Intervencionismo positivo en la naturaleza: plantas vs cabras

blogeditor · 19 de octubre de 2022

Intervencionismo positivo en la naturaleza: plantas vs cabras

Recientemente se ha dado un incremento en la investigación teórica, llamada “biología del bienestar” y destinada a analizar la calidad de vida que llevan los animales en los ecosistemas para examinar si tienen más fuentes de dolor o de satisfacción 1 y así determinar —en ciertos casos— la posibilidad o pertinencia de realizar intervenciones positivas en la naturaleza; esto es, intervenciones que busquen mejorar el bienestar de estos animales (en contraposición a la intervención negativa, que tiene como resultado neto un daño hacia los individuos). 2 Así, si en general la “están pasando” más mal que bien, se los podría auxiliar en ciertas situaciones. Para algunos profesionales de las áreas implicadas esto es una mala idea: en primer lugar, aceptan lo que se ha llamado visión idílica de la naturaleza, 3 según la cual los animales viven lo mejor posible estando en condiciones silvestres; en segundo lugar, consideran que entrometerse en la dinámica natural de los ecosistemas, aun con buenas intenciones, podría acarrear más problemas de los que resolvería. 4

Un caso en la Isla de San Clemente, al sur de California, respecto a un grupo de cabras ferales y ciertas plantas endémicas ejemplifica bien este problema. En 1977, en Estados Unidos, cuatro especies de plantas nativas fueron incorporadas a la Ley de Especies en Peligro de Extinción (Endangered Species Act); de ellas dependen otras tres en la misma situación —dos de aves y una de lagartijas—, todas amenazadas por la creciente población de cabras que estaba degradando el ambiente. En 1979 se propuso remover a las cabras, por lo que la Marina estadounidense se encargó de retirar 16 mil 500 individuos de esta especie; sin embargo, hubo tres mil que quedaron dispersas entre los cañones, y debido a la dificultad de encontrarlas, se planeó matarlas disparándoles desde helicópteros. Esto fue impedido por la Fund for Animals, que solicitó permiso para capturarlas y reubicarlas en otro lugar del país. Sin embargo, hasta 1990 el problema persistía y se terminó matando a los individuos restantes, ya que se temía que se reprodujeran rápidamente y repoblaran la isla. Como resultado, se estima que se mataron 27 mil cabras y se transportó de forma segura a cuatro mil. 5

Como se puede anticipar, el intervencionismo positivo genera grandes complicaciones y conflictos con otras posturas, en particular con las teorías éticas ambientalistas, lo cual puede ser a primera vista contraintuitivo. 6 Como se ha descrito desde hace algunos años, 7 hay un punto donde ciertas éticas animales y ambientales se encuentran en un conflicto en el estado de cosas que les interesa procurar —sea el bienestar animal, la conservación de la vida de los individuos, la salud del ecosistema, etcétera—, ya que velar por los intereses de los individuos en particular puede terminar afectando a los ecosistemas en general. En el caso de la Isla de San Clemente, la preocupación se encontraba en preservar a las especies sujetas a protección especial de la depredación de las cabras por los medios que fueran necesarios, ya que se buscaba mantener la salud del ecosistema, a pesar de que los medios elegidos para hacerlo terminaran por matar a miles de seres sintientes.

Este tipo de problemas se suele presentar cuando una especie exótica altera la dinámica natural del ecosistema. Esto termina por dirigir un sentimiento de rechazo de parte de los humanos hacia estas especies fuera de su distribución natural, considerándolas “plagas”. Sin embargo, hay que subrayar que estos individuos no se dispersaron de forma espontánea, sino por causas humanas —hayan sido intencionales o no—, por lo que la responsabilidad de todas las consecuencias negativas no recaería sobre dichos organismos sino sobre el ser humano y su descuido o la mala planificación de sus actos.

Respecto a las críticas que se le han hecho a la postura de las intervenciones positivas, hay que evitar caer en una tergiversación y entenderla un poco más a fondo. La asistencia a la que se refieren sus principales defensores son acciones, y así lo suelen describir, modestas y basadas en conocimiento sólido, por lo que no hay que imaginar que se trata de entrometerse a diestra y siniestra en todos los ecosistemas naturales y terminar anteponiendo el bienestar de los animales sobre el de otras especies no sintientes o el del ecosistema mismo. La propuesta es tomar decisiones que consideren los intereses de todas las especies por igual, sean nativas o exóticas.

Así, se sugiere emprender esfuerzos por establecer campañas de asistencia a animales heridos por fenómenos naturales o factores antropogénicos, reubicar animales no nativos, e incluso vacunar especies que estén siendo diezmadas debido a alguna infección. 8 Todo esto, no por sentimentalismo o para emprender esfuerzos vanos ante situaciones inevitables, sino porque muchos de estos animales pueden ser beneficiados con pequeñas acciones que nos cuestan poco, sin mencionar que muchos de los efectos negativos que sufren son consecuencia directa de nuestras acciones contra el medio ambiente.

* Ricardo Vega es biólogo de carrera y actualmente estudiante del Doctorado en Filosofía de la UNAM. Le interesan la ecoética y la zooética, así como los temas en los que ambas se encuentran. Jaqueline Alcázar Morales es doctora en Ciencias en el área de Bioética de la Facultad de Medicina de la UNAM. Es profesora de asignatura en las facultades de Ciencias y de Estudios Superiores, Acatlán. Su área de especialización es Bioética y Ambiente. Contacto: [email protected].

 

Las opiniones publicadas en este blog son responsabilidad únicamente de sus autores. No expresan una opinión de consenso de los seminarios ni tampoco una posición institucional del PUB-UNAM. Todo comentario, réplica o crítica es bienvenido.

 

1 Villamor Iglesias, A. (2018). “The overwhelming prevalence of suffering in nature”. Revista de Bioética y Derecho, 42.

2 Faria, C. y Eze P. (2019). “It’s Splitsville: Why Animal Ethics and Environmental Ethics Are Incompatible”. American Behavioral Scientist, 63, (8), 1047–1060.

3 Horta, O. (2017). “Refutando la visión idílica de la naturaleza”. Alexandra Navarro y Anahí Gabriela (eds.). Es tiempo de coexistir: Perspectivas, debates y otras provocaciones en torno a los animales no humanos. (161–180) La Plata: Editorial Especializada en Estudios Críticos Animales.

4 Torres, M. (2015). “The case for intervention in nature on behalf of animals: A critical review of the main arguments against intervention.”: Beyond Anthropocentrism, 3, (1), 33–49.

5 Jamieson, D. (2008). “The value of nature.” Ethics and environment: An introduction (145–180). Cambridge University Press.

6 Faria, C. (2012). “Muerte entre las flores: el conflicto entre el ecologismo y la defensa de los animales no humanos.”Viento sur: Por una izquierda alternativa, 125, 67–76.

7 Callicott, J. B. (1980). “Animal liberation: A triangular affair”. Environmental ethics, 2, (4), 311–338.

8 Ética Animal. (2020). Introducción al sufrimiento de los animales salvajes, Ética Animal. Disponible aquí.