blogeditor · 3 de agosto de 2015
Honduras es uno de los países más pobres del hemisferio; uno de los diez en el mundo con mayor disparidad en el ingreso de su población, con niveles de inseguridad sólo comparables al de países en guerra. Donde siete de diez personas viven en pobreza, de acuerdo a cifras proporcionadas por su propio Instituto Nacional de Estadística.

El portal de la presidencia, hoy en manos de Juan Orlando Hernández Alvarado (JOH), ex militar y abogado de 46 años, actual dueño o accionista mayoritario del Partido Nacional de Honduras (conservador) en el poder, presume sus ‘logros’. En las elecciones de 2013 obtuvo el 36% de los votos. Dejará el poder, si no tiene que dejarlo por presiones populares, el 27 de enero de 2018.
La actual Rebelión de los Indignados en Honduras exige un alto a la corrupción, así como el involucramiento de las Naciones Unidas y el Vaticano.

En el país existen empresas fantasma que financian elecciones. El Poder Judicial se encuentra parcial o completamente capturado por la presidencia. Nada que se parezca remotamente a México, ¿verdad?
Son visibles las secuelas del golpe contra Manuel Zelaya derivado de la crisis constitucional de junio 2009, que instaló como provisional a Roberto Micheletti.
Fabio, el hijo de Porfirio Lobo Sosa (67 años, miembro activo del PNH; presidente durante el interregno de 2010 a 2014 en Honduras), fue detenido en Haití acusado de narcotráfico y trasladado en mayo pasado a Nueva York, donde enfrentará cargos.
Por estas y otras razones, el país centroamericano parece vivir el crepúsculo de la administración orlandiana. La corrupción endémica se erige como su particular Ayotzinapa.
El último y definitivo escándalo, que sacude sus endebles cimientos, son las revelaciones de David Romero Ellner, periodista de Globo TV Honduras, sobre el fraude al Instituto Hondureño de Seguro Social, hoy en quiebra por los desfalcos de sus directores y asociados.
A Romero el gobierno de Hernández Alvarado lo acusa de difamación. En su momento, el reportero tuvo que refugiarse en la sede de la Comisión de Derechos Humanos de ese país.

La rebelión ha sacado a miles de personas a las calles, que le pierden el miedo a Hernández y su camarilla. Pide una versión hondureña de la Comisión Internacional Contra la Impunidad en Guatemala (CICIG). Aquí, el enlace del organismo que preside el colombiano Iván Velázquez Gómez.
El único testigo protegido del caso que tenía a JOH & co. contra las cuerdas, fue balaceado. Se encuentra en el hospital. Altos jerarcas legislativos como la vicepresidenta del Congreso, diputada Lena Gutiérrez, del partido en el poder, también son acusad@s de fraude contra las finanzas del Estado hondureño.

El presidente busca escurrir el bulto, a golpes de demagogia. ‘Caiga quien caiga, es un mensaje que la ley y la justicia tiene que ser ciega [sic]’.

Fuertes presiones al Poder Judicial por parte del titular del Ejecutivo, querían llevar a juicio al periodista Romero.
Otra ocurrencia de Hernández, que lo emparenta con la realidad mexicana. Creó un puesto nuevo en el gabinete: Ministerio de Estrategia y Comunicación, para su hermana Hilda.
¿Podría pensarse en la configuración, como en Guatemala y posiblemente en Honduras, de una versión local promovida y financiada por la ONU: una CICIM, contra la imparable corrupción mexicana?
En Honduras ya había indignados en huelga de hambre; también -y como era de esperarse- ofrecimientos gubernamentales de mesas de diálogo ‘con todos los sectores nacionales’, en las que participaría un mediador de la OEA: el chileno John Biehl.

Orfandad en Honduras. Las cifras son de 2013.
Empujonando el cambio, participan sectores y estamentos que normalmente desdeñan este tipo de manifestaciones.


El 31 de julio volvió a salir la gente para recuperar la dignidad y el espacio público. Se levantó la huelga de hambre que llevaban a cabo varios jóvenes; se mantiene e intensifica una exigencia general. A saber, y de nueva cuenta: que en Honduras se establezca una Comisión internacional contra la corrupción en ese país, en términos y condiciones similares a la CICIG de Guatemala.
¿Será una solución posible, acá en este país y tarde o temprano, solicitar -lo mismo a instancias como la ONU- que ambas naciones centroamericanas?
¿Procede una Comisión Internacional Contra la Impunidad en México, ante un ominoso futuro que -hoy por hoy- se perfila como un callejón interminable sin salida?
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[contextly_sidebar id=”a3mEtxvI5sX83saKTmFa1L8kGnFEVTRq”]La barbarie contra reporteros y activistas y mujeres y jóvenes sigue cebándose en México. La semana pasada fue asesinado Rubén Espinosa Becerril, fotoperiodista que sufría el acoso de políticos y policías, y que literalmente tuvo que huir del estado de Veracruz, una de las principales zonas de combate en la guerra nada soterrada que libran el estado (en sus dos acepciones) y los cárteles contra el ejercicio periodístico. Fueron ejecutados con él, tras torturas y ultrajes indescriptibles, cuatro mujeres: la activista Nadia Vera, Yesenia Quiroz y dos víctimas todavía sin identificar. Llegó Rubén exiliado a la capital por las presiones del gobernador Javier Duarte, sólo para ser ultimado en un departamento de la colonia Narvarte. Quizá piense el émulo de Francisco Franco que, como la tortura y homicidio de Rubén y sus acompañantes tuvieron lugar en el Distrito Federal, quizá amerita un único comentario de dos párrafos emitido ayer mismo.
No tenemos remedio: las infamias no tienen fin. Quizá nuestra única salida sea, efectivamente, una hasta ahora hipotética CICIM.
El saldo del duartismo, en materia de libertad de prensa. Incontables incidentes de amedrentamiento por parte de su gobierno represor. Catorce periodistas asesinad@s y tres desaparecidos. Aquí sus nombres:
#Justiciaparalxs5. #JusticiaparaRubén.