces, si es tierra de nadie, pues perfectamente puedo orinar, defecar, escupir y, descaradamente, tirar toda la basura que se me antoje. ¿Por qué? Porque al otro día veo que todo eso que deseché, que tiré, que oriné o que defequé… ¡ya no está! Desapareció. ¡Algo mágico!

Pensamos que las calles no son nuestro hogar, pero alguien nos hace “el favor” de limpiarlas, todo el tiempo, a todas horas. Es hasta entonces cuando nos sentimos como en casa, pero, ¡qué paradoja!, es eso precisamente lo que hace que volvamos a tirar la basura una y otra vez, sin parar.

¿De cuántos olvidos, pues, estará conformado ya nuestro archipiélago? No lo sé. Creo que será mejor olvidarnos de esto también. Total. ¡Qué más da un olvido más!

 

* Roberto Rueda Monreal es politólogo, traductor literario, articulista y escritor.