Redacción Animal Político · 13 de diciembre de 2024
Courtney Love está siendo insolente. Love, quien durante años ha sido una de las figuras públicas de la prensa rosa en Estados Unidos, y en el mundo también, tiene pocos filtros. Lo dice claramente en un clip de video: “si Harvey Weinstein te invita a una fiesta privada en el Four Seasons, no vayas”. La declaración data 2005.
Love aconseja (nos atrevemos a decir en esta texto) a las mujeres jóvenes que se mudan a Hollywood, aunque en ese momento no lo entendiera nadie. O no quisiera entenderlo. La declaración de quien fuera front woman de la banda Hole es una respuesta que da a la comediante Natasha Leggero, en una alfombra roja de esas que tantas hay en ese universo llamado Hollywood. Pero la balanza en ese entonces -y a juicio de quien escribe, también ahora- se inclina más a favor del poderoso magnate que de la artista mujer que no cumple con los estándares tradicionales de buen comportamiento. Vaya, Love es ejemplo de cómo romperlos y Weinstein fue hasta antes de su caída -y a pesar de los rumores- un hombre blanco multimillonario exitoso, padre de familia y creador de empleos, entre muchas cosas. Es claro quién pesaba más.
Bajo la lupa de hoy, Love es todavía más rebelde de lo que creímos la mayoría durante muchos años. Hecho: lo dijo en nuestra cara asumiendo las consecuencias que algo así podría tener. Weinstein fue durante años el dueño de su juego. Weinstein, hombre reverenciado y aplaudido por el Olimpo del cine.
Weinstein fue arrestado en 2018 luego de que 80 denuncias fueran apenas suficientes para que tal situación fuera posible. Ochenta denuncias. Ochenta. La causa en común: abuso sexual. La causa no tan común: abuso de mujeres que entonces y hoy en día gozan de cierto -en su mayoría- y alto nivel de fama.
Aunque parezca que este es un texto escrito por un hombre cis género con intenciones de abonar al feminismo, no es nada más eso. Es en realidad algo más básico. Se trata de un ejercicio de análisis mínimo y personal de ese fenómeno al que llamamos posverdad y que acontece día con día en nuestras vidas. Y también sobre ese otro fenómeno llamado justicia. Y esa idea que tenemos llamada futuro.
Posverdad según la RAE:
“1. f. Distorsión deliberada de una realidad, que manipula creencias y emociones con el fin de influir en la opinión pública y en actitudes sociales. Los demagogos son maestros de la posverdad”.
Justicia según la RAE:
1. f. Idea moral que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece. Lucharé toda mi vida por defender la justicia y la libertad. Solidaridad y justicia social son dos valores clásicos del socialismo.
2. f. Cualidad de justo o conforme con la justicia (→ 1). El alcalde es un hombre apreciado por su justicia y honradez. Nadie duda de la justicia de tal medida.
3. f. Aplicación de las leyes, castigando a quien las incumple. Los jueces y los tribunales se encargan de administrar justicia. Las víctimas piden justicia.
Sirvan estas definiciones para apuntalar el hecho de que, al menos en este texto, estamos de acuerdo con la definición de la RAE.
Ahora, partiendo del caso Weinstein, con rumores, acusaciones frontales como la de Love e incluso denuncias y un proceso tardío como ejemplo, volteemos a vernos.
Primer caso: pienso en lo que hace unos días fue publicado en este medio, Animal Político, la historia de la llamada primera desaparición forzada durante la llamada cuarta transformación, una alcaldesa, una activista, Oaxaca. Tres ingredientes que dan como resultado una historia terrible.
Luego de todo el proceso de corroboración necesario para publicar un trabajo así, una cosa -entre todas las atrocidades- es clara: las pruebas están ahí. Es un caso de desaparición forzada con documentación suficiente para ser probado. Y de todas formas: da igual.
Desde la sentencia hasta el día de hoy algo es evidente: todo es turbio. Y así, así es. No hay necesidad de transparencia en un país de grises.
Un caso más: Elena Ríos, artista, saxofonista y activista, ha documentado el proceso judicial vivido a partir del intento de feminicidio que sobrevivió en 2019. Medios de todo México lo han documentado. Existe ya una ley derivada del caso, la llamada Ley Malena. El actuar de los jueces a cargo del caso ha sido claro. Sus acusados, el exdiputado priista y empresario gasolinero Juan Antonio Vera Carrizal (en la cárcel) y su hijo, Juan Antonio Vera Hernández (prófugo), siguen ganando. Qué importan sus quemaduras de segundo y tercer grado. Qué importa la Ley Malena.
Otro caso. Sí. Otro y otro y otro y otro más.
Un caso más: el de las hijas de Mariel Albarrán. Terapeutas del Centro de Terapia de Apoyo a Víctimas de Delitos Sexuales de la Fiscalía General de Justicia de la CDMX lo confirmaron, recomendando incluso la no convivencia con el agresor. Especialistas de ADIVAC, con más de 30 años de experiencia y galardonada por el Congreso y Senado por su modelo de atención y con más de un centenar de sesiones, confirmaron también que las niñas fueron abusadas sexualmente por su padre. Argucias legales por parte de la defensa y un cúmulo infame de irregularidades por parte del trabajo de la Fiscalía de la CDMX. Que las niñas hayan tenido al momento de la agresión tan solo 5 y 7 años, según consigna la investigación, importa poco. El acusado, Manuel Horacio Cavazos López, es exmagistrado del Tribunal Superior de Justicia de la CDMX.
“Yo pensé que este infierno estaba por terminar”, me cuenta Mariel antes de la publicación de este texto. Lo escribió alguien en redes. La razón: una nueva demanda que pretende ganarle la patria potestad a favor del acusado.
La Fiscalía -a cargo entonces de la hoy senadora Ernestina Godoy- no logró fincar responsabilidades. Todo lo contrario: incluso la amedrentó.
El caso documentado en el libro “El Verdugo” (Planeta, 2023), de Alejandra Cuevas, es otro más. Luego de pasar por el reclusorio y salir por falta de pruebas tiene que vivir en el extranjero porque es evidente que si el responsable de tu caso es el Fiscal General, Alejandro Gertz Manero, lo mejor es no estar aquí.
Pruebas hay en todos lados. Narrativas también. En tiempos como estos, más vale ser dueño de la propia. Tanto como se pueda.
Frente a nuestros ojos: más y más. En el atardecer del día, vendrán más.
Hubo pruebas públicas sin repercusiones. Hubo acusaciones, señalamientos. Hubo palabras que importaron nada. En todos esos casos parece como si los resultados fueran predecibles.
Pero el factor tiempo siempre es una variable incógnita en la ecuación de la justicia y la llegada de nuevas generaciones con toda la carga en los hombros para resolver el caos que seguimos creando es por mucho una esperanza para que las cosas cambien. Lo estamos viendo en fenómenos como la llamada crisis de representación de los partidos políticos a nivel global e incluso en la cada vez más grande crisis de credibilidad en la misma democracia emanada de ese sistema. Lo estamos viendo en la ruptura con posturas arcaicas como el conservadurismo o conductas dañinas como el extractivismo. Las generaciones que vienen no serán tan sencillas de convencer con argumentos y repeticiones absurdas de que es mejor voltear a otro lado.
¿Se imaginan a una jueza que haya salido a las calles de su ciudad a marchar durante el surgimiento de la llamada Cuarta Ola del Feminismo defender a uno de los personajes anteriores? ¿A un presidente o presidenta que nació en los ochentas o noventas volteando a otro lado cuando a quienes gobierna le interesa de verdad enjuiciar a políticos corruptos de antaño? ¿Se imaginan a alguien nacido en los noventas y los dosmiles sin ánimo de justicia para juzgar a las y los responsables de la distopía climática que tiene que resolver?
Yo no.
Atestiguar es casi siempre condena y nunca podio, pero el tiempo nunca pierde peso. El juicio del futuro llegará y no hay ni habrá sarta de otros datos que pueda con ello.