Los jesuitas y el estudio de eclipses

Redacción Animal Político · 10 de abril de 2024

Desde sus inicios, y a la par de su trabajo en favor de la educación, la Compañía de Jesús ha trabajado en la construcción del conocimiento en diversas áreas. Entre las figuras destacadas que han contribuido al saber científico se encuentran varios jesuitas que hicieron importantes avances en astronomía, incluyendo el estudio y la predicción de eclipses.

Uno de los primeros jesuitas que hizo contribuciones significativas en este campo fue el Padre Christóforo Scheiner (1575-1631), un astrónomo, físico y matemático alemán. Scheiner inventó el helioscopio, un telescopio diseñado especialmente para observar las manchas solares.

Durante los siglos XVI y XVII, los jesuitas establecieron 32 observatorios en diferentes partes de Europa, y con el tiempo, surgieron otros en diversas partes del mundo. Mateo Ricci allanó el camino para la difusión del cristianismo en la corte de China. Sin embargo, fue el Padre Johann Adam Schall (1592-1666) quien, llegando a China en 1622 como misionero jesuita, captó rápidamente la atención de los funcionarios imperiales chinos gracias a su destacado conocimiento en astronomía y matemáticas. En 1645, el emperador Shunzhi de la dinastía Qing lo designó como director del recién fundado Observatorio Astronómico Imperial en Pekín. Schall von Bell, junto con otros misioneros jesuitas, emprendió la tarea de reformar y mejorar el calendario chino, introduciendo métodos y conocimientos astronómicos occidentales.

Una de las contribuciones más destacadas de Schall von Bell en este campo fue la refinación de las técnicas de predicción de eclipses. Al fusionar los conocimientos astronómicos y matemáticos europeos con observaciones detalladas realizadas en China, Schall von Bell y su equipo lograron pronosticar con mayor precisión la ocurrencia de eclipses solares y lunares.

El eclipse en la Ciudad de México en 1691

Un eclipse solar total que tuvo un impacto notable en la historia de la astronomía en México fue el que ocurrió el 23 de agosto de 1691. En este evento, el gran astrónomo y matemático mexicano Carlos de Sigüenza y Góngora, educado por los jesuitas y perteneciente por un tiempo a la Compañía de Jesús, dirigió su telescopio para observar el eclipse desde la Ciudad de México. Sigüenza y Góngora documentó cuidadosamente sus observaciones y su experiencia durante el evento, lo que contribuyó  al conocimiento científico de la época. Como expresó en una ocasión: “Yo, en ese ínterin, en extremo alegre y dándole a Dios gracias repetidas por haberme concedido ver lo que sucede en un determinado lugar tan de tarde en tarde y de que hay en los libros pocas observaciones, que estuve con mi cuadrante y anteojo de larga vista contemplando el sol.”

La labor científica después de la restauración

Las contribuciones de los jesuitas a la ciencia han continuado a lo largo de los últimos siglos en una amplia variedad de campos. Tras la supresión de la Compañía de Jesús en 1773 y su restauración en 1814, los jesuitas se reintegraron al trabajo científico. Desde 1824 fundaron 70 observatorios astronómicos, geofísicos y meteorológicos. Establecieron algunos de los primeros observatorios de América, Asia y África, y actualmente dirigen el Observatorio Vaticano.

Un caso que merece especial atención es el del jesuita Pietro Angelo Secchi, quien se convirtió en un pionero en el estudio de los eclipses solares, transformando nuestra comprensión de la corona solar y las protuberancias. Su meticulosa observación y análisis de los eclipses solares de 1851, 1860 y 1867 superaron con creces a sus predecesores, utilizando una variedad de instrumentos, desde espectroscopios hasta daguerrotipos, para recolectar datos detallados. A partir de estas observaciones, Secchi hizo descubrimientos fundamentales: reveló que la corona solar era una estructura compleja con distintas capas y temperaturas, y que las protuberancias solares no eran simplemente nubes de gas caliente, sino que consistían en plasma caliente y magnéticamente confinado. Estos hallazgos revolucionarios catapultaron la astronomía solar hacia nuevas fronteras. Secchi fue pionero en el uso de la espectroscopia y la fotografía para estudiar los eclipses solares, permitiendo la determinación precisa de la composición química de la corona y las protuberancias, así como la obtención de imágenes detalladas que antes eran inaccesibles. Su legado perdura en la astronomía moderna, donde sus descubrimientos y técnicas de observación continúan siendo fundamentales en la exploración de nuestro astro rey.

En las 133 universidades y más de 400 colegios jesuitas en todo el mundo los miembros de la Compañía siguen hoy activos en la ciencia y la investigación científica, como algo que no les es ajeno y donde pueden establecer relación con ambientes a veces alejados de la Iglesia. La raíz de todo ello se encuentra en la espiritualidad ignaciana que trata de encontrar a Dios en todas las cosas.

El eclipse en las universidades jesuitas

El eclipse solar del 8 de abril de 2024 fue visible en su totalidad en el norte de México, atravesando ciudades como Durango y Torreón. La Dra. Lorena Arias y el Dr. Gerardo Martínez Avilés, coordinadores del Centro Astronómico Clavius de la Universidad Iberoamericana Ciudad de México, se unieron a la Universidad Iberoamericana Torreón para establecer un punto de observación para la comunidad IBERO.

Además, las universidades del Sistema Universitario Jesuitas -el ITESO, IBERO Puebla y León- organizaron la observación de este fenómeno astronómico en sus respectivas instalaciones.

@Jesuitas_Mexico