Redacción Animal Político · 16 de octubre de 2022
Uno se vuelve metalero, siempre, por venganza.
Antonio Ortuño, “La Armada Invencible”.
Un grupo de jóvenes músicos lo tiene todo para engullirse el mundo gracias a su talento para sonar verdaderamente heavy. Al parecer, la banda que integran está llamada a ser una de las alineaciones más célebres de la historia del género en nuestro país y, en una de esas, en el mundo. Todo está listo para zarpar hacia el océano del éxito roquero pero algo sucede y La Armada Invencible naufraga antes de iniciar lo que pintaba para convertirse en una aventura épica. Los años pasan y he aquí que un metalero día los dioses del rock se alinean para que todo -o casi- se encuentre dispuesto para que se dé el milagro y los miembros de La Armada, esa exitosísima banda que no fue, se reúnan al fin y salgan de nuevo a la escena, en pos de la gloria que el destino les regateó pues, al fin y al cabo y como decía Lemmy Kilmister, líder de Motörhead, haber perdido no tiene por qué disuadirlo a uno de seguir jugando.
La más reciente novela de Antonio Ortuño rezuma metal, música merecedora de los amores del autor, y también erudición propia de escucha obseso sobre los entresijos que le confieren su poderío. Parte del gancho que sostiene su historia obedece a las referencias a bandas entrañables del género (de Megadeth a Metallica, pasando naturalmente por AC/DC, Iron Maiden e incluso entidades espesísimas como Carcass o Manowar) y también a la lista generosa de grandes, realmente grandes canciones metaleras que aporta al lector, pero La Armada Invencible es además un espejo que refleja convincentemente el comportamiento humano ante situaciones como la pérdida, el fracaso, el ascenso -si tal cosa existe- a la madurez y la casi ineludible perdición que ciertas clases de éxito traen consigo. La cauda de personajes que nos muestra (entre otros, Barry, el ambicioso fundador de la banda, Yulian, el sujeto que parece destinado a no prosperar jamás, Brenda, atractivísima y a la vez entretenida inclusión de la trama y particularmente Pato, “Patito”, grandiosa guitarrista que arrastra sueños rotos) construye una trama entretenida y es a la vez muestra del agudo sentido de observación de la realidad que posee su autor.
Imágenes de muchas playeras de bandas emblemáticas acuden a la mente mientras se avanza en la lectura de La Armada. Uno querría usarlas todas, pero particularmente desearía que existiera una T-shirt en la que se leyera, enmarcada por letras color plata, que las segundas oportunidades existen y que, parafraseando a Antonio Ortuño, en vez de vivir la vida en chancletas, moralmente hablando, siempre será mejor ejecutar un salto de pértiga sobre el barranco de la decadencia para alcanzar el lugar que se desea. Pura filosofía metalera. Disonancias que crean y destruyen amistades, riffs que elevan los sueños por el aire, protegiéndolos de caer al suelo para evitar que se destruyan.