blogeditor · 5 de marzo de 2021
El 8 de diciembre de 2020, una mujer de 91 años del Reino Unido fue la primera persona del mundo de recibir una vacuna contra el Covid-19 como parte de un programa de vacunación masivo –curiosamente, la segunda persona en recibirla fue un hombre de 81 años llamado William Shakespeare— después de casi un año de que iniciara la pandemia en Wuhan, China. Desde ese histórico día, varios países han lanzado sus propios programas de vacunación y han tomado caminos radicalmente distintos. Mientras que en Estados Unidos ya se han administrado más de 48 millones de dosis, equivalente a 14.6 por ciento de su población1, México apenas ha logrado administrar poco más de 724 mil dosis, lo cual sólo representa al 0.56 por ciento de la población.
Sin embargo, existe otro par de países que ilustra de forma aún más aguda esta disparidad de vacunación entre los países ricos y pobres, entre el centro y la periferia, los “primermundistas” y los “tercermundistas”: Israel y Palestina.
El éxito israelí
Israel inició su programa de vacunación el 19 de diciembre, con la modesta cantidad de 58 dosis. Pero este número no tardó en crecer exponencialmente, pues para el 14 de enero más del 20 por ciento de su población ya había recibido por lo menos una dosis de la vital vacuna. Para el 10 de febrero 3.7 millones de personas, o 42.5 por ciento de la población, habían recibido por lo menos una dosis, de los cuales 2.33 millones, o casi 27 por ciento, ya habían completado el esquema de vacunación y recibido ambas dosis.
Sin duda alguna, Israel ha demostrado ser un caso de éxito en la lucha contra el Covid-19. Es cierto que Israel tiene una ventaja natural, al ser un Estado pequeño tanto en términos geográficos como poblacionales2. Aun así, existen muchos otros países que comparten estas características y que no han logrado inmunizar a su población a este ritmo, lo cual subraya el éxito del programa israelí. En parte, dicho éxito se le ha adjudicado a su sistema de salud pública, el cual está altamente digitalizado y requiere que todos los ciudadanos mayores de 18 años se registren con agencias de seguros vinculadas al gobierno. Además, el gobierno sugirió desde diciembre la posibilidad de un “pasaporte verde” para quienes se hayan vacunado contra el Covid, permitiéndoles asistir a restaurantes y eventos culturales, así como el derecho de no entrar en cuarentena después de estar expuestos a una persona diagnosticada con el virus.
Por otra parte, hay que recalcar que este programa de vacunación tiene también una dimensión política. El primer ministro israelí, Benjamin “Bibi” Netanyahu, se enfrentará a la cuarta elección en los últimos dos años el 23 de marzo. Netanyahu, quien ha liderado el país desde 2009 y ha sobrevivido una serie de escándalos políticos y acusaciones de corrupción, tiene un gran incentivo para lograr la inoculación del mayor número de ciudadanos israelíes posible antes de la elección y regresar al país a una cierta medida de (nueva) normalidad, llevándose el crédito en el proceso. Es posible que está estrategia esté rindiendo frutos, pues el primer ministro y su partido conservador, Likud, mantienen su ventaja en las encuestas, aunque probablemente necesitarán forjar una coalición para alcanzar una mayoría en el Knesset o parlamento.
Palestinos a la deriva
Como suele ser el caso en la región, Palestina3 es la cara de la moneda opuesta a Israel. La campaña de vacunación israelí sí ha llegado a territorio palestino. Mas dichas vacunas no han sido destinadas a los cinco millones de palestinos que viven bajo la ocupación4 de Israel en Cisjordania y la Franja de Gaza, sino a los colonos israelíes que viven en los grandes complejos habitacionales construidos en Cisjordania, fuera de las fronteras formales de Israel5.
No obstante, existe una excepción: los palestinos que habitan en Jerusalén Oriental. Dado que cuentan con el estatus de residencia israelí, los palestinos que viven en la zona este de la ciudad (y por lo tanto pagan impuestos israelíes) tienen acceso a la infraestructura de salud de Israel, incluyendo la campaña de vacunación. Asimismo, el personal de salud que trabaja en los hospitales palestinos de dicha área tiene derecho a ser vacunado, muchos de los cuales provienen de otras partes de Cisjordania y Gaza. El resto de la población palestina deberá esperar.
¿Quién tiene la responsabilidad?
Un factor que ha complicado los esfuerzos por iniciar una campaña de vacunación masiva en Palestina es la falta de claridad sobre si debe ser el estado de Israel o la Autoridad Palestina quien se haga responsable. En un discurso al Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas, el Ministro Exterior de la Autoridad Palestina, Riyad Al-Maliki, acusó a Israel de no proveer vacunas para el pueblo palestino que vive bajo su ocupación, negando su obligación de hacerlo. El embajador israelí a las Naciones Unidas, Gilad Erdan, respondió que Israel no tiene tal obligación, puesto que, bajo los Acuerdos de Oslo de 1993 entre Israel y Palestina, la Autoridad Palestina es la encargada de proveer servicios de salud para sus ciudadanos, incluyendo las inmunizaciones.
A pesar de este escenario tan inhóspito, no todo está perdido. Actualmente, Israel planea proveer 1,000 dosis de vacunas para trabajadores de salud palestinos en Cisjordania; si bien esta cantidad palidece ante una población total de 5 millones, podría representar el comienzo de una cooperación significativa entre las autoridades israelíes y palestinas. Además, varios expertos en salud israelíes han opinado que la inmunidad en Israel no estará completa hasta incluir a la población palestina, y algunos funcionarios israelíes han declarado que el gobierno considerará inmunizar a los palestinos una vez que todos los israelíes hayan sido vacunados.
Ciertamente, en una región que ha estado marcada por el conflicto desde hace más de 70 años, se antoja casi imposible que Israel y Palestina puedan cooperar para vacunar a toda la población de ambos Estados. Más allá de responsabilizar a su contraparte, es esencial que tanto israelíes como palestinos asuman la propia. Israel por ser un Estado ocupante de territorio palestino desde hace cinco décadas, debe velar por el bienestar de las personas que, si bien no son sus ciudadanos, están bajo su tutela. La Autoridad Palestina, al ser el gobierno representante del pueblo palestino, debe continuar sus esfuerzos de coordinación con la Organización Mundial de la Salud a través del programa Covax. Sin ambas partes, la región no tiene oportunidad contra el virus que devastó al mundo entero.
1 Si bien Estados Unidos es el país que más dosis ha aplicado hasta el momento, el lanzamiento de las vacunas se quedó corto de las proyecciones federales ya que la vacunación se realizó de forma desigual entre los estados.
2 Para poner esto en perspectiva, Israel cuenta con un área de 21,937 km2 (sin incluir los territorios ocupados de Jerusalén Oriental y los Altos del Golán) y una población de 8.78 millones, lo cual significa que es más pequeño y menos poblado que el Estado de México.
3 Oficialmente el Estado de Palestina, cuenta con el reconocimiento de 138 Estados miembros de las Naciones Unidas y ha sido un observador permanente en la Asamblea General desde 2012.
4 El territorio palestino de Cisjordania ha estado ocupado por Israel desde 1967 como resultado de la Guerra de los Seis Días. La Franja de Gaza ha estado bajo un bloqueo israelí desde 2007, resultando en escasez de recursos médicos.
5 En 2004, la Corte Internacional de Justicia concluyó que los asentamientos judíos/israelíes en territorio palestino eran ilegales. El gobierno israelí argumenta que los asentamientos se apegan al derecho internacional, y busca aplicar la soberanía israelí en esos territorios.