Redacción Animal Político · 1 de octubre de 2024
En primer lugar, se asume que el homicidio es una de las múltiples expresiones de violencia que existen en México. Asimismo, se entiende que la violencia no es resultado de cuestiones naturales, sino de una o múltiples intenciones de grupos sociales y/o individuos. Es el resultado de desigualdades de poder y condiciones de vida, que responde a un interés o intención -dado que funge como un medio- y que está intrínsecamente relacionada con el poder. Es un fenómeno social.
En segundo lugar, conviene señalar que las características, motivos, modos/formas y frecuencia del homicidio varían de acuerdo a las condiciones del contexto en el que se suscite. Como cualquier tipo de violencia, este cuenta con sus particularidades, no obstante, no es inherente al resto de los diferentes tipos de violencia, inclusive, se relaciona o se presenta simultáneamente con el resto.
De acuerdo con las Estadísticas de Defunciones Registradas (EDR) del Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), desde 1990 hasta 2023 se han registrado 670,821 homicidios en todo el país.
Al observar la tendencia de este acto violento se destacan los siguientes aspectos: a) Entre 1990 y 2007 se presentó una disminución constante, alcanzando su nivel más bajo; b) No obstante, a partir de ese año la tendencia comenzó a subir, registrándose en 2011 el primer aumento significativo en el país; c) entre 2012 y 2014 volvió a disminuir, aunque a partir de 2014 los casos retomaron al alza, alcanzando en 2018 el pico más alto hasta el momento y d) desde dicho año los registros han ido a la baja (véase gráfica 1).
Gráfica 1. Total de homicidios en México 1990-2023

Tal y como se señaló, el homicidio es heterogéneo, por ello, conviene desglosar las características generales del mismo. En razón de sexo, -de acuerdo con el EDR-, del total de homicidios cometidos, se tiene registro que
en 594,126 casos la víctima fue hombre y en 73,065 lo fue una mujer. Resulta que durante el periodo 1990-2023, las principales víctimas de este tipo de violencia han sido los hombres (89 %).
Otra de las principales características del homicidio en México es que se distribuye y concentra en zonas geográficas muy específicas. Por ejemplo, durante el periodo 2017-2023 las entidades con las tasas más altas por cada cien mil habitantes fueron: Baja California, Chihuahua, Colima, Guanajuato y Zacatecas.
Tabla 1. Tasa de homicidios por cada cien mil habitantes de las entidades federativas, 1990-2023

Destaca el caso de Colima al ser la entidad con mayor registro durante los años señalados. También es importante resaltar el caso de Chihuahua que desde el 2008 ha presentado números muy significativos, siendo así que en el año 2010 registró la tasa más alta hasta el momento en el país (186.3 homicidios por cien mil habitantes).
En lo que respecta al medio con el que se comete el homicidio, de acuerdo con el INEGI, desde 1990 hasta 2022 ha predominado el disparo con arma. En cuanto a los homicidios en los que las víctimas han sido hombres, la tendencia de este medio ha ido incrementando: entre 1990 y 1994 representaba el 57.4 %, durante 2005 y 2009 representó el 61.1 % y, para el periodo de 2020 y 2022 llegó a tener registro en el 70.9 % del total de los casos. Por otro lado, en los homicidios donde las víctimas han sido mujeres, entre 1990 y 2009 la tendencia oscilaba entre el 34.3 % y el 35.2 %. A partir de ese año ha ido en aumento, alcanzando el 58% durante el periodo 2020-2022. Cabe destacar que desde 2015 hasta 2022 el ahorcamiento, estrangulamiento y sofocación ha ido al alza como segundo medio en el homicidio de mujeres (pasó de estar registrado en el 51,1 % de los casos a estarlo en el 58 % de los mismos durante el 2022).
Como se apreció en la gráfica y en la tabla anterior, la cifra de homicidios se disparó a partir del 2007. Es así que, desde ese año y hasta el año 2023 se han registrado 425,307 homicidios con registro de edad. Del total de esos homicidios el 46.8 % de las víctimas eran hombres de entre 20 y 34 años. Por otra parte, en el 28.7 % de los homicidios registrados en el periodo 2007-2023, las víctimas eran mujeres que oscilaban entre la edad de 20 y 29 años (Véase gráfica 2).
Gráfica 2. Distribución de homicidios según grupo de edad y sexo, 2007-2023

Ante tal fenómeno, Valenzuela desarrolló el concepto de juvenicidio 1 con la finalidad de cumplir cuatro objetivos: 1) señalar y visibilizar; 2) hacer visible las condiciones que propician la muerte de la población joven; 3) implementar estrategias y propuestas desde la academia, e 4) identificar causas y responsables (p.61).
El autor destaca que este concepto se desarrolló a la par del de feminicidio. Esto resulta de gran interés puesto que demuestra la importancia de estudiar este fenómeno desde sus particularidades, es decir, no es lo mismo el asesinato de un joven en la vía pública en comparación al asesinato de una joven dentro de su hogar y por una persona con la que mantenía algún vínculo afectivo y/o familiar.
Es similar en el caso del juvenicidio: no es lo mismo el asesinato de un joven que pertenece a la guerrilla en la entidad de Guerrero, al asesinato de un joven que se encuentra en compañía de sus amigos en una cancha de fútbol o en algún espacio público celebrando algún logro. Aunado a ello, este concepto vislumbra el entramado de poder y desigualdad que acompaña este acto violento, puesto que “permite identificar al exterminio o eliminación permanente y sistemática de jóvenes […] es producto y conclusión de diversas formas de precarización económica, social, cultural e identitaria” (Valenzuela, 2019, p.65).
El autor señala que dichas condiciones posicionan a este tipo de población en zonas de muertes, necrozonas, lo que da cuenta que la eliminación sistemática de jóvenes no hace alusión a la eliminación de todos los jóvenes, sino a los que comparten ciertas características de desigualdad.
En referencia a las reflexiones retomadas de este autor, se presenta la siguiente tabla en la que se aprecian las principales entidades con mayor registro de homicidios por cada cien mil habitantes en razón de sexo.
Tabla 2. Entidades federativas con mayor tasa de homicidios según sexo en intervalos de cinco años.

Por dar un par de ejemplos: En 1990, Michoacán presentó las tasas más altas de homicidio con relación a hombres y mujeres (cuarto y primer lugar, respectivamente). Del total de casos registrados en esa entidad y durante ese año, el 50.8 % de las víctimas hombres tenían entre 15 y 34 años y, con relación a los homicidios en los que las víctimas eran mujeres, el 32 % oscilaba entre la edad de 15 y 29 años.
Sucedió lo mismo durante el 2010 en donde Chihuahua ocupó el primer lugar en ambos rubros (53.9 % de víctimas hombres contaban con una edad de entre 20 y 34 años, mientras que las víctimas mujeres con el mismo rango de edad, 20-34 años, representó el 50.3 %). Y ocurrió lo mismo durante 2023 en donde Colima se posicionó en el primer lugar en ambos rubros (45 % de víctimas hombres oscilaban entre 20 y 34 años y 51.6 % de víctimas mujeres oscilaban entre 20 y 34 años).
Se podría revisar caso por caso en donde las tasas son altas y el resultado sería lo mismo. Es de vital importancia retomar el término de juvenicidio, ya que entre sus principales características asume que el principal responsable de este acto violento es el Estado. Por ende, vale la pena hacer y retomar las reflexiones con relación a la función y/o responsabilidad que ha tenido el Estado en cada uno de los casos mencionados.
* José Armando Ramos Bravo es sociólogo por la UAM-Azcapotzalco. Mario Pavel Díaz Román es sociólogo por El Colegio de México.
1 Valenzuela, J. (2019). Tragos de sangre y fuego. Grupo editorial: Editorial Universidad de Guadalajara / Coeditorial: FLACSO Ecuador – Publicado en asociación con: Centro Maria Sibylla Merian de Estudios Latinoamericanos Avanzados (CALAS).