Intentar entender qué ocurre: de Brasil al mundo

blogeditor · 24 de junio de 2013

Intentar entender qué ocurre: de Brasil al mundo

Dilma Rousseff pasó el día preparándose

para intentar entender qué ocurre.

 

No sé si sea cierto, pero tampoco importa. Es la imagen que mejor lo explica todo: Dilma pasó el día preparándose para intentar entender qué ocurre. O como lo tituló el diario El País: “Las protestas masivas dejan a Brasil perplejo”.

Perplejo ← el mejor calificativo.

#YoConfieso que Brasil me trae la cabeza revuelta. Llevo días leyendo crónicas, reportajes, análisis… para entender un poco no sólo qué sacó a la gente a las calles, sino qué las mantiene ahí. Y cómo se organizan. En el fondo: entender cómo se complementan las redes sociales (las físicas y las del ciberespacio) para tejer un entramado que se sostenga en el tiempo. [Aunque los tiempos hoy siempre terminan siendo efímeros, que la eternidad ya se mide a golpe de tuitazos].

Desde que comenzaron los movimientos entre juveniles y de la sociedad civil, en diferentes partes del mundo (vagamente agrupados en categorías de “indignados” o “encabronados”), ha corrido mucha tinta para tratar de explicar qué sucede.

¿Por qué las movilizaciones? ¿En contra de quiénes? ¿Qué estructuras tienen estos nuevos movimientos? ¿Qué liderazgos? ¿A qué intereses responden? ¿A qué fines sirven? Y desde las lógicas aún modernas del análisis lineal, casi todos llegan a la conclusión (pasado un tiempo) de que los movimientos terminan “desinflándose” y la inercia de transformación termina cooptada por fuerzas tradicionales (la religiosa conservadora, como ha sucedido en algunos de los países en que hubo la “Primavera Árabe”; los movimientos más radicalizados, como sucedió en México con el #YoSoy132; los grupos de derecha, a quienes se acusa de querer aprovechar la movilización más desjerarquizada en Brasil; etc.).

Me gusta, sin embargo, que ante los recientes sucesos en Brasil nos estamos topando con alguna prensa más moderada. Y con plumas menos afirmadas. Antes de dictaminar la muerte del sistema frente a la “protesta de los jóvenes” (siempre le he temido a las clasificaciones tan lapidarias), estamos viendo que se resalta la duda ante las razones detrás de las movilizaciones, la perplejidad frente a la duración de las mismas, el reconocimiento de la necesidad de nuevas categorías para el análisis en movimiento. Brasil cruje. ¿O será que todos crujimos?

Ya les había dicho → perplejo ← el mejor calificativo.

Desde el punto de vista comunicacional vale la pena insistir en la forma en que parecen estar cambiando los valores de visibilidad. Porque la organización no queda en las redes, o en la protesta desde el subterfugio. En el caso de Brasil hemos visto, incluso, cómo hay una plena conciencia de las cámaras que cubren la Copa Confederaciones. Y la fiesta visual se explaya a manera de carnaval, como bien recrea este interactivo del New York Times.

“Un monstruo salió a la calle, y ese monstruo se llama opinión pública”.  Y sí, un monstruo que también YouTubea: No, I’m not going to the world cup. Un monstruo que se sostiene sobre una clase media activada, pero que también se reconoce hija de varias tendencias narrativas, una no menor: la de la inclusión social promovida, sobre todo, por el ex presidente Lula,

Los valores de visibilidad, el entretejido en red, el entramado de los dispersos, la democratización de las filtraciones, la conciencia mediática, la irrupción estética. Estamos ante nuevos retos de los flujos y de las redes. Obligados a desaprender.

Y aprovechando que escribo en este portal, Animal Político, y que los que nos hospedan formaron “ALiados, red de medios digitales de América Latina”, estaría muy bien que se armara un entramado de intercambio narrativo y de investigación sobre lo que en nuestros países está sucediendo en materia de protesta, visibilización y reto al sistema (y a sus cabezas). No sólo una suma de casos, sino un entramado que busque posibilidades de unión significativa.

Mientras esto sucede, yo sigo abrazando el calificativo “perplejo”. Y sigo reconociendo que a pesar de las similitudes entre tanto movimiento en el mundo (ya lo decían Moisés Naím y Mauricio Meschoulam, entre otros), aún andamos en búsqueda de mejores referentes para su comprensión.

Y sí, obliga voltearnos a ver también desde la comunicación.