blogeditor · 12 de agosto de 2011
“Muy fácil criticar desde afuera
los que no conocen los demonios internos
de otras personas”
Amy Winehouse
Y que se nos muere la Amy, aún no dicen de qué y ya todo el mundo asumió que por un pasón…
Qué fácil es asumir cosas, criticar y señalar en los demás lo que nuestra doble moral nos dicta que es una debilidad.
Se burlaron de que caminara por SU vida cayéndose de borracha, de drogada, escondida por los rincones cuán pobre muñeca fea; pero Amy seguro tenía sus días en que le habría gustado comerse el mundo y otros en que el pensamiento le rodaba sin cesar, en que sólo deseaba encontrar el interruptor para bajar la intensidad; agotado y derrumbado hasta que ya no dio para más.
Las adicciones y la depresión son padecimientos mentales, desequilibrios bioquímicos cerebrales, no hay más, no deberíamos verlo con tanta moralina; los otros, los poseedores de las reglas, los que ponen las condiciones del buen vivir (es decir, el resto) son adictos a las garnachas, al café, al cigarro, a la coca cola, al trabajo, a mentirse a sí mismos y vivir a medias; se acaban el hígado, el páncreas, los pulmones, los riñones, el corazón, y sí, también el cerebro… pero se piensan tan sanos; no son objeto de censura sino sujetos que censuran, que castigan con severidad la “fragilidad emocional” y a quienes no se “saben controlar”. Que con sus propios miedos señalan lo que no quieren ver en sí mismos.
¿Y ellos qué controlan en este mundo si no se saben ni controlarse a sí mismos? Es la idea de creer que controlan, de querer controlar y medir al otro bajo sus propios parámetros lo que está muy jodido.
Y luego las voces no cesan de decirle: “Amy eres muy floja, ¿no quieres trabajar?, ¿pretendes eternamente ser una mediocre?, ¿por qué no produces como desquiciada si eres tan talentosa?, ¿qué no dices que te duele? ¡Produce!, ¿pero miedo a qué, Amy?”.
Todos tenemos miedo porque todos tenemos ego, algunos somos más conciente que otros. El mundo demanda cordura y respuestas como si nada pasara; para el mundo nada pasa, la parte que tacha de negativa de lo emocional se banaliza y cae en el ridículo de la cursilería; está loco, es adicto, es borracho, no es productivo, no sirve. Aunque en el mundo de Amy todo pasaba.
De pronto las ideas fluían de manera incontrolada haciéndole ver lo miserable que era el mundo entero, sobretodo ella, lo inútil, lo inservible, lo lejana que estaba la felicidad… ¿Cuál felicidad? No había tal. Las alegrías eran pocas, pero dejaban siempre ese sabor de boca metálico que precede a un ataque de angustia.
A veces no le decían nada, ni bueno, ni malo, y eso era peor, el hilo del dolor que la conducía al desaparecer la hacía verse en el abismo y no sentir nada, había perdido hasta el sentido de la miseria. La desconexión con lo exterior era mucho más agobiante.
La eterna llovedera, afuera y adentro, la humedad lo cubría todo enmoheciendo hasta las paredes de su alma. Había mañanas en que tan sólo sostener su humanidad le dolía, y no por borracha, era el dolor infinito de vivir, de sentirse hundida en la desesperación, en la angustia, el peso de la melancolía que agota y deja inerte.
¿Y de qué valía la pena tratar de justificar ante todos la perenne derrota emocional si siempre asumirán que estaba borracha o drogada? Y claro, que siempre era culpa suya, porque en este mundo construido de culpas siempre hay que tener a la vista al más frágil para señalarlo. Si comprendieran que en estas condiciones tan solo el mantenerse respirando requiere de suma fortaleza jamás osarían en llamarla débil o frágil.
La noche para muchos es una fuga, duele o es placentera, a veces ambas y a momentos simultáneas. Hay quienes viven de noche y hay para quienes nunca amanece, para Amy seguro era de esas, tenía años sin exponer su alma de frente a la luz, ¿para qué si ya todo estaba perdido?
Su muerte era cuestión de tiempo, morir a la edad de los mitos para escupirles en la cara el talento y la adicción que le explotaron, seamos honestos, no era la talentosa de Amy; era la drogadicta de Amy, un gran y raro talento desperdiciado. Así la veían, como un gran desperdicio que en su momento llenó de billetes a quienes de ella vivían.
They tried to make me go to rehab, but I said no, no, no…
No hay salud sin salud mental, tratar de vivir con depresión es como ir con la vida acuestas luego de pasarla por agua salada. Tengo desde la muerte de Amy Winehouse (la cual no sé si me afectó, pero me pareció doloroso leer tanto comentario de mierda) tratando de terminar todo lo arriba escrito. ¿Cuántas semanas van hasta hoy: dos, tres? Ya lo he olvidado, no he podido terminar, semanas tratando de hilar una idea tras otra; algunos días escribir es algo tan natural como caminar, pero por ahora soy una inválida y voy a enviar esto con plena conciencia (por lo menos una) de no saber ni cómo lo he de terminar, si tiene pies o cola, y con una simple certeza: muchas mañanas esa Amy también soy yo.
Los locos somos los otros, los que vivimos fuera de la norma, de la aplastante normalidad creada para someter los juicios a las representaciones de lo que creemos que debe ser, y ni siquiera nos detenemos a analizar.
A lo mejor es cierto, yo para el mundo estoy loca y seré un ser inútil, poco productivo y menos redituable, claro yo no tengo el talento de Amy para llenarles las bolsas de lana a los productores.
Todo esto es posible, ahí en el expediente dice: Trastorno Bipolar I, eso dicen ellos, tampoco tendría porqué ocultarlo no me causa el menor bochorno, si somos cerca del 7.4% de la población que padece depresión, la incidencia se da en doble proporción en las mujeres que en los hombres, y la depresión bipolar afecta al 1.8% de la población en México. Según cifras se sabe que puede ocasionar disminución del desempeño laboral hasta de un 40% y ausencias laborales de 14 días por año. Sound familiar to my familia.
La Organización Mundial de la Salud (OMS) ha señalado que la depresión será la segunda enfermedad discapacitante en el mundo para el año 2020. En el año 2006, la Federación Mundial de la Salud Mental llevó a cabo el estudio en el que resultó que dos de cada diez jóvenes padecen alguna enfermedad mental en el mundo, pronto dejaré de contarme entre los jóvenes, si es que no entre los vivos, con nosotros los locos nunca se sabe.
De acuerdo con la OMS misma, México debería destinar el 10% del presupuesto federal a atender las enfermedades mentales, actualmente dicho porcentaje es apenas superior al 1%, también recomiendo que se impulse al sector de especialización en atención psiquiátrica, el desabasto es impresionante. Ergo de medicación, de investigación, etc, etc…
Lo peor es no ser desdeñados de recibir la atención debida por el estigma, el prejuicio y la falta de educación en torno a los trastornos mentales.
Hoy, finalizada la primera década del siglo XXI, aún las sociedades no están preparadas para afrontarlos, cuando debido a los altos índices de violencia, consumo de drogas y estilo de vida convulsionado que viven las sociedades alrededor del mundo, signadas por los veloces avances de la tecnología y lo altos niveles de competitividad, se vuelve el caldo de cultivo perfecto para reforzar los catalizadores exógenos que producen estos trastornos.
Si llego hasta aquí, no lo sé, a la gente no le gusta leer cosas así, me lo han dicho muchas veces; tómese un minuto y piense: ¿cuántas cosas de las que hace durante su jornada no están sujetas al juicio de la normalidad y si está del todo de acuerdo con sujetarse a ese juicio?
Luego me juzga, porque le será inevitable emitir un juicio aunque no me lo responda.
Yo mientras les dejo un video de Amy, mi canción favorita, no sé cuándo vuelva, cuando se me dé mi gana si es que la gana me da, eso seguro…