Las juventudes están cambiando,  ¿y los lugares donde trabajan?

Joel Aguirre · 26 de agosto de 2026

Las juventudes están cambiando,  ¿y los lugares donde trabajan?

Por Alfonso Ernesto Benito Fraile*

De acuerdo con un estudio de Mercer de 2026, la principal preocupación de los responsables del área de recursos humanos, a nivel global, es la atracción y retención de talento. Y en el caso de México, la tercera preocupación son las habilidades gerenciales.

En ese mismo estudio se recoge que el 53 % de los empleados encuestados están preocupados por su desarrollo de las habilidades que se requerirán a futuro. Esto se une a un informe del Foro Económico Mundial que afirma que los empleadores esperan que el 39 % de las habilidades laborales se transformen.

Paralelo a esto, la OIT detectó en 2025, en un informe sobre empleo juvenil para América Latina y Caribe, que los jóvenes ven que las habilidades que desarrollan durante sus estudios universitarios no las continúan acrecentando durante su vida laboral o, peor aún, no las llegan a aplicar.

Estos datos son preocupantes en dos sentidos. O bien las instituciones educativas no están contribuyendo al desarrollo de las habilidades necesarias para que los jóvenes se puedan integrar en la sociedad, lo que incluye poder obtener un trabajo que les permita desarrollarse en todas sus dimensiones, o bien, las empresas no están siendo espacios de crecimiento y desarrollo de los jóvenes, que contribuyan a generar buenos ciudadanos.

Algunos afirman que, por mucho conocimiento o habilidades técnicas que desarrollen en los estudios, se puede salir al mercado laboral y estar obsoleto, ya que con la rapidez de los cambios esas mismas competencias técnicas tienen una obsolescencia de cinco años. En cambio, lo que la mayoría de los estudios priorizan son las destrezas que tienen que ver con habilidades humanas y capacidades cognitivas, más allá de determinado conocimiento o herramientas técnicas específicas.

Desarrollar habilidades transformadoras

Sin embargo, el problema no es que la universidad forme mal, ni que la empresa contrate peor. El problema es que entre una y otra falta tejido: espacios y actores que sostengan a las personas jóvenes en la transición, y organizaciones que reconozcan estas habilidades como activos laborales, no como adornos.

Por eso, un conjunto de organizaciones lideradas por Ashoka y entre las que se encuentran universidades como la Universidad de Monterrey (UDEM) y el Tecnológico de Monterrey; centros de formación técnica pública como CONALEP Nuevo León; laboratorios de innovación social como iLab-Impulsera y Unboxed; programas de formación en agencia de cambio como Ticket for Change; comunidades de innovación juvenil como Haz la Lucha; y programas de emprendimiento social como Esmex, venimos tejiéndolo juntos.

Es desde ese trabajo conjunto que vemos cómo los jóvenes, que participan en las distintas iniciativas de las organizaciones que integran este ecosistema, desarrollan habilidades transformadoras como empatía consciente, trabajo colaborativo, liderazgo compartido y creatividad para solucionar problemas. Habilidades que, con uno u otro nombre, son parte de lo que según los informes de organismos internacionales los empleadores buscan en sus colaboradores.

Muchos de esos jóvenes que desarrollan dichas habilidades se topan con pared al llegar al mundo laboral. Y esas dificultades llegan de dos maneras; por un lado, por no ver valoradas las competencias desarrolladas y no saber vender esas habilidades transformadoras como habilidades para el trabajo y para la transformación organizacional. Y por otro lado, por parte de las organizaciones que por el desconocimiento de dichas competencias no saben identificarlas, valorarlas y buscarlas de manera consciente en los candidatos a un puesto.

Una empresa es un ecosistema social

A la vez, ambas dificultades provienen de una misma causa raíz, la ausencia de un lenguaje, una cultura y unos marcos comunes que permitan nombrar, reconocer y evaluar estas capacidades y que solo pueden construirse desde el trabajo articulado del ecosistema.

En México la tasa de desocupación en jóvenes es, según INEGI (2025), de un 4.8 % (casi el doble que la general) y la informalidad laboral, de un 58.8 % entre jóvenes de 15 a 29 años. Estos datos reflejan la urgencia de reducir esta brecha.

La OIT invita a impulsar políticas que ayuden a la incorporación de los jóvenes al mercado laboral. Una de las acciones que buscan tender puentes entre los jóvenes agentes de cambio y las organizaciones es el estudio que estamos desarrollando desde este ecosistema. En dicho estudio se busca documentar prácticas organizacionales que sí sostienen las habilidades de agencia de cambio en la vida laboral y traducirlas en recomendaciones prácticas para empresas, universidades y organizaciones de la sociedad civil.

Impulsar una comunicación más fluida entre universidades, empresas y ecosistema de cambio es clave para que el talento joven se vuelva reconocible como activo laboral, y para que las empresas asuman su corresponsabilidad en el desarrollo de las competencias de agencia. Porque una empresa también es un ecosistema social, y como tal puede ser transformada para el bien de las personas que la habitan y de la sociedad de la que forma parte.

*Alfonso Ernesto Benito Fraile es profesor investigador de UDEM, Changemaker Campus Ashoka.

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