¿Informar o vivir?

blogeditor · 21 de marzo de 2014

¿Informar o vivir?

Por: Nancy Mejía (@Nancyomega)

Alejandra, una periodista radicada en Michoacán, se subió al camión de la Policía Federal Preventiva que la llevaría a Zinacantepec, sede de la presentación del operativo para resguardar caminos federales por temporada vacacional. Iba con temor porque en esos días se habían desatado una ola de ataques a vehículos que transitaban en las carreteras de esa entidad.

Desde el inicio le incomodó la idea de irse en una camioneta llena de logotipos y de agentes armados; desde su perspectiva era casi una invitación para que los del crimen organizado les dispararan, pero no tuvo otra opción porque su periódico no le dio viáticos para el traslado y con su salario de 4,000 pesos mensuales no tenía margen para moverse por su cuenta.

El día que Alejandra recibió una amenaza por cubrir el tema de autodefensas decidió que lo mejor era dedicarse solamente a su otra pasión, la Antropología (un año antes había desaparecido un corresponsal en Zamora). Historias como la de Alejandra reflejan la realidad de muchos periodistas en el país: bajos salarios, sin prestaciones ni protección por parte de sus medios cuando son amenazados, a la merced de poderosos impunes que no se tentarán el corazón para callarlos.

[contextly_sidebar id=”bf26fc2c9eac78c8c1e23438dd70293d”]¿Informar o vivir? se ha vuelto una pregunta fundamental en la labor de los periodistas en México, sobre todo de aquellos que se encuentran en zonas de alto riesgo para ejercer esta profesión.Es indignante que aparte de enfrentar las amenazas del crimen organizado, también se vean hostigados por el Estado, ese que les debería garantizar su integridad, pero que muchas veces es quien los agrede y hasta desaparece.

En el reciente informe de la organización Artículo 19 horroriza conocer que de un total de 274 agresiones en las que se pudo identificar al perpetrador, en 146 el autor fue un funcionario público, es decir, más de la mitad fue a manos del Estado. En dicho documento también se habla del 2013 como el año más violento para la prensa desde 2007, con 330 casos documentados, cuatro de ellos homicidios, una tendencia a la alza que no parece frenarse en el corto plazo; no mientras exista impunidad e indiferencia.

Lo que más enoja es la protección que existe hacia las autoridades cuando son agresoras, la indiferencia de los dueños de los medios ante las condiciones de sus trabajadores, y sobre todo de la sociedad, ésa que no se da cuenta que sin los periodistas difícilmente se puede ejercer el derecho a la información y a la libertad de expresión.

 

* Nancy Mejía es consultora en temas de comunicación, género y social media. Integrante de DHP y REDefine México. Estudiante de la Maestría en Periodismo y asuntos públicos del CIDE.