Redacción Animal Político · 11 de enero de 2024
Aunque la inteligencia artificial ya formaba parte de nuestras vidas desde hace años, con asistentes personales, la automatización de chatbots y las recomendaciones de servicios de streaming. Fue a partir de la llegada de generadores de texto como ChatGPT y de innovaciones asombrosas como MidJourney, Dall-E y Stable Diffusion para la creación de imágenes, que la inteligencia artificial se infiltró de manera notable en nuestra realidad. El año 2023 quedará grabado en la historia como el momento en que la inteligencia artificial dejó de ser un elemento de ciencia ficción para convertirse en una presencia tangible en nuestra vida diaria.
Este fenómeno ha suscitado reflexiones profundas por parte de la Iglesia Católica, que reconoce la importancia de abordar las implicaciones éticas y morales de esta nueva era tecnológica. Paolo Benanti, asesor del papa Francisco en temas de inteligencia artificial, ha abordado la cuestión, destacando la necesidad de ver la inteligencia artificial como un “copiloto” que guía nuestras decisiones en lugar de un “piloto automático” que las toma por nosotros.
De acuerdo con la exposición de Benanti en el Foro Construyendo el Futuro de la Inteligencia Artificial, que tuvo lugar en la IBERO Ciudad de México en agosto del año pasado, la inteligencia artificial opera mediante metas, lo que permite a las máquinas interactuar con el entorno y adaptarse a situaciones imprevistas. Desde algoritmos simples hasta formas más avanzadas, como el aprendizaje profundo, la inteligencia artificial abarca diversas técnicas con diferentes niveles de confiabilidad.
La pandemia aceleró la llegada de tecnologías como la inteligencia artificial generativa, que, sorprendentemente, se materializó antes de lo previsto. Este avance plantea grandes desafíos y oportunidades para la humanidad.
En su mensaje para la 57ª Jornada Mundial de la Paz, el papa Francisco insta a considerar las consecuencias a medio y largo plazo de las nuevas tecnologías digitales. Advierte sobre el riesgo de que los algoritmos controlen sutilmente los hábitos y decisiones de las personas, limitando su libertad consciente. La inteligencia artificial, sostiene el papa, no debe ser vista como algo neutro, sino como una galaxia de realidades distintas, cuyo desarrollo puede impactar positiva o negativamente en la humanidad.
La ética, la transparencia y la responsabilidad se presentan como principios clave para guiar el desarrollo de la inteligencia artificial. El papa Francisco llama a la comunidad internacional a priorizar la dignidad de los trabajadores, la equidad salarial y la inclusión de las personas más vulnerables.
En resumen, nos invita a reflexionar sobre cómo estamos utilizando esta tecnología. ¿Estamos guiando a la inteligencia artificial para que sirva al bien común y promueva el desarrollo humano integral, o permitimos que sea un mero instrumento de intereses egoístas? ¿Cómo podemos asegurar que la inteligencia artificial esté al servicio de la fraternidad humana y la paz?
Por su parte, como menciona el jesuita Antonio Spadaro y el empresario Paul Twomey para La Civiltà Cattolica: “La Iglesia también está llamada a la reflexión y el compromiso. En medio de la arena política y económica desde la que se promueve la IA, las consideraciones de orden espiritual y ético deben encontrar su espacio. Sobre todo, en el siglo XXI, la IA es una disciplina y una comunidad sedienta de evangelización. La Iglesia debe esforzarse por informar e inspirar los corazones de muchos miles de personas involucrados en la creación y la elaboración de los sistemas de inteligencia artificial. A fin de cuentas, son las decisiones éticas las que determinan y enmarcan los problemas que enfrentará la IA, las que dicten cómo se programa y cómo deben ser captados los datos para alimentar el aprendizaje automático. El código que se escriba hoy será la base de los futuros sistemas de IA por muchos años. Podemos leer el desafío de lo que podríamos llamar la «evangelización de la IA» como una combinación entre las recomendaciones del papa Francisco a mirar el mundo desde la periferia, y la experiencia de los jesuitas del siglo XVI, cuyo método práctico para influir en quienes son influyentes hoy se podría reformular como el acto de compartir el discernimiento con los científicos de los datos”.
En este tiempo de avances rápidos e impacto significativo, el papa Francisco nos exhorta a discernir, desde una perspectiva evangélica, el papel que la inteligencia artificial desempeñará en la construcción de un mundo más justo, solidario y en armonía con la creación. ¿Seremos capaces de aprovechar las oportunidades que ofrece la inteligencia artificial para el bienestar humano, o nos veremos atrapados en sus riesgos potenciales? La respuesta está en nuestras manos, en nuestra capacidad de actuar de manera responsable y ética en la era de la inteligencia artificial.