blogeditor · 11 de marzo de 2022
“El cerebro humano es el único recipiente que tiene la característica
de tener mayor capacidad en tanto más se le introduce”.
Glenn Doman
Dueña de una pluma particularísima, que combina a dos tonos sutiles imágenes poéticas con la concreción de una historia poderosa, Daniela Tarazona —autora de la célebre “El animal sobre la piedra” y de la espléndida “El beso de la liebre”, novela con la cual quien esto escribe se incluyó por primera vez entre el grupo de sus lectores— ha publicado el que hasta el momento es, con mucho, su libro más personal. Una historia en la que el cerebro es el personaje central y la isla que semeja su estructura el leit motiv sobre el que la autora desarrolla una trama que irremediablemente dejará al lector reflexionando sobre la identidad propia y sobre la complejidad que rige las respuestas de nuestro organismo.
Entre otras cosas, “Isla partida” habla sobre electricidad, la electricidad de nuestros cerebros, aquella que, como lo decíamos durante la entrevista que sostuve con Daniela para el Inspiria que conduzco en Ibero 90.9, se transmite a lo largo y ancho de la corteza, los nódulos y la inmensa red neuronal que poseemos mediante una especie de minúscula palanca que puede marcar on/off y, en casos excepcionales como el que se narra en el libro, generar tal cantidad de corriente que uno podría pensar que las ideas y, naturalmente, la percepción del mundo y la existencia se sobrecalientan. Aún bajando la palanca, la corriente fluye ininterrumpidamente en forma de un zumbido (así podría imaginarlo el lector obsesivo) que tan solo cambia de intensidad y brillantez, pero sigue ahí permanentemente. La isla partida de Tarazona, cruzada por una corriente que crepita permanentemente.
Autobiográfico y en ese sentido profundamente introspectivo, el eje que habita uno de los dos polos de la isla partida que muestra la historia nos ofrece anécdotas y testimonios vivenciales que pueden o no mover al lector a cierta identificación, pero que en ningún momento permiten indiferencia. El otro flanco nos muestra una serie de imágenes concretas del cerebro de la autora que en sí mismas son poderosas y enriquecen el viaje a través de esta trama acerca del “yo” más profundo.
“Abres la puerta de la casa. La luz marca el pelambre de la alfombra gris en la sala. Ella se fue. En la cocina, revisas el bote de la basura y compruebas el desayuno; las cáscaras de huevo descansan sobre restos de verduras pudriéndose. El aire guarda olor a agua hervida, encuentras encendida una hornilla, la parrilla arde al rojo vivo”. Así como el arranque de la novela, el resto de la historia nos envolverá paulatinamente en una serie de imágenes que, superpuestas, construyen una realidad contada de forma aparentemente mansa, reposada, que terminará por sumergirnos en un intenso viaje existencial.
Nada escapa al ojo atento que emplea Daniela Tarazona para compartirnos esta historia tan propia. Desde una escritura llena de fuerza lírica, “Isla partida” nos invita a asomarnos a una narración que, hablando de una experiencia ajena, nos refleja y en último término, nos coloca ante nuestra fragilidad.