Redacción Animal Político · 18 de mayo de 2024
En el marco del día de las maternidades libres y justas, ¿sabías que, de acuerdo con la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo de 2022, el 67% de las mujeres mexicanas son madres, y de ese por ciento, 11% son completamente responsables de la economía familiar? Estas cifras permiten vislumbrar el complejo panorama al que se enfrentan estas mujeres, madres y jefas de hogar, al ser parte de un sistema que no ha logrado brindar las herramientas necesarias para su día a día.
Para las madres trabajadoras mexicanas, maternar es un reto diario. Las exigencias hacia ellas continúan perpetuando prejuicios que como sociedad se han impuesto: la imagen de las madres todas poderosas que no se rinden ante la adversidad o una de las frases más comunes en la cultura latina “el amor de una madre es infinito”. Sin embargo, los retos que viven como responsables de familias monoparentales, no son iguales, ni se viven del mismo modo en la cotidianidad. Elementos, como la edad, el color de piel, el nivel de educación, la zona de residencia o la capacidad económica, son determinantes para que trabajar y maternar se convierta en un proceso que las sobreexplota física, mental y psicológicamente.
Para una mujer embarazada, basta con revisar los servicios prenatales y de maternidad ofertados para darnos una idea de los gastos que esto implica: Las citas al especialista (en caso de no contar con el seguro de trabajadora) van de $700 por consulta hasta los $30,000, por un paquete que incluya cuidado y atención durante el embarazo y posparto, gastos que aumentan en caso de ser necesaria una cesárea. Además, la atención médica del recién nacido y de la madre son una parte fundamental del cuidado, por poner un ejemplo, la consulta con un especialista pediatra cuesta aproximadamente $1,100.
Ahora bien, para sobrevivir en la Ciudad de México, cada persona necesita al menos $20,000 mxn al mes, suma que cubre necesidades básicas como renta, alimentación y pasajes, limitando el entretenimiento y bajo el supuesto de vivir en una zona que se considera de clase media. Estas cifras, visibilizan la realidad de las familias monoparentales en el país.
Según el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI), uno de los factores importantes para la inserción y estabilidad laboral, es la cantidad de hijos o hijas. En ese sentido, las mujeres con 3 o más descendencia difícilmente pueden mantener equilibrio entre ambos aspectos, contrario a las facilidades que existen para los varones quienes continúan trabajando habitualmente.
¿El Estado mexicano garantiza un nivel digno de vida y crianza para las madres jefas de familia? En la Ley Federal del Trabajo se establece que las mujeres embarazadas deben acceder a las prestaciones de ley y deben contar con los permisos necesarios para llevar su embarazo de forma correcta. Para ello, se les otorgan 6 semanas antes del parto y 6 semanas después de éste con sueldo íntegro. Sin embargo, después de este tiempo, las mamás deben hacer malabares entre su vida laboral, la maternidad y el trabajo doméstico.
Es así que conservar el empleo mientras se materna es difícil. Si en el país se trabajan en promedio jornadas de 8 horas por 6 días a la semana, queda poco tiempo libre para cubrir las responsabilidades que la maternidad exige. Esto último, orilla a las madres a conseguir empleos informales, que no ofrecen seguridad social ni prestaciones de ley, lo que las coloca en una posición de vulnerabilidad.
Es bien sabido que los primeros meses de crianza son complicados, el desgaste que representa para la madre no es menor. De acuerdo con diversos estudios, los bebés recién nacidos duermen de 16 a 20 horas diarias en lapsos de dos a tres horas. Esta falta del descanso continuo producido por las noches de desvelo y pocas horas de sueño, repercute en la salud, creando una sensación continua de fatiga, falta de concentración, irritabilidad y estrés. No será hasta después del año y medio que las y los recién nacidos logren dormir una noche completa, entonces, el nivel de exigencia dentro y fuera de casa puede causar estragos permanentes en la salud de las madres.
¿Qué pasa en los demás aspectos de la vida de aquellas mujeres que se vuelven madres? Es necesario continuar visibilizando las problemáticas que el sistema ha perpetrado hacia las mujeres que ejercen su maternidad. Es indispensable que nuestras madres, responsables de familias cuenten con un ingreso mensual equivalente al menos a 3 salarios mínimos para sostener una vida digna, horarios flexibles de trabajo para cuidar de su bebé y asegurar la atención médica necesaria. Que se les garantice el acceso a estos servicios es el primer paso para combatir la falsa idea del “sacrificio por amor” y el estereotipo de la madre “superheroína” o mal llamada “luchona” que todo lo puede.
* Katya Michel Maestro Huerta es colaboradora del Centro de Derechos Humanos Fray Francisco de Vitoria A. C. (@CDHVitoria).