blogeditor · 7 de enero de 2016
Empieza el año con viejos temas sobre la agenda y con nuevos desafíos. Uno de ellos es el de la inclusión y la innovación en el mundo de las ideas y la toma de decisiones.
Para finalizar el año 2015 se reunieron en la “Cumbre Global de Innovación para Think Tanks” en Filadelfia, más de cincuenta think tanks provenientes de todo el mundo. El encuentro fue organizado por el Think Tanks and Civil Society Program (TCCP por sus siglas en inglés) de la Universidad de Pensilvania.
El hecho en sí fue, debo decirlo, innovador. Normalmente se hace referencia a la innovación en el ámbito tecnológico y en el universo del emprendedurismo y los start ups, pero ¿en la toma de decisiones? Sí. Los think tanks forman parte del ecosistema de la toma de decisiones y de las políticas públicas en un gran número de países. El objetivo del encuentro en Filadelfia fue justamente comprender de qué manera la innovación, la inclusión y el cambio tecnológico están afectando e incidiendo en las acciones, prácticas y procesos de influencia de los tanques de pensamiento en el mundo.
Si bien estos centros son una creación principalmente estadounidense, se han multiplicado internacionalmente, con diversos nombres, y funcionan en cada país con las particularidades institucionales de cada caso. Su objetivo común es incidir en el proceso y ecosistema de toma de decisiones y en el debate público.
[contextly_sidebar id=”4SAKEMQA5cSoQC2An41UY0sFeCA3Pll5″]Uno de los temas centrales de la discusión fue la inclusión y la diversidad en los think tanks. La cuestión de fondo es que no puede haber innovación sin diversidad. La diversidad de ideas y puntos de vista sólo se expresa cuando existen participantes provenientes de entornos diversos y con experiencias distintas. En un mundo cambiante y que presenta nuevos desafíos es necesario enfocar, analizar y hacer planteamientos nuevos que sirvan de insumo para las políticas, decisiones y respuestas que hacen falta en el mundo actual. Con viejos esquemas y enfoques difícilmente se pueden encontrar respuestas a los nuevos retos.
Partiendo de esta premisa se presentaron dos iniciativas centrales:
El hecho en sí resultó innovador considerando que, como sucede en la mayoría de los foros en el mundo, la mayor parte de los participantes eran hombres. Confieso mi sorpresa al encontrar colegas del otro sexo profundamente comprometidos con la cuestión y con una clara visión de la necesidad de apostar por la diversidad y la inclusión como medios para que sus instituciones salgan adelante y sobrevivan en el competido mercado de las ideas. Resultó refrescante que nadie, absolutamente nadie, cuestionara el tema como punto de partida ni la necesidad de considerar la inclusión y la diversidad como políticas. (Mi última conversación en el año sobre el tema en México cerró con una frase que ni me molesté en responder: “Si no hay más mujeres es porque no tienen las aptitudes para estar en la toma de decisiones…”).
Entre los consensos alcanzados en las discusiones hay cuatro que quisiera destacar:
Sin duda, la red que acaba de formarse tendrá mucho que aportar.
Lo que no se hace visible, es como si no existiera. Es importante darle visibilidad a la falta de voces femeninas en la red global de think tanks para poder cambiar la realidad. En la medida en que se sumen voces y perspectivas diversas a los procesos de toma de decisiones globales se tendrán más opciones y una amplia gamas de ideas sobre las que discutir y propuestas que desarrollar. Un claro ejemplo lo ha demostrado Naciones Unidas al incluir a las mujeres en los procesos de negociación de la paz en zonas de conflicto en el mundo: los resultados son consensos de larga duración y más profundos.
El resultado, en otras palabras, representa mayores posibilidades de innovación, transformación y cambios en un mundo que necesita urgentemente nuevas propuestas.