Inteligencia artificial vs pendejez natural

Redacción Animal Político · 30 de mayo de 2025

Todo mundo anda sudando frío porque la inteligencia artificial ya nos alcanzó. Que si va a dejar sin chamba al ilustrador freelance, a la psicóloga, al comunity manager del Instagram o hasta al pobre profe que apenas le agarró el pedo al Zoom…

Andan muy de “ay, mana, son cosas como del diablo” y me parece que el enfoque está limitado y pendejo, porque si te quedas sin chamba, será más que nada  porque no abriste tu mente a nuevas posibilidades y a APRENDER a usar las nuevas tecnologías como las súper herramientas que son, en lugar de quejarte (y cagarte del miedo).

Pero hay algo más grave que nadie está viendo y que sí está súper cabrón, y es que la IA nos está dejando sin agua. Y no en sentido figurado. En plan -más rápido que inmediatamente- no vas a tener ni pa’ la cruda, chuli.

O sea: cada vez que tú, en tu soledad de jueves por la noche, le pides a la IA que te escriba una carta para el ex que ya superaste (pero not really), se activa un centro de datos que se calienta más que Acapulco en octubre. ¿Y cómo lo enfrían? Pues con agüita fresca. Así de simple. Así de brutal.

Dato mata choro:

  • Un solo entrenamiento de un modelo de lenguaje como ChatGPT puede usar hasta 700,000 litros de agua.
  • Google y Microsoft se aventaron más de 8,000 millones de galones de agua en 2022 solo para mantener sus servidores bien perfumaditos.
  • Cada 20 a 50 interacciones con una IA = aproximado un litro de agua (Fuente: Universidad de California).

Mientras tú generas tu versión anime para Tinder, en la Sierra Tarahumara hay comunidades donde una cubeta de agua es oro líquido. Pero tú tranqui, que tu selfie con glitter digital quedó divine.

Las empresas tech juran que son bien verdes, bien sostenibles, bien “eco”. Y tú, como buena mortal aspiracional, te lo tragas con todo y hashtag. Pero nadie —ni Zuckerberg ni Musk ni tu gurú espiritual del bienestar digital— te cuenta que lo que estás usando es agua embotellada en forma de datos.

¿Y sabes qué es lo más cabrón? Que aquí no se trata de buenos contra malos, ni de Matrix ni de Skynet. Esto es México, güey. Donde la mitad del país está en sequía extrema y la otra mitad está esperando que “llueva tantito”, como si eso fuera política pública.

Así que, por si te interesa no morir seca, pero bien rankeada en LinkedIn, aquí va la:

GUÍA RUFIANA PARA NO HACERTE PENDEJA CON LA IA

  1. Ubícate digitalmente: si lo que vas a pedirle a la IA no es urgente ni vital, mejor guárdate la duda. El planeta no necesita saber cómo te verías si hubieras nacido en Corea del Sur versión reguetón.
  2. Pregúntale a tus neuronas, no al algoritmo: tu intuición también tiene Wi-Fi. Deja de tercerizar tu criterio.
  3. Pide transparencia hídrica YA: las empresas de IA deberían publicar cuánta agua usan, dónde y cómo la recuperan. Que no te vengan con que “la nube” es abstracta. La nube tiene tubería, y la estás pagando tú.
  4. Corre la voz como si fuera chisme sabroso: el agua se acaba y nadie se está enterando. Comparte, plática, incomoda. Que tu siguiente cita en el café sea para hablar de esto, no de tu nueva terapia de 20 bucks al mes que te hace el Chat GPT.

Y por si aún no te cae el veinte, te dejo esto:

  • La IA no te va a robar el alma y maybe ni la chamba pero sí te va a dejar sin agua, mientras tú sigues creyendo que el mundo digital es “limpio”.
  • No es ciencia ficción. Es ciencia sin ética ambiental.

Así que la próxima vez que le pongas veladora a la tecnología, asegúrate de no estar apagando el futuro. Porque si seguimos usando la IA como si no hubiera mañana, el mañana va a ser seco, caliente y sin un solo meme que te lo explique.

Con amoroso veneno,

Rufiana.