blogeditor · 3 de marzo de 2022
De manera constante escuchamos y reproducimos expresiones que sugieren que las personas jóvenes “traen otro chip”. Se dice, casi como un hecho incuestionable y en ocasiones de forma negativa, que las juventudes piensan diferente. Estas frases y discursos parten de estereotipos hacia las juventudes y, en muchas ocasiones, están basados en ideas adultocentristas.
En palabras de la organización internacional EDUCO, el adultocentrismo “nos empuja a considerar la perspectiva adulta como superior a la de una persona de poca edad. (…) En particular, tiene consecuencias negativas para niños, niñas y adolescentes y de él se desprenden actitudes adultitas”. 1
El adultocentrismo, al igual que otras estructuras de opresión, se reproduce mediante discursos y acciones diarias en las familias, la escuela, los lugares de trabajo y los medios de comunicación. El Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes comprende las consecuencias del adultocentrismo de la siguiente forma:
“Las consecuencias negativas de estas prácticas afectan los derechos humanos básicos de niñas, niños y adolescentes al discriminar, subordinar y relegar sus ideas, propuestas y sentimientos sólo por el hecho de tener una edad menor, lo que a largo plazo generará relaciones asimétricas, además de reproducir y perpetuar el autoritarismo”. 2
De forma general, el adultocentrismo está basado en prejuicios, estigmas y estereotipos que pueden o no nacer de concepciones reales, pero que son exageradas y hasta caricaturizadas; por lo tanto, suelen contribuir a una cultura discriminatoria. Sin embargo, es verdad que hay una actitud histórica de rebeldía en las juventudes de todo el mundo que está presente década tras década.
En los últimos años esta rebeldía histórica, gracias al acceso a la información y el contacto a través de medios digitales, ha contribuido a generar espacios cada vez más libres de discriminación y a favor de la igualdad. Las redes sociales, por ejemplo, están llenas de personas jóvenes que, además de divertirse, explican, ejemplifican, ayudan y crean espacios de concientización y sensibilización en diversos temas.
La red social más usada en México durante el año 2021 fue Facebook, en donde el 65% de sus usuarios son personas menores de 35 años. 3 Adicionalmente, es muy fácil encontrar páginas o grupos de juventudes que, a manera de foros, exponen sus preocupaciones y crean redes de apoyo en contra de procesos discriminatorios como la LGBTfobia, el racismo o el machismo.
Por otro lado, en plataformas como Instagram o Tiktok, hay una cantidad innumerable de cuentas que, mediante el humor o publicaciones más serias, se enfocan en la difusión y promoción de los Derechos Humanos; no es de extrañar, si tomamos en cuenta que la mayoría de sus usuarios son personas que no sobrepasan los 30 años. 4
Es cierto que, por otro lado, las redes sociales pueden ser espacios llenos de peligros; sin embargo, se han convertido igualmente en herramientas que contribuyen a la difusión y la promoción de derechos humanos y muchos otros temas, al grado de contar con plataformas específicas de creación de redes tanto para personas jóvenes como para organizaciones, colectivos y empresas.
Aunque es muy fácil encontrar a personas jóvenes posicionándose en contra de la discriminación en redes sociales, los espacios físicos de activismo también están llenos de personas menores de 29 años. Existen muchas organizaciones, colectivos y agrupaciones de personas jóvenes que, mediante diversos medios, defienden una cultura antidiscriminatoria. A manera de ejemplo, en marchas feministas o en las organizadas por la comunidad LGBT+ es cada vez más frecuentes encontrar adolescentes y jóvenes conscientes de su papel en el combate a la discriminación y en favor de una cultura de la igualdad.
Dicho en otras palabras, las personas jóvenes demuestran, tanto en hechos como en discurso, que efectivamente reivindican posicionamientos que pueden ser contrarios a la mayoría de personas mayores en temas como los derechos humanos. A su vez, contribuyen de manera significativa a derribar tabúes y estereotipos etaristas y adultocentristas, que durante décadas han propagado la idea que sostiene que las personas jóvenes son poco responsables o hasta apáticas en temas sociales.
Ver a las juventudes como agentes de cambio y transformación es importante, si tomamos en cuenta que serán las próximas personas en educar generaciones cada vez más iguales, además que ocuparán o ya ocupan espacios de poder en donde los preceptos de no discriminación están presentes.
En conclusión, las personas jóvenes no sólo enfrentan discriminación por su edad, sino que la combaten de manera más o menos implícita al posicionarse en contra de otros tipos de discriminación mediante la difusión de proyectos que buscan construir una sociedad más incluyente y, aunque el medio predilecto sean las redes sociales, su actuar no se agota en lo digital, sino que sirve como detonador de espacios físicos con el mismo fin.
Contribuyamos, al igual que las personas jóvenes, a crear espacios libres de prejuicios y estereotipos, así como redes de apoyo para un grupo históricamente discriminado por su edad pero al que le atraviesan otras características identitarias (como el género, la orientación sexual, la lengua materna, etcétera), y que a su vez luchan en defensa de los derechos de todas las personas.
* Samuel Cabral es asesor educativo de la Subdirección de Capacitación y Educación del @COPRED_CDMX.
1 EDUCO. (2021, 1 junio). ¿Qué es el adultocentrismo y de dónde viene? Cuaderno de Valores: el blog de Educo. Recuperado 21 de febrero de 2022, de aquí.
2 Sistema Nacional de Protección de Niñas, Niños y Adolescentes. (2021, 9 febrero). Adultocentrismo: Qué es y cómo combatirlo. Gobierno de México. Recuperado 21 de febrero de 2022, de aquí.
3 Valero, I. (2021, 24 septiembre). Las 5 redes sociales más usadas en México durante el 2021. BrandMe. Recuperado 11 de febrero de 2022, de aquí.
4 Ibid