¿Por qué tener un índice delictivo metropolitano? (Segunda parte)

blogeditor · 28 de septiembre de 2016

¿Por qué tener un índice delictivo metropolitano? (Segunda parte)

Hay varias señales que indican que este gobierno ya tiró la toalla. Al menos en el tema de seguridad todo indica que así es. Lo cierto es que a cuatro años de la brillante estrategia del gobierno federal aún no hay resultados claros que nos hagan pensar que se resolvieron los temas de los que se quejaban al principio del sexenio. Basta mencionar que uno de los pilares de dicha estrategia –el programa de prevención del delito– no se le asignó un solo peso para el próximo año.

Tres años después, la discusión sobre la calidad de las cifras delictivas en México está un tanto entumecida, por no decir muerta. Ya casi nadie comenta sobre la calidad de los datos delictivos y la metodología empleada por el SESNSP, ni sobre algunos otros indicadores que pudieran ser útiles para el análisis de la inseguridad. En general, los análisis mensuales se basan principalmente en las averiguaciones previas de homicidios dolosos y párele de contar.

Tengo la impresión de que los analistas y expertos se cansaron de lidiar con autoridades sordas a la crítica y renuentes a la mejora de la estadística delictiva. Y al día de hoy, seguimos sin tener protocolos de clasificación, ni formatos universales de captura, ni una serie de manuales y criterios claramente establecidos entre todas las dependencias de seguridad y justicia del país, y eso nos sigue generando problemas en la clasificación de los delitos (puede consultar este ejemplo de información detallada).

Sin duda, una de las contribuciones menos vistosa (en términos de lo que les gusta a los políticos) pero sí lo suficientemente profunda es la de heredar una metodología robusta para la medición, clasificación y sistematización de la estadística delictiva en México. Sí, ya sé, ningún político le apostaría a este tema.

Lo cierto es que en los dos años que restan hay buen tiempo para organizar una serie de foros con expertos que faciliten la construcción de una clasificación nacional de delitos. Se podrían organizar de la mano de autoridades de todos los niveles con el objetivo de fortalecer un sistema de clasificación de delitos con criterios básicos nacionales. Se podrían desarrollar manuales, capacitar al personal, construir los lineamientos para las bases de datos, mejorar las plataformas de información y hacerlas más amigables para el que desea entender el tema. Quizá es una agenda muy geek, pero es necesaria.

En mi opinión, una buena apuesta para el futuro es fortalecer las instituciones de seguridad pública de este país, desde las estadísticas delictivas, hasta el sueldo de los policías (seguros, prestaciones, equipamiento y capacitación). Aunque obviamente no es lo mismo inaugurar una carretera o detener al Chapo, dejar cimientos firmes para la construcción de mejores instituciones de seguridad es una decisión responsable en pos de un objetivo de largo plazo. Heredar un Sistema Nacional de Seguridad Pública más robusto, institucionalizado, con metodologías adecuadas a estándares internacionales y homologando criterios a nivel nacional puede ser una contribución importante de este debilitado gobierno.

Por otro lado, es lamentable que los centros de análisis y tanques de pensamiento atraviesen una crisis interna en la que prácticamente han abandonado la discusión para fortalecer la información estadística delictiva y la mejora de las políticas públicas de seguridad. Quedan algunas voces aisladas y solitarias en el océano de las malas noticias y peores ocurrencias. El tema –como el sexenio– está a la deriva.

Hoy sabemos que el mito fundacional de este sexenio se esfumó. Las reformas estructurales fallaron en mostrar sus beneficios, la corrupción se desparrama en cada oficina gubernamental y los homicidios resurgen a tal nivel que ya no es posible meterlos bajo la alfombra para que los inversionistas extranjeros no los vean.

Lamentablemente en los casi 10 años de obsesión con la cantidad de homicidios en todo el país, poco se ha avanzado para generar instrumentos de medición más precisos, que nos permitan mejorar el diseño e implementación de las políticas de seguridad. Quizá por eso celebro la generación de iniciativas diferentes (acá un ejemplo que mencioné en la entrada anterior), que buscan ir un poco más allá del análisis delictivo mensual, y que además hace un esfuerzo por construir un indicador compuesto a partir de varios delitos de alto impacto.

En los últimos años, varias consultorías y analistas independientes han optado por generar sus propios datos, sus propias metodologías y sus propias fuentes de información, ya que la fuente oficial no es del todo confiable. En mi humilde opinión este es uno de los peores signos de debilidad del Estado: el hecho de que no contemos con información fidedigna y confiable.

Un ejemplo: analizando la información delictiva de Villahermosa (Tabasco) descubrimos que presenta unas irregularidades: no hay robos con violencia en toda la ciudad de Villahermosa; es el paraíso tropical. Sin embargo, hay cientos de miles de robos a transeúnte con violencia, de una forma desproporcionada para el tipo de ciudad que es. ¿Qué es lo que sucedía en Villahermosa? El clásico error de registro: los que capturan los datos clasifican todos los robos en una sola categoría, la de robo a transeúnte con violencia y se olvidan de que hay otras categorías.

Por supuesto podemos seguir analizando todo por separado, no va a pasar nada. Homicidios con homicidios, robos con robos y manzanas con manzanas. Pero esto solo nos ofrece una diagnóstico compartimentado de la delincuencia y esto no ocurre así en la realidad (lea este claro ejemplo). La misma banda que se roba un auto, lo modifica, le mete clavos, lo carga de droga, lo mueve a la frontera, en el camino levanta a dos personas, mata a una, viola a la otra, y vende la droga. Quizá también asalta varios lugares y extorsiona otras personas. Eso es lo que ocurre realmente. No son universos paralelos, no nos limitemos a contar homicidios y robo de vehículos, por ser los únicos dos delitos medianamente confiables que tenemos a la mano. No claudiquemos en esta batalla por contar con mejor información delictiva.

Es por ello que insisto en que algunos países han utilizado la formación de un índice para tener una medida compuesta de comparación entre municipios o ciudades entre sí. La idea de solo comparar la inseguridad o la violencia entre ciudades (o estados) a partir de los homicidios dolosos es muy reduccionista. Limita todo el fenómeno de inseguridad a un solo delito, si bien el más grave de éstos, no es el único que debería considerarse, hay numerosos otros delitos que no están siendo considerados en los análisis delictivos y que contribuyen de forma importante a la inseguridad de la población.

Por supuesto que estas herramientas pueden y deben mejorarse y esa es la primera intención. Los instrumentos de agregación de datos son variados y pueden mejorarse de múltiples formas. También hay que considerar el problema de la cifra negra y buscar las formas de minimizar el impacto de ésta en las estadísticas delictivas, además de trabajar en esfuerzos monumentales por mejorar la confianza en las instituciones de procuración de justicia. Esa es la gran tarea de largo plazo, ahí está el mayor reto de nuestra generación. Que México cuente en un lapso menor a diez años con un sistema decente de justicia y un Estado de Derecho fortalecido. A ello debemos aspirar desde hoy y hay que ir pensando en todos los ladrillos necesarios para construir este edificio.

De todo este complejo edificio, generar buena información es lo más sencillo. Empecemos por algo…

 

@rodaxiando