Incrementar la ambición climática

blogeditor · 20 de febrero de 2020

Incrementar la ambición climática

La COP25 1 dio más de que hablar por lo que pasó a su alrededor que por los resultados que este evento de alto impacto arrojó. Fue la COP que cambió de sede por la crisis social en Chile, la COP de las movilizaciones sociales, del empoderamiento de los jóvenes, de Greta Thunberg, de los “Fridays for Future”, de la imperiosa necesidad de volver a la ciencia. Se antojaba una COP ambiciosa, en el foco del mundo y especialmente de los jóvenes, arropada por la ciencia y, sin embargo, fue decepcionante, poco ambiciosa, laboriosa.

Pese al pobre desempeño de la COP25, fue más híbrida que sus predecesoras, sostenida por dos sólidos reportes científicos, el informe “Cambio climático y tierra” y el de “Océanos y criósfera2 en un clima cambiante”, ambos publicados por el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC), el principal órgano internacional para la evaluación del cambio climático. Tuvieron el mérito de construir puentes, entrelazar temas que lograron abrir espacios para discutir la interrelación profunda entre la naturaleza, la biodiversidad y el clima. Sin embargo, la recepción de estos temas y la consecuente movilización fue tímida.

Este año se tiene que lograr posicionar el tema de la naturaleza y biodiversidad. Por ejemplo a través de las soluciones climáticas basadas en la naturaleza, en la agenda política de los países y que esto a su vez ayude a incrementar la ambición de las Contribuciones Determinadas a Nivel Nacional (NDC por sus siglas en inglés), es decir, los compromisos que han hecho los países de manera individual para reducir sus emisiones. Incrementar el nivel de ambición de los NDC debe ser nuestra obsesión, pues, idealmente, si se sumaran los NDC de cada país, el calentamiento global tendría que limitarse a 2ºC y de ser posible a 1.5ºC, como fue aprobado en el acuerdo de París (COP21). Sin embargo, hoy en día estamos muy lejos de lograrlo. Si sumamos los compromisos, alcanzamos un calentamiento de 3ºC para 2100.

Se espera que en junio del 2020, en la conferencia de Bonn, la conversación continúe y se tomen acciones concretas en torno al tema de las tierras. Lamentablemente, la discusión se centrará únicamente en la adaptación al cambio climático por presión de grandes países agrícolas, entre ellos, Brasil y Argentina. Es decir, la atención se portará en cómo la agricultura puede hacerle frente al cambio climático, cómo puede adaptarse y protegerse. Ignorar ostensiblemente la otra cara de la moneda, las responsabilidades que tiene el sector en el incremento de las emisiones, deja entrever un diálogo, acuerdos y regulaciones sesgados, que impedirán el incremento de ambición y la lucha efectiva contra el cambio climático.

En las COP anteriores, de alguna u otra manera, se había logrado establecer un liderazgo político fuerte, con el suficiente peso para guiar la acción climática. En esta COP25, pese a los esfuerzos de países como Chile, Costa Rica o Nueva Zelanda, no se logró ese impulso, un ímpetu fragilizado por problemas internos que ponían en duda la ejemplaridad de dichas gobernanzas. El visible retraimiento de los Estados Unidos y el tímido liderazgo mostrado por la Unión Europea se hicieron cruelmente visibles al momento de consolidar alianzas estratégicas y de servir de impulso a los actores económicos. Este año necesitamos ver surgir nuevos actores, como las ciudades, la sociedad civil, las empresas. De igual manera, hay que pensar en un liderazgo compartido con otras potencias, la Unión Europea, China e India, pero también buscar figuras emergentes en el continente latinoamericano y en la Unión Africana. Será un ejercicio diplomático complicado, en donde se tendrá que encontrar el equilibrio entre ambición comercial y climática, pero que tendrá también que evitar excluir países que han logrado posicionarse como líderes climáticos en los últimos años.

En la COP26 se espera también que queden finalmente resueltos los temas pendientes del artículo 6 del acuerdo de París que llevamos arrastrando desde la COP24 en Katowice, Polonia. Es el único capítulo del acuerdo de París que no ha sido adoptado.

Este artículo es de enorme importancia pues en él recaen las reglas de contabilidad de carbono. Indica cómo se contabiliza la reducción de emisiones de los países y cómo se realiza el intercambio de créditos de carbono.

Pueden parecer tecnicidades, pero son el verdadero meollo del asunto para lograr la implementación efectiva del acuerdo de París, pasar de las palabras a los actos. Así, los dos temas polémicos son:

  • La problemática de la doble-contabilidad carbono. Es decir, evitar que el país que logró reducir las emisiones de carbono y el país que compró esas reducciones, puedan deducir el mismo crédito de carbono de sus emisiones nacionales.
  • Intercambio de créditos de carbono. Previo al Acuerdo de París fueron creados créditos dentro del antiguo cuadro de negociación del protocolo de Kioto. ¿En qué medida los países pueden utilizar esos créditos “Kioto” para cumplir con sus obligaciones de mitigación bajo el nuevo acuerdo de París? Al usarlos, se corre el riesgo de disminuir la ambición de los NDC y hace peligrar la integridad ambiental del acuerdo. Para preservarlo de este riesgo latente, ciertos países se aliaron bajo “Los principios de San José”, en referencia a la iniciativa que se incubó en la pre-COP de Costa Rica. Este acuerdo es un mensaje claro para el mundo: si se violan esas reglas de contabilidad carbono se vacía de sentido todo el Acuerdo de París.

Resulta imprescindible que estos dos puntos sean resueltos. Sin ellos, correremos el riesgo de vivir en un mundo cada vez más fragmentado: los países que voluntariamente deciden incrementar los niveles de ambición de sus NDCs, y los que simplemente fingen hacerlo, acuñados en la no resolución de las únicas reglas de contabilidad claras del acuerdo. El sector privado también está en espera, principalmente el sector de la aviación internacional con su mecanismo de compensación CORSIA.

Las COP tienen el mérito de haber logrado crear distintos mecanismos de transparencia y contabilización. Sin embargo, han mostrado sus límites a la hora de articular estas herramientas. No podemos quedarnos de brazos cruzados esperando que la COP26 sea relevante, sobre todo porque cada vez se hace más latente la evidente desconexión de las COP frente a las demandas de acción expresadas. En un mundo que exige cambios reales (y no sólo palabras) en tiempos limitados, se necesitan otras plataformas, nuevos espacios que integren de mejor manera las demandas crecientes por parte de la sociedad.

@andreabizberg

 

Fuentes consultadas:

Treyer, S. Quel leadership politique pour réussir une année internationale clé pour le climat et la biodiversité ? 14 enero 2020. Disponible aquí.

Vallejo, L et al. “Quel bilan de la COP 25 ?”. 17 diciembre 2019. Disponible aquí.

 

1 La Conferencia de las Partes es un importante evento que reúne a los cuerpos diplomáticos de los 195 países participantes, los observadores, la sociedad civil y los periodistas, para llegar a acuerdos que limiten el cambio climático.

2 La criósfera se refiere a las zonas congeladas del planeta.