Jacarandas andantes

blogeditor · 15 de marzo de 2022

Jacarandas andantes

Creo que fue evidente para todos que el 8 de marzo se llenaron las calles de morado, de miles de mujeres que dejaron el miedo atrás y se sintieron confiadas de marchar junto a sus amigas, hermanas, tías, mamás y un montón de extrañas que, en ese momento, dejaron de serlo. Estaban juntas en una lucha de todas, en un reclamo de justicia, en busca de los derechos básicos; la confianza, la paz, la dignidad, la libertad. Los derechos de un ser humano, simplemente… ser humano.

Se demostró que aún con el miedo que se trató de infundir… no fue suficiente para detener esta avalancha de jacarandas en las calles.

Y me gusta pensar en cómo estas jacarandas desde siempre han estado en movimiento. A veces no es fácil; a veces uno se topa con pared; a veces, los pasos son muy cortos, pero siempre, siempre hay movimiento.

Pienso en ese movimiento que se ha logrado en el día a día, esos pequeños logros que parecieran imperceptibles, pero día a día se van sumando para tener logros a gran escala.

Hablo de esos momentos en casa; en los que las mujeres han podido decir en fuerte que no quieren tener hijos, que no se quieren poner falda, que les gustan cosas distintas. Se atreven a aceptar frente a su familia que están cansadas, a decir que no son perfectas, se han atrevido a enfrentar un estereotipo que tenían tatuado.

Poco a poco veo entre mis amigas, vecinas, conocidas esa apertura a hablar de temas de los que antes no se hablaba, a hablar de sexo, de menstruación, de sueños, de deseos.

Yo recuerdo aún que cuando era niña (no hace tantísisisisisimos años, eh) al abrir una toalla femenina en el baño, se buscaba no hacer ruido para que nadie notara que “estabas en tus días”, que hablar de menstruación con un hombre daba pena, que si tu papá se enteraba era horrible, que si te manchabas por error era el suicidio social.

Esas cosas me hacen sentir que ya hemos dado pasos gigantes; gracias a esas mujeres que levantaron la voz y dijeron que era normal, a esa mujer que le explicó a su hija que no pasaba nada si se manchaba. Me siento feliz de que las niñas pueden hablar de toallas, de productos, de copas menstruales sin pena, porque no tendría razón tenerla.

Aprovecho este espacio para reconocer a todas esas mujeres que no lo saben, pero están moviendo las cosas; están escuchándose a sí mismas, escuchando a las demás, decidiendo por sí mismas, creando, cambiando de opinión, informándose, mujeres que tal vez no fueron a marchar el 8 de marzo, pero marchan día a día por medio de su trabajo, de su familia, de su apoyo constante.

Gracias a ellas los roles de género se están borrando, se puede aceptar que una mujer quiera una caja de herramientas y odie cocinar, las niñas pueden jugar con cochecitos, ser fuertes, y no solo usar “rosa”.

Gracias a las que se atrevieron a decir: “¡basta!, ¡mi cuerpo no tiene que ser como dicen los demás!, es perfecto como es”; a la primera que levantó la mano y le hizo saber al mundo que aceptaba sus canas. Gracias a ellas es que todas las mujeres, sin importar edad, se pueden sentir más tranquilas de aceptar su cuerpo, sin pelearse con él.

Gracias a esas mujeres que rompieron el silencio, que hablaron de cosas de las que antes estaba prohibido, a aquellas que se atrevieron a denunciar el acoso, el abuso, las que se atrevieron a decir no, las que decidieron ser diferentes, las que enfrentaron burlas por serlo, pero aun así lo siguieron siendo.

Gracias a ellas hoy hay más espacios para hablar, más oportunidades de cambio.

Gracias a esos pequeños movimientos, nos hemos hecho escuchar, ya se han logrado muchas cosas a nivel global, las marcas tuvieron que entender también, las empresas, las instituciones, la comunicación ha cambiado.

Todavía falta mucho, muchísimo, pero todas, cada una desde su lugar y su momento, seguiremos en este continuo movimiento… como jacarandas andantes.

@LexiaGlobal