¿Kabuki para rato?

blogeditor · 4 de enero de 2012

¿Kabuki para rato?

Apenas comienza el año y ya estamos inmersos: a ambos lados de la frontera, en el mismo Circo, Maroma y Teatro. Allá cada cuatro años: aquí sexenio tras sexenio. Las elecciones presidenciales en ambos países ocuparán la atención nacional (en el caso norteamericano, en todos los confines del mundo), excluyendo en la práctica cualquier otra consideración que no tenga que ver con la carrera para obtener esa ansiada presea.

 

Rituales gastados. Tan rígidos y predecibles que los medios en Estados Unidos equiparan a un kabuki electoral (con ‘k’ minúscula), donde las reglas deben ceñirse al pie de la letra: La expresión se ha vuelto trillada, pero no termina de agotars el catálogo de las muletillas o lugares comunes.

 

Habría que aclarar que la calidad de los productos a la venta dista mucho de parecerse a sus moldes originales. Totalmente desprovisto del exotismo original que pudo haber tenido esta palabra, de todas maneras se sigue utilizando. En Japón, esta forma del drama rigurosamente estilizado goza de una reputación intransferible a la arena política norteamericana (o de México, para el caso).

 

 

El Kabuki clásico:  tal y como se le conoce actualmente, surge en el siglo XVII, durante el Shogunato de Tokugawa Ieyasu. Responde a los cambios e inquietudes que azotan a la sociedad urbanizada en esa época: a nuevas necesidades de entretenimiento. Es una expresión popular inmortalizada en grabados y otras múltiples y variadas formas artísticas . Sufre un cambio que se conserva hasta la fecha: la autoridad suprime la participación directa de las mujeres. Los roles femeninos adaptados de las grandes obras del teatro de marionetas: el Bunraku, son interpretados a por actores jóvenes que, como en el caso del teatro isabelino, dan vida a esos papeles. (Desde entonces son conocidos como Onnagata). El Kabuki se consolida como un arte refinado, característico de la cultura japonesa e igualmente digno de admiración y curiosidad.

 

 

Disciplina de naturaleza casi hierática: con elementos míticos y atemporales, son dignas de mención aquellas pausas utilizadas para enfatizar situaciones cruciales, en donde la acción se congela mediante el uso de muecas o Mie: cesuras de tensión mayúscula. El hiatus decisivo que conduce la obra por su derrotero previsto y desenlace.Un paréntesis que exige singular concentración histriónica, y que representa el punto culminante de todo el ejercicio. Un destello de introspección compartida, diametralmente opuesto al rictus desafiante, reproducido hasta el infinito, de nuestros servidores públicos en busca del voto.

 

Espectáculo completo donde el vestuario, la puesta en escena y la música tienen un peso igualmente importante: con familias que lo han acompañado desde sus inicios y se heredan los nombres que hicieron célebres a sus antepasados, el Kabuki es cuidadoso con las formas que conserva, y congruente con su propia tradición.

Por aquí el kabuki político es mucho más mundano, y responde a impulsos de corto plazo.

Barack Obama intentará reelegirse tras una gestión que en muchos sentidos representa la continuidad del bushismo, más discreto y sin los feos desplantes del ex-gobernador de Texas pero igualmente desdeñoso de los derechos humanos cuando de la guerra contra el terror se trata. La esperanza y ofertas concretas de cambios profundos que capturaron la imaginación popular y sepultaron las pretensiones del candidato perdedor John McCain en el proceso pasado, quedaron en el discurso.

Calmando los ánimos los que pensaban que la retórica del cambio se transformaría en acciones contundentes, Obama prefirió ser administrador de la bancarrota y el consenso cupular: un buen amigo de las grandes empresas que apoyaron su campaña. La política de puertas giratorias: con burócratas en la iniciativa privada que regresan a sus puestos en el gobierno: con políticas públicas elaboradas por los mismos causantes de la debacle financeria cuyos efectos reverberan en todo el planeta (pienso en paladines de la desregulación  como Lawrence Summers, y Robert Rubin, entre muchos otros). O el socavamiento sistemático de los derechos individuales y un Estado de Seguridad Nacional sin controles institucionales. Un sistema de justicia draconiana para los que menos tienen, e indulgente con los oligarcas.Conflictos permanentes, recesión, compromisos falsos en el frente migratorio y una cada vez más notoria desigualdad completan el trasfondo kabukístico -teñido de irresponsabilidades y obligaciones irresueltas- que se resolverá en noviembre próximo cuando se presenten a votar las y los norteamericanos.

En la esquina contraria, los aspirantes republicanos dan pena ajena. Escépticos de la evolución según Darwin y el calentamiento global; fanáticos religiosos, bribones como Newt Gingrich: falso profetas. Racistas, rehenes de las grandes corporaciones financieras, farmacéuticas o petroleras. Resacas aventajadas del sueño americano, para quienes los graves problemas de las minorías vulnerables salen sobrando. O se resuelven mejor por generación espontánea, sin intervención del Estado

¿Dónde acaban las visiones de tramoya, y comienza la realidad? A horcajadas entre la fantasía y la concreción que se insinúa en las campañas; el estado de Iowa estrenó oficialmente el calendario electoral de EU. Destacan allá el despilfarro, incesantes cabildeos y una resolución de la Suprema Corte que permitirá que personas morales y sindicatos aporten cantidades ilimitadas durante todo el proceso.

Cada doce años, coinciden procesos electorales para elegir presidente en México y EU. Así será en 2012. Falta ver quién baila el kabuki-minueto.

En 1964, Adolfo López Mateos y la aplanadora priísta ungieron a Gustavo Díaz Ordaz: Monstruo Sagrado de la represión, aquí en foto con Lyndon B. Johnson en la Casa Blanca. El candidato republicano derrotado por el demócrata fue Barry Goldwater. Su compañero de fórmula perdedora se llamaba George Romney, padre de quien se perfila como probable rival de Obama. Mitt Romney, oriundo del estado de Utah, es un millonario especulador financiero y ex-gobernador de Massachusetts

En 1976, los ganadores fueron el priísta José López Portillo, y el demócrata Jimmy Carter

 

Tras las cuestionadas elecciones de 1988, Carlos Salinas de Gortari se alzó con la victoria pírrica. Le urgía legitimidad. Le fue proporcionada por George HW Bush, quien en esta foto celebra el Espíritu de Houston), durante una recepción oficial en la Casa Blanca

 

En 2000, Vicente Fox imaginó que se podrían estrechar los vínculos con la administración cuestionada de George W. Bush, quien obtuvo la presidencia de panzazo. Después vendrían los sucesos del 11 de septiembre de 2001, y México dejó de ser prioridad

En nuestra propia casa, ¿seremos simples espectador@s pasivos, cercad@s por hechos agobiantes, que superan al Pancracio, Gran Guignol o cualquier película gore?.¿Es viable la política enlatada, fabulación, cuento de hadas o melodrama telenovelero: producción de Televisa para el favorite son Peña Nieto, cuyos primeros capítulos se filmaron en 2005?

 

 

 

Obama  ya constituye un superbrand, o supermarca (Naomi Klein dixit). Fue galardonado por la industria de la persuasión como el Marketer del año, a unos meses de la elección de 2008.

Menos ambiciosas, nuestras marcas autóctonas buscan por todos los medios ‘brillar con luz propia’ o prestada.

Tendremos entonces: si nos vence la abulia, la indiferencia o el desánimo, kabuki para rato.