blogeditor · 4 de junio de 2022
El gobierno federal pretende modificar las reglas y las instituciones del sistema electoral y del sistema de partidos políticos. Presentó una de reforma comicial sui generis que no parte de un diagnóstico de problemas e irregularidades ni responde a las exigencias de la oposición por allanar el acceso al poder político. 1 Por primera vez, desde 1977, una reforma electoral no es respuesta para limitar el poder político del gobierno federal.
Esta reforma comicial no busca el fortalecimiento del régimen democrático ni el perfeccionamiento de las elecciones. Al contrario, es una reforma que redefinir las reglas y las instituciones para otorgar al gobierno federal un poder ilimitado que no sea detenido por la oposición, condicionado por el Poder Legislativo y por el Poder Judicial, restringido por las autoridades electorales y acotado por los partidos políticos.
Se propone suprimir el pluralismo parlamentario al eliminar a los plurinominales y al optar por un sistema de representación proporcional; se debilita la autonomía de las autoridades electorales al establecer como método electivo de consejeros y magistrados la votación de la ciudadanía; se arremete contra el profesionalismo de la función electoral al desmantelar el servicio profesional y al erradicar la estructura delegacional del INE; se atenta contra el federalismo al prescindir de los OPL y los tribunales locales; y se acomete contra los partidos políticos la suprimir el finamiento público ordinario.
Oportunidad perdida
Los partidos políticos fueron sorprendidos por la osadía del gobierno federal de presentar una reforma electoral inmediatamente después de haber sido derrotado en la reforma eléctrica. Algunos implementaron una resistencia mediática para advertir que la reforma no sería aprobada (PAN, PRI, PRD, MC). Otros realizaron una contrapropuesta que carecía de diagnósticos y que recopilaba viejas proposiciones (PAN y PRI). 2 3 Uno se alejo de las grandes apuestas del gobierno federal (PT). 4 Alguno decidió guardar silencio (PVEM). Otros no han presentado ninguna contrarreforma (PRD y MC).
Ninguno fue capaz de explicar los peligros de las propuestas del gobierno federal. Tampoco tuvieron la sensibilidad de proponer cambios para fortalecer el régimen democrático. Menos aún presentaron acciones para eliminar la sobrerrepresentación legislativa, disminuir el financiamiento público de partidos políticos, cambiar el modelo de comunicación política (spotización) y para aprobar sanciones para servidores públicos cuando vulneran las reglas de equidad de las elecciones.
Los partidos políticos optaron por revivir viejas propuestas que han sido rechazadas una y otra vez por el Congreso de la Unión. Entre las modificaciones se encuentran la segunda vuelta electoral, la figura de la vicepresidencia, los gobiernos de coalición, la eliminación de diputados plurinominales y la nacionalización de los comicios. Estas propuestas han sido utilizadas como bombas de humo o como monedas de cambio. Han sido desestimadas por los actores políticos y los gobiernos, ya que representan cambios que son incompatibles con el sistema electoral, son antagónicos con el gobierno y son antitéticos de la historia. Tal es el caso de la segunda vuelta electoral.
¿Qué es la segunda vuelta electoral?
Es un sistema electoral que implica la realización de dos elecciones para asignar un cargo de representación popular. Requiere que una candidatura obtenga más del 50% de los sufragios en una primera elección. Sí ninguna candidatura logra la mayoría absoluta de los votos, se celebra una segunda elección entre las dos candidaturas más votadas y ganará aquella que obtenga más sufragios.
De Latinoamérica para México
La segunda vuelta es utilizada en las elecciones presidenciales de 14 países de América Latina: Argentina, Bolivia, Brasil, Chile, Colombia, Costa Rica, Ecuador, Guatemala, Haití, Nicaragua, Perú, Salvador, Republica Dominicana y Uruguay. Ver tabla 1.
De 1979 a 2022 se han celebrado 119 elecciones presidenciales. En 57 casos se obtuvo un ganador en la primera elección (47.90%), no fue necesario celebrar los segundos comicios. Mientras que en 62 casos se realizó una segunda elección para conseguir un ganador (52.10%). Ver tabla 2.
Nada nuevo bajo el sol
De 1998 a 2022, los partidos políticos han intentado introducir la segunda vuelta en las elecciones presidenciales en México. En los últimos 24 años se han presentado 39 iniciativas de reforma constitucional. Hasta el momento ninguna iniciativa ha prosperado, ya que 23 fueron desechadas, 10 se encuentran pendientes de dictaminación y 5 fueron rechazas. Ver tabla 3.
Las reformas constitucionales sustentan la idoneidad de la segunda vuelta en las elecciones presidenciales bajo el resguardo de las siguientes premisas:
Estas premisas no fueron analizadas a partir de la experiencia de los países latinoamericanos. Dicha acción contrasta las ventajas y las desventajas del sistema electoral y permitiría arribar a la conclusión de que la segunda vuelta electoral no es buena o mala por sí misma, sino que aplicada en contextos no apropiados 5 genera efectos adversos y nocivos para la gobernabilidad y la democracia.
Una mala idea
La segunda vuelta electoral fortalece al titular del Poder Ejecutivo. Produce ganadores socialmente más aceptados y políticamente más fuertes, lo que ha llevado a algunos presidentes (Evo Morales, León Febres, Alberto Fujimori, Jair Bolsonaro, Daniel Ortega, Nayib Bukele) a considerarse como los auténticos representantes de la voluntad popular, situación que ha favorecido a la instrumentación de actos autoritarias, tales como: la disolución de parlamentos, fraudes electorales, persecución de opositores, reingeniería institucional y control del poder político.
La segunda vuelta electoral debilita la legitimidad. Convierte la legitimidad en una expresión matemática que se basa en el número de votos; lo anterior, tiende a omitir cuestiones básicas como la legalidad, la transparencia, la certeza, la confiabilidad y la autenticidad del proceso electoral. Genera una legitimidad artificial que es producto del sistema electoral, puesto que el candidato ganador siempre obtendrá una mayoría absoluta de votos. Produce una legitimidad inestable, ya que se basa en negociaciones con grupos minoritarios. Solo maximiza la legitimidad de origen, pero no influye ni determina la legitimidad de ejercicio, pues ésta depende de factores ajenos al sistema electoral.
El ejemplo más contundente de la falsa legitimidad se da en la elección de 2003 en Argentina. En la primera vuelta Carlos Menem obtuvo el 24.45% de la votación y Néstor Kirchner el 22.24%. Menem renunció a su candidatura durante el periodo entre vueltas. Al asumir Kirchner la presidencia tenía un gobierno débil que ponía en riesgo la gobernabilidad; a pesar de ello, Kirchner logró aumentar su legitimidad gracias al desempeño de su gobierno.
La segunda vuelta electoral tiende a generar gobiernos divididos. Al no coincidir la elección presidencial y las elecciones legislativas se diluye el efecto arrastre de las figuras presidenciales. Reduce la posibilidad de formar coaliciones electorales, dado que los partidos políticos evitan aliarse en la primera elección, puesto que buscan intercambiar su voto duro durante la segunda vuelta. Obstaculiza la conformación de coaliciones de gobierno, ya que al cabildear en lo individual se generan mayores beneficios a los partidos políticos. Algunos ejemplos ocurrieron en Brasil (1989, 2002, 2006 y 2014), Colombia (1994 y 1998); Costa Rica (2002), Ecuador (1996, 2002 y 2006); Guatemala (2003, 2006 y 2015) y Perú (2000, 2006 y 2016).
La segunda vuelta electoral fragmenta el sistema de partidos políticos. No fomenta la formación de coaliciones electorales ni limita la participación de los partidos políticos en la primera elección. Al contrario, genera que en la primera elección participen un sinnúmero de partidos políticos que obtienen votaciones bajas, muy bajas, que oscilan entre 0.1% al 1%. Los votantes tienen más opciones para votar sin que necesariamente se mejore la representación política. Ver tabla 4.
La segunda vuelta electoral no evita el surgimiento de conflictos postelectorales. No propicia transparencia, confiabilidad, autenticidad, certeza y legalidad de los comicios, ni mucho menos garantiza la aceptabilidad de la derrota. Tampoco fomenta la formación de los acuerdos políticos. Menos aún concilia las posturas ideológicas ni flexibiliza el antagonismo de las fuerzas políticas. Todas estas circunstancias dependen de la cultura de la legalidad, el estado de derecho, el sistema electoral, la autonomía de las autoridades electorales y la no intervención del gobierno. Ver tabla 5.
La segunda vuelta electoral no evita la polarización de la sociedad. Tiende a dividir a la ciudadanía en dos bandos. Dicha circunstancia obliga a las personas a tomar una postura a favor o en contra de una candidatura. Este efecto se agrava cuando se revierten los resultados electorales entre la primera y la segunda elección. El ejemplo de este fenómeno político lo registran las elecciones de Argentina de 2003; Brasil de 2002, 2006 y 2018; Bolivia 2020; Chile de 2021; Ecuador de 1996 y 2021; Guatemala de 2007; y, Perú 2016 y 2021.
La segunda vuelta electoral aumenta el abstencionismo. Incide en la baja participación comicial, ya que la ciudadanía se cansa por las campañas políticas, por la falta de opciones partidistas, por resultados anticipados, por problemáticas no resueltas y por considerar que su voto no es útil ni decisivo. Ver tabla 6.
La segunda vuelta electoral propicia una incertidumbre política y social cuando se revierten los resultados en la segunda elección. En 41 casos la candidatura que obtuvo la victoria en la primera elección ganó la segunda elección (66.13%), lo que indica que hubo una coincidencia de los resultados en ambas votaciones. En tanto que en 21 casos la candidatura que perdió la primera elección obtuvo la victoria en la segunda elección (33.87%), lo que significa que se presentó una reversión de los resultados. Ver tabla 7.
La segunda vuelta electoral crea gobiernos minoritarios. Los gobiernos que se configuran a través de una escasa participación de la sociedad son identificados como una minoría, en otras palabras, se refuta la afirmación de Hans Kelsen “Si es elegido un candidato que ha obtenido solamente el número de votos relativamente mayor, desde el punto de vista de los electores ello equivale a la dominación de una minoría sobre la mayoría”. Ejemplo de lo anterior se encuentran en las elecciones de Argentina en el 2003; Guatemala 1999 y 2003 y Costa Rica en el 2002.
A manera de conclusión
Ninguna de las desventajas de la segunda vuelta electoral responde a falsedades o supuestos imaginarios, se basan en hechos ciertos y comprobables que surgieron en las elecciones presidenciales celebradas en 14 países latinoamericanos. Sin embrago, algunas desventajas no son producto directo de la segunda vuelta, sino que responden a contextos políticos, sociales, culturales e históricos.
México tiene gobiernos fuertes, muy fuertes. Su fortaleza de basa en el predominio normativo del Poder Ejecutivo y en el sistema de facultades metaconstitucionales de la presidencia. No necesita un sistema comicial que refuerce el poder de la figura presidencial. Al contrario, se requiere de reglas e instituciones que contrarresten el poder del gobierno.
* César Hernández González (@ZezarHG) es especialista en Derechos Humanos, Democracia y Elecciones.
5 Pobreza, falta de cultura política, sistema de partidos débiles, desigualdad, ausencia de división de poderes, carencia de contrapesos de poder, altos niveles de corrupción, opacidad, impunidad, entre otros.