Instantes

Redacción Animal Político · 12 de mayo de 2023

Es el 14 de abril de 1976 y dentro de la agencia Gayosso de Félix Cuevas se está llevando a cabo el funeral de José Revueltas. Hacia el atardecer, el entonces presidente José López Portillo se aparece con su comitiva en la agencia. No es el velorio de Revueltas lo que lo lleva por aquellos rumbos de la ciudad, sino dar el pésame a los familiares de Sara Ornelas — lideresa del sindicato de vendedores de billetes de lotería y además candidata a diputada por el PRI, asesinada esa misma mañana—, quienes se encuentran justo en otra capilla del mismo lugar. Al salir, alguien informa al presidente sobre el velatorio del escritor y para allá arranca la comitiva presidencial que al llegar se topa con que no hay en el lugar ni Pepe Revueltas ni ataúd. “Se lo llevaron los muchachos para hacerle un homenaje en Ciudad Universitaria”, dijo un empleado. “Pues ah, qué pinches muchachos”, dicen que dijo alguien antes de emprender la marcha de regreso.

A la tarde siguiente, planeado ahora sí con toda anticipación, se inicia el proceso del entierro. Empleados meten la caja a la carroza cuando un grupo de estudiantes se dirige a Emma Barrón, viuda del autor de “Los muros de agua” y “El apando” (entre las más célebres), para pedirle autorización de llevar el ataúd sobre los hombros: “El panteón no está lejos. Podemos”. Emma duda, pero al cabo accede. Seis jóvenes tiran del féretro “y cuando todo el peso estuvo en sus manos, se les vino abajo. Inclinados, ayudándose con muslos y rodillas, lograron apenas evitar la caída. Ya veíamos los espectadores el ataúd golpeando el piso, abriéndose y dejando salir el cuerpo afiladito que rodaba y rodaba por el concreto del estacionamiento. Quedó el asunto en visión imaginativa porque los muchachos lograron soportar la caja y devolverla a la carroza”.

La cita y el testimonio pertenecen a Gerardo de la Torre, obrero empeñoso, escritor destacado y figura singularísima de nuestra cultura que entre su abundante legado (falleció recién el año pasado) dejó “Instantes”, un estupendo libro de traza autobiográfica en que el autor recrea momentos destacados, compartidos a lo largo de su existencia con figuras igual de imprescindibles que él para la historia cultural del país.

De la sabrosísima anécdota con que abre el volumen —que no para ahí, pues posterior a lo narrado el entierro de Revueltas dio para más instantáneas memorables— a viñetas perdurables vividas en el taller literario de Juan José Arreola, pasando por referencias a Carlos Islas (notable escritor fallecido prematuramente debido al cáncer que le hizo merecedor de la “beca del Seguro Social” que el libro refiere), a Monsiváis, el actor Claudio Obregón, la China Mendoza, Elena Poniatowska y hasta Fantomas, el libro constituye un retrato colorido del país que fuimos durante la segunda mitad del siglo XX.

Argamasa testimonial construida a base, sobre todo, de buen humor y fe en la sencilla trascendencia de los minutos vividos, “Instantes” es una de esas lecturas a las que agradecer su vocación por convertirse en cápsulas atemporales, testigos del mundo.

Gerardo de la Torre. “Instantes”. 2022, Colección Popular, Fondo de Cultura Económica.

@elimonpartido