blogeditor · 19 de abril de 2016
Por: Alfredo Lecona (@AlfredoLecona)
¿Qué se queda cuando el nombre de una ciudad se va? ¿Cuántas agendas ciudadanas y luchas históricas triunfarán de plumazo al escribirse el anhelado documento? ¿Quién o quiénes en la ciudad realmente lo anhelan?
Queda claro que en la Ciudad de México de 2016, nadie se hacía estas preguntas. Así lo constatamos quienes salimos a la calle a pedir firmas de respaldo para llegar a la “inédita” boleta electoral del 5 de junio, cuando pasábamos entre 5 y 20 minutos explicando a cada ciudadano la existencia e importancia del proceso que impuso una clase política que no se mueve precisamente por el interés de quienes dice representar.
El año pasado, en las tribunas del Congreso, los discursos trillados vendían una y otra vez la conquista histórica de haber logrado un acuerdo “de las fuerzas progresistas” para cambiarle el nombre a la ciudad y poder darle su primera constitución. Todo valía para conseguirlo, incluso haber cedido a las absurdas condiciones de quienes apartaron 40 lugares de los 100 que integrarán la Asamblea Constituyente. Tras bambalinas, lo de siempre: el pacto en lo oscurito, el pago de cuotas y la simulación de abrir espacios formales a los ciudadanos que no creen en ellos, poniendo todo tipo de candados para llegar de la única forma en la que ellos saben llegar. La politiquería, el telón.
En la última votación, los Senadores de la República resaltaban y abrazaban la presencia de Porfirio Muñoz Ledo e Ifigenia Martínez en el salón del pleno, ¡Ah, los viejos estandartes de una izquierda que olvidó cómo serlo! En el fondo, el pacto de un presidente que controla el Congreso y un jefe de Gobierno con grandes aspiraciones, pero tan pequeño como su popularidad.
A los pocos días, la promulgación de la reforma. En un presidium sin una sola mujer entre ellos, las “fuerzas progresistas” se aplaudían entre sí. “Adiós Distrito Federal, hola Ciudad de México”, decía Miguel Ángel Mancera para después adular al presidente por su apertura; por haber permitido que el anhelo de la ciudad se cumpliera.
Entonces ya era oficial. El INE tendría que organizar una elección sui generis para que 60 diputadas y diputados constituyentes se eligieran en las urnas el próximo 5 de junio. ¡Pero con candidaturas independientes! Sí, por primera vez en la historia de esta ciudad, los capitalinos tendrán enfrente una boleta en la que podrán votar por un partido político o por un ciudadano “independiente”. Espléndido para el discurso, simulación en los hechos.
El 4 de febrero el INE aprobó el acuerdo para materializar el decreto (prácticamente inatacable por ser constitucional), y en la letra chiquita la pobre definición de “independencia”constreñida a la no pertenencia del aspirante a algún partido político o a la participación en el proceso electoral anterior, además del cúmulo de requisitos que había que cumplir para manifestar la intención de contender ante el INE y que cumplirlos tomó, en promedio, uno de los dos meses que duraría el proceso de recaudación de al menos 73,792 firmas.
[contextly_sidebar id=”l2GSGrt561cOJY7IzicxdgMqIPthy7tH”]En la oficina de una organización de la sociedad civil, convocados por la indignación, un grupo de personas que hemos trabajado por los derechos humanos y las causas de la ciudad, nos reunimos para hacer frente a la simulación, de alguna manera. En el INE se discutían los últimos detalles del acuerdo, mientras nosotros decidíamos participar, buscando registrar 5 candidaturas independientes, con base en la concesión que la autoridad electoral otorgaba a cada ciudadano para firmar por el apoyo de hasta 5 aspirantes. Había tiempo de nada, en menos de 24 días constituimos 5 asociaciones civiles (la que respaldaba mi aspiración se denominó “No deberíamos necesitar A.C.”), las dimos de alta en el SAT y abrimos sus cuentas bancarias; todo a petición del INE, no fuéramos a estar planeando un nuevo Monex Gate.
Así surgió #TúConstituyente, el colectivo independiente que tuvo más presencia en medios de comunicación durante el proceso de recolección de firmas. En nuestro manifiesto dejamos claro la forma en que pretendíamos hacer política para dignificar un proceso viciado de origen y poder construir una agenda ciudadana alejado de las prácticas comunes de una casta política incapaz de entender ese tipo de planteamientos.
La convocatoria del INE permitía la entrega “digital” de firmas de apoyo, entendiendo lo digital como la recepción vía correo electrónico de las cédulas de respaldo, algo totalmente arcaico, Entonces propusimos una plataforma para que el ciudadano pudiera manifestar su apoyo escribiendo sus datos y seleccionando a los aspirantes de #TúConstituyente por los que quisiera firmar. La plataforma fue rechazada por el Director Ejecutivo de Prerrogativas y Partidos Políticos, bajo el argumento de que actuar en colectivo no garantizaba nuestra independencia sino que “por el contrario, se trataría de una coalición de ciudadanos”, un exceso de la dirección encargada de organizar el proceso de recolección de firmas.
Los programadores reescribieron la plataforma, no una, sino 4 veces más, hasta que fue aprobado un protocolo que le tomaba a las personas que querían firmar por los 5 aspirantes, aproximadamente 20 minutos.
El colectivo rechazó las ofertas que los partidos políticos hacían para llegar a la Asamblea Constituyente a través de sus listas plurinominales y las decenas de miles de firmas que se nos ofrecían, provenientes de lo que denominamos “mercado de firmas”.
Semanas antes de la fecha límite para la entrega de firmas, nos enterábamos de historias de quienes habían incluso rebasado el mínimo de las casi 74,000 firmas. Ricardo Raphael escribió, por ejemplo, sobre Ismael Figueroa, líder del sindicato de bomberos de la Ciudad, quien obligó a los 2,000 miembros a conseguir, cada uno, 50 firmas de apoyo bajo amenaza de despido. En una semana habría conseguido 95,000 firmas que de inmediato presentó ante el INE. En nuestra cuenta, dos semanas antes del plazo, 55,000 firmas rechazadas por quienes las vendían u ofrecían “sin compromiso”. El contraste era revelador: un equipo de casi 100 personas que se involucró con el colectivo, no había conseguido ni 4,000 firmas por aspirante hasta ese momento. Al final, ninguno logramos ni el 10% de lo requerido.
Aun sabiendo que no teníamos la cuota, #TúConstituyente presentó sus 31,053 firmas al INE. En total, 38 aspirantes lo hicimos. La cantidad de firmas que se presentaron fue sorprendente: 3,355,097 cédulas de respaldo ciudadano, llenadas de una u otra forma, casi el 50% del padrón de la Ciudad de México.
Entre el 9 y 12 de abril, nos presentamos en el INE para observar cómo se llevaba a cabo el proceso de captura y verificación de firmas. En entrevista con la subdirectora de Registro de la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos, se pudo comprobar la crisis que se vivía en el Instituto a raíz del altísimo número de firmas que tenían que capturar. El método era mecánico, un grupo de 675 personas escribía las claves de elector en el registro electrónico del Instituto, si el ciudadano estaba dado de alta en el padrón, procedían con la siguiente. Una a una, los capturistas lograron terminar en tiempo. El INE tenía que registrar a los candidatos independientes y de los partidos a más tardar el 17 de abril, pues ayer comenzaron las campañas.
“Nunca nos imaginamos recibir tal número de firmas”, dijo la funcionaria que entrevisté. En la confesión, se revelaba la realidad de otra parte de la simulación, pues a pesar de que el INE tuvo que estar preparado para recibir máximo 4,427,520 (73,792 firmas por candidato), no tenían la capacidad ni de cotejar las firmas que recibieron. Todo lo organizaron en 15 días. Entonces, solicité el manual mediante el cual el personal realizaba las capturas, el cual se me negó, bajo el argumento de que no era público.
Lo que en realidad rigió el proceso de captura y verificación fue un forzado principio de buena fe hacia las y los aspirantes y las cédulas presentadas, principio que de haberse concedido desde la convocatoria, habría facilitado la labor de quienes acudimos a las calles y en internet para solicitar las firmas que no se verificaron. Cualquier garabato fue válido para ese filtro del proceso.
La subdirectora también me confió que el mismo personal estaba encontrando irregularidades tales como que sus propios nombres aparecían en las cédulas de respaldo sin que hubieran firmado por algún aspirante. “La imaginación de la autoridad no alcanza para la imaginación de la gente de afuera”, lamentó.
Hasta los muertos firmaron
La sesión extraordinaria del Consejo General del INE, del pasado domingo 17 de abril, no fue muy distinta a lo que estamos acostumbrados a ver. Los representantes de los partidos políticos y del poder legislativo (valga la redundancia) cruzaban culpas y se lavaban la cara. Movimiento Ciudadano decía no haber votado a favor de la designación directa de 40 diputados. Dolores Padierna reviraba que sí lo habían hecho y que a pesar de todo, estaba orgullosa de la anhelada reforma política lograda. Morena presumía la autoridad moral y ciudadana de sus candidatos, mientras que entre comentarios superficiales insinuaban que en los proyectos que tenían enfrente se acordaba el registro de sólo 8 de los 32 aspirantes independientes que presentaron la inmensa cantidad de firmas:
Ismael Figueroa, líder del sindicato de Bomberos; Lorena Osornio, nuera de la lideresa de ambulantes Alejandra Barrios; Gerardo Cleto, ex presidente de la Cámara de Comercio en Pequeño; Xavier González Zirión, sobrino del dueño de las Farmacias de Similares; Fernando Zurita, ex director de la Caja de Previsión de la Policía Auxiliar; Sergio Méndez Moissen, profesor de la UNAM y quien encabeza la plataforma anticapitalista; Julio Cázares, coordinador de la Plataforma Integral de Negocios, y Sergio Gabriel García, presidente de la Asociación de Bioética y Derechos Humanos
La numeraria, fulminante y difícil de procesar para quienes seguíamos la sesión, fue presentada por Ciro Murayama: de las 3,355,037 firmas capturadas, 282,926 cédulas repetían el apoyo sobre cada aspirante; 3099 cédulas no tenían firma; 63,556 no contuvieron clave de elector; 981 fueron copias sobre la misma cédula; 3,390 cédulas estaban incompletas; todas ellas, derivadas de la verificación realizada por la Dirección Ejecutiva de Prerrogativas y Partidos Políticos.
De las cédulas que se compulsaron en el Registro Federal de Electores, 5,942 fueron cédulas duplicadas; 23,607 de personas fallecidas; 69,077 de ciudadanos en suspensión de sus derechos políticos electorales; 14,977 de trámites cancelados; 84 con domicilios irregulares; 282 con datos personales irregulares, 100,527 correspondieron a otras entidades distintas a la Ciudad de México; 27,531 de credenciales sin vigencia; y 677,581 que no fueron encontradas en la lista nominal.
Vertidos así, los números no dicen todo lo que deberían, pero las firmas invalidadas por cada aspirante en particular, sí lo hacen: absolutamente todas y todos los 32 aspirantes presentaron, por ejemplo, entre 41 y 2237 firmas de personas difuntas.
Los muertos, que en las historias de mapachería electoral se nos decía que votaban, ya han aprendido a firmar.
Los candidatos, ya con registro, recibirán alrededor de 1.2 millones de pesos para sus campañas electorales, pero también recibirán la carga de explicar las inconsistencias en sus firmas[1].
La falta de elementos que tiene el INE para corroborar la veracidad de los apoyos ciudadanos será un riesgo latente en todo proceso en el que participen ciudadanos independientes. En Puebla, por ejemplo, el Tribunal Electoral ha invalidado la verificación domiciliaria de los firmantes irregulares de Ana Teresa Aranda, candidata a Gobernadora de ese estado. La protección judicial a la simulación es un lastre que tiene que eliminarse. La carga generada por esos candados injustamente es trasladada a los ciudadanos que desde sus aspiraciones por contender desde la independencia, pugnamos por procesos que eliminen las prácticas tradicionales de la clase política. Así lo hará #TúConstituyente ante el INE y en su momento, ante la FEPADE. Peor que un congreso simulador y un árbitro simulador, es un ciudadano simulador.
Adiós, Distrito Federal. Se queda la politiquería.
[1] Número de firmas invalidadas por defunciones de candidatos registrados:
ISMAEL FIGUEROA FLORES: 247
LORENA OSORNIO ELIZONDO: 502
XAVIER GONZALEZ ZIRION: 1349
JULIO CAZARES RIOS: 662
SERGIO ABRAHAM MENDEZ MOISSEN: 609
FERNANDO HIRAM ZURITA JIMENEZ: 1014
GERARDO CLETO LOPEZ BECERRA: 1166
SERGIO GABRIEL GARCIA COLORADO: 1121