Juventudes cuidadoras: la lucha por el reconocimiento

Joel Aguirre · 1 de julio de 2026

Juventudes cuidadoras: la lucha por el reconocimiento

Por Hannia Yohali Zenteno Cruz y Emilia Ramírez Valenzuela*

La nueva Ley del Sistema de Cuidados aprobada por el Congreso de la Ciudad de México es un paso histórico y una deuda que se tenía con la ciudad desde 2017. Pero aún hay camino por recorrer, y uno de ellos es garantizar el reconocimiento y visibilización de las juventudes que sostienen la vida con un trabajo no remunerado.

Un reciente análisis del Centro de Investigación Económica y Presupuestaria (CIEP) confirma que las personas de 18 a 29 años son, de todo el ciclo de vida, quienes más horas dedican al trabajo de cuidados no remunerado: 56 horas a la semana en promedio. Es más que cualquier otro grupo etario, incluidas las personas adultas mayores. Sin embargo, pocas veces son reconocidas y nombradas como personas cuidadoras.

Esa cifra no aparece sola; tiene otra cara: una tasa de desempleo juvenil de 6.4 %, casi el doble que el promedio nacional, y una tasa de informalidad de 67.4 %, la segunda más alta del país.

De acuerdo con el reciente informe de Oxfam, en la Ciudad de México, 96 % de las jóvenes que no estudian y no trabajan se dedican exclusivamente a tareas de cuidado, sumando hasta 58.5 horas semanales, mucho más que cualquier empleo formal. La brecha se redujo apenas una hora en la última década. La maternidad o la vida en pareja transforman de tajo los proyectos de vida de quienes asumen esas tareas: un escenario que profundiza la desigualdad de género y que en muchos casos lleva a la violencia económica.

¿Y el lente de juventud?

El dictamen que dio origen a la nueva ley documenta algo que pocas notas en medios de comunicación recogieron: durante la consulta, la sociedad civil señaló que el proyecto original invisibilizaba a las juventudes al incluirlas bajo la categoría de “infancias”, únicamente como sujetas de cuidados, sin reconocer su autonomía progresiva, su agencia propia y su participación como cuidadoras. Esa omisión no se corrigió sola; requirió el trabajo articulado de organizaciones de sociedad civil y de jóvenes que levantaron la voz.

Entre ellas, GOYN Ciudad de México, a través de su Grupo Asesor de Jóvenes, Oxfam México e Iniciativa Ciudadana para la Promoción de la Cultura del Diálogo exigieron nombrar a las personas jóvenes como sujetas de derechos y como una población que ejerce los cuidados de manera significativa y que, como tal, debe ser reconocida.

El análisis del CIEP confirma porqué esa exigencia tiene sentido. A nivel federal, el principal instrumento presupuestario para cuidados (Anexo 31), no contempla a las personas jóvenes como sujetas de necesidades de cuidado: de todo lo identificado en ese anexo, apenas 5,220.8 millones de pesos llegan a este grupo, 0.01 % del PIB. Si el Estado no reconoce ese trabajo en el presupuesto, la ley carecerá de respaldo y sostenibilidad.

El valor de tejer red

La Red Global de Jóvenes Oportunidad (GOYN, por sus siglas en inglés), red presente en 16 comunidades en 10 países alrededor del mundo, reúne a más de 100 instituciones de los sectores público, privado y social, e impulsa, entre otras estrategias, la incidencia en políticas públicas y la promoción de la participación de las personas jóvenes como protagonistas en la toma de decisiones. GOYN es coordinada en la Ciudad de México por la organización de sociedad civil YouthBuild México y es la representación local de la Alianza Jóvenes con Trabajo Digno.

El trabajo en red permitió que la Ley del Sistema de Cuidados de la Ciudad de México reconociera a las juventudes como cuidadoras y nombrara la necesidad de que los espacios de cuidado brinden atención especializada a las juventudes cuidadoras, además de dar atención integral en materia de empleo, emprendimiento y participación social, entre otras.

Construir una agenda compartida por el trabajo digno de las juventudes no es un gesto simbólico: es la única forma de cubrir, entre varias organizaciones, los ángulos que una sola no alcanza a ver. La fuerza está en la red.

¿Qué sigue?

Aprobar no es lo mismo que aplicar. La ley todavía requiere su publicación en la Gaceta Oficial de la Ciudad de México y de las reglas de operación: el documento técnico que define quién accede a los servicios, con qué presupuesto y bajo qué criterios. Si esas reglas no incorporan a las juventudes cuidadoras como población prioritaria, la ley corre el riesgo de quedarse en el papel para ellas.

Por eso la tarea no termina con el dictamen aprobado. Las organizaciones que empujaron para que las juventudes entraran en el foco tienen que seguir de cerca cada etapa. Una ley de cuidados no transforma vidas si las personas que hoy cuidan sin paga, sin reconocimiento y sin tiempo para sí mismas, no son consideradas en su implementación.

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*Hannia Yohali Zenteno Cruz y Emilia Ramírez Valenzuela, GOYN Ciudad de México