¿Justicia sostenible? Al otro con ese cuento, para hacerla realidad

blogeditor · 30 de marzo de 2022

¿Justicia sostenible? Al otro con ese cuento, para hacerla realidad

La crisis social y medioambiental que hoy amenaza nuestra existencia es atribuible al sistema económico y político actual, el capitalismo global neoliberal, donde los 2 mil 153 millonarios del mundo poseen más riqueza que 4 mil 600 millones de personas, y aun durante la pandemia (cuyo origen también tiene relación con este sistema) incrementaron sus riquezas.

Desde su origen, el capitalismo se ha apoyado en un sistema (al que Wallerstein se refiere como “sistema mundo-capitalista”) que beneficia a élites privilegiadas, permitiéndoles acumular riqueza mediante la imposición de regímenes e instituciones jurídicas, económicas y políticas con profundas desigualdades: los imperios y sus colonias, el esclavismo, la sacralización de la propiedad privada (con la consiguiente instauración de sociedades propietaristas europeas a finales del siglo XVIII), y la implantación de la ideología liberal como instrumento para justificar las desigualdades. Ahora, ante el fracaso de la Unión Soviética, el liberalismo recargado o neoliberalismo se ha coronado como sistema hegemónico. A esto se suma la captura por parte del capital de los avances tecnocientíficos y de los Estados, así como la instauración de la globalización.

Piketty se refiere a este sistema como hipercapitalismo y manifiesta su convicción de que puede ser superado, para lo que propone un socialismo participativo y un federalismo social, con un régimen de propiedad social en el que se establezcan límites y se regule la distribución de los derechos de voto y de poder entre los accionistas y los asalariados en las empresas; se implemente una fuerte fiscalidad progresiva sobre la propiedad 1 (no sólo el ingreso), bienes muebles e inmuebles (incluidos títulos financieros), y en especial a las grandes fortunas; se establezca una dotación universal de capital y un sistema permanente de circulación de la riqueza; 2 se instituya una fiscalidad progresiva al ingreso y un sistema de regulación y fiscalización colectiva de emisiones contaminantes que contribuyan al financiamiento de los seguros sociales y un ingreso básico universal; se establezca una transición ecológica; se implante un sistema educativo verdaderamente igualitario, y se reorganice la globalización con tratados y convenciones basados en objetivos de justicia social, fiscal y climática, condicionando intercambios comerciales y flujos financieros y pautando nuevas reglas de transparencia financiera, cooperación fiscal y democracia trasnacional. 3

Propuestas como ésta no deben considerarse extremas ni atemorizar a la comunidad global, 4 pues son compatibles con la Agenda 2030 para el Desarrollo Sostenible y sus 17 objetivos; además, varias ya fueron implementadas desde el Siglo XX (en concreto, después de la Gran Depresión con el New Deal y al terminar la Segunda Guerra Mundial con los Estados del Bienestar) y algunas continúan vigentes, especialmente en naciones como Alemania y los socialdemócratas países escandinavos, que conservan la economía de mercado pero incluyen las dimensiones social y medioambiental, con resultados favorables en el cuidado del medioambiente, la reducción de desigualdades y la cohesión social.

Si el capitalismo es hoy desigualitario a nivel global, en México lo es más, como consecuencia de los regímenes que se nos han impuesto desde la conquista: imperialismo colonial; esclavitud, con servidumbre y racismo; intervencionismo; extractivismo por parte de potencias extranjeras incluso después de nuestra independencia (Francia, España y Estados Unidos), y neocolonialismos anteriores y posteriores a la Revolución Mexicana. Hoy, el 10% de la población de nuestro país acumula el 78.7% de la riqueza. La élite que se ha favorecido política, social y económicamente en perjuicio de la mayoría de la población logró enquistarse más profundamente gracias al sistema corporativista de partido único que se perpetuó en el poder por 70 años. Pero fue el neoliberalismo, desde principios de los ochenta del siglo pasado, el que consolidó el hipercapitalismo 5 en México, a pesar de la alternancia en el poder y cierto avance en los procesos e instituciones democráticas en el país.

El capitalismo neoliberal, haciendo uso del poder político y económico y de su ideología (con mitos y narraciones como la libertad y autorregulación de mercados, la libre empresa y la meritocracia), ha impedido implementar en nuestro país medidas para reducir las imperantes desigualdades, como gravar progresivamente el ingreso para que los grandes contribuyentes aporten a mayores tasas que el tope máximo actual de la Ley del Impuesto Sobre la Renta y fortalecer el sistema de recaudación (nuestro país ocupa uno de los últimos lugares en recaudación a nivel mundial y el último entre los miembros de la OCDE); eliminar la exención de pago de ISR a los bienes adquiridos por herencia o legado y a las donaciones entre ascendientes/descendientes y cónyuges, y gravarlos progresivamente (acción que NO implica una doble tributación y hace tributar a los privilegios que representan bienes adquiridos sin mérito alguno); fortalecer un sistema de pensiones universales con preferencia a las personas vulnerables y desfavorecidas; gravar progresivamente, además del ingreso, la riqueza, como la propiedad de bienes inmuebles o bienes muebles preciosos y de alto valor (automóviles, joyas, obras de arte, etcétera); o implementar efectiva y progresivamente el impuesto por captura de plusvalías sobre inmuebles a propietarios beneficiados por obras públicas y otras circunstancias ajenas a su acción, obra, trabajo o mérito(6).

La importancia de reconocer al otro (alteridad), la apertura a la otredad tanto del prójimo como del medio ambiente, particularmente en razón de su vulnerabilidad, es indispensable para construir una ética y una justicia sostenibles, que es lo que se pretende lograr con el modelo de desarrollo sostenible y su Agenda 2030 (ONU). A este modelo habrá que tomarlo con las debidas reservas por ser aún desarrollista, sin embargo, siguiendo la idea de la justicia de Amartya Sen, es un intento por mejorar injusticias específicas y reales y nos llama a la acción, evitándonos caer en la trampa de la inmovilidad que puede surgir al buscar una utopía (rawlsiana) con mínima factibilidad de realización. El modelo de desarrollo sostenible favorece el comparativismo y el diálogo razonado con un enfoque hacia realizaciones efectivas.

* Pedro Roberto Reyes Martínez (@pedroreyesm) estudió Derecho en la UNAM, es Técnico Superior Universitario en Comercialización Inmobiliaria por la Secretaría de Educación Pública, estudió una Maestría en Responsabilidad Social en la Universidad Anáhuac, campus Querétaro, y actualmente estudia el Doctorado en Innovación en Responsabilidad Social y Sostenibilidad en la Universidad Anáhuac México, campus Norte. Es miembro de la red de ExpertODS de Sustainable Development Solutions Network de la Organización de las Naciones Unidas en México (SDSN México).

 

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1 Una fiscalización progresiva (o impuesto progresivo) es aquel en el que la tasa impositiva aumenta conforme la base en búsqueda de la redistribución de los ingresos y gastos; conforme más alto sea el bien o ingreso que se grava, más alta será la tasa del impuesto y viceversa.

2 Se busca que, con estas tasas progresivas altas, lo recaudado se destine a actividades económicas productivas (no financieras) para fomentar el crecimiento económico y el desarrollo y generar más circulación de riqueza, en oposición a que la misma se mantenga inactiva y beneficie sólo a quienes la acumulen.

3 Para un desarrollo sostenible es indispensable eliminar prácticas de dumping fiscal y social y eliminar los paraísos fiscales.

4 El neopropietarismo, según Piketty, es una ideología que pretende justificar la desigualdad del hipercapitalismo imponiendo una agenda de comunicación e información global a su favor mediante la captura de los medios.

5 Sobre las particularidades del hipercapitalismo en México, se sugiere consultar No es Normal de Viri Ríos.

6 Por ejemplo, gravar a personas físicas o morales que adquieren grandes extensiones de tierra, generalmente de un ejido o comunidad, con un precio muy bajo por no existir obra púbica ni infraestructura cercana, pero que en poco tiempo reciben importantes inversiones en dichos rubros (situación que generalmente conocen anticipadamente por contar con información privilegiada, al ser servidores públicos o personas relacionadas con éstos) lo que aumenta considerablemente el precio de dichas tierras (plusvalía atribuible a dicha obra pública).