Maricela Rosales · 18 de febrero de 2011
Todo va bien. Usted durmió a pierna suelta, esa persona especial le dirigió la palabra, es un buen budista… o cristiano, católico, judío, no importa.
En su trabajo el jefe ha dejado de humillarlo y lo ignora. Aquí puede surgir un poco de confusión, porque tal vez usted ya ha desarrollado cierto masoquismo y preferiría que las cosas marcharan igual, con aquellos gritos en Si bemol o Do sostenido, depende del motivo de la reprimenda.
En resumen, que usted puede considerarse feliz. Pero entonces alguien lo compromete a comer tacos de suadero y, con absoluta razón, usted no sabe cómo reaccionar.
Por ello, aquí le traemos las instrucciones para comer tacos de suadero sin morir en el intento.
1. Conserve la calma. Importantísimo.
2. Evalúe la situación: ¿Es necesario aceptar el compromiso? ¿Tiene la suficiente confianza para confesar que no le gustan los tacos de suadero? En caso afirmativo, siga con su vida. De no poder zafarse, siga con las instrucciones.
3. Evite tener pensamientos pesimistas: Sabía que esto iba a terminar así. Voy camino a los tacos de suadero. Me va a dar cólera. Qué diría mi madre si supiera.
4. Despeje su mente. Si no sabe qué es el suadero, de dónde viene o a dónde va, mantenganse alejado de las fuentes de información: carnicerías, internet, carniceros, taqueros, reses.
5. Cree una motivación. Si le gustan los gansitos, algún tipo de galletas o chocolates piense que lo primero después de comer tacos de suadero será correr a la tienda y comprarse un rico postre.
6. Tenga pensamientos alegres. Piense que después de los tacos de suadero usted podrá continuar su vida con normalidad. Volverá a la oficina, Do sostenido, luego a casa, verá la televisión hasta conciliar el sueño. A las 11 ya en la cama, entre cobijas conocidas, a oscuras, a salvo de rarezas culinarias.
7. Afronte sus miedos. Llegada la hora no pierda de vista que todos tenemos que hacer cosas heroicas, qué digo heroicas, estoicas en esta vida. Si le funciona puede interpretar un papel como soldado o refugiado de guerra: la comida no la elige usted y en realidad tiene suerte de comer.
8. Pida tres tacos. Son suficientes para tapar gran parte del plato y disimular que en realidad a usted no le gustan los tacos de suadero.
9. Vacune con harto limón.
10. Ha llegado el momento. Enrolle el taco. No tiemble.
11. Evite mirar al taco fijamente. Esto es de vital importancia, de otra manera usted empezará a hacerse preguntas. ¿Qué es esto? ¿Por qué algunas partes son color café? ¿De dónde vendrá? ¿En cuál de los siete días habrá creado Dios el suadero? ¿Quién mató a Colosio? ¡No lo vea a los ojos! En ello se le va la vida.
12. Utilice la técnica: muerda mucho, mastique poco, dos tragos grandes al refresco, límpiese la boca con la servilleta. Intente recordarlo con mnemotecnia.
13. Haga tiempo limpiándose la boca de grasa imaginaria, dando sorbitos al refresco o comentando la higiene del puesto.
14. Manténgase activo. Sus acciones serán de suma importancia, la taciturnidad solo lo conducirá a que su “amigo” le pregunte si quiere más tacos o ni siquiera eso: él mismo ordenará otros tres tacos para usted al taquero que ha de tener una sonrisa sardónica.
15. No importa cuantos refrescos se lleve en la empresa. Tome todos los que sean necesarios con tal de deshacerse del sabor del suadero. En experiencia personal, recomiendo Boings porque no tienen gas.
16. Corra a la tienda por su (premio) postre.
17. Felicidades. Usted ha sobrevivido a los tacos de suadero.