Redacción Animal Político · 30 de octubre de 2024
A mí me consta que el INAH estuvo allí. Los vi trabajar en la selva; en cada sitio que nos encontrábamos había un encargado y varios ayudantes. Platicábamos, les dábamos información y ellos compartían sus conocimientos. Nos despedíamos cordialmente; estábamos del mismo lado, del lado de admirar, aprender y preservar. A mí me consta que había cientos de vestigios arqueológicos a lo largo del tramo cinco. Viajé en el tiempo al verlos: los vi cubiertos de selva, en cuevas y bajo el agua. En la selva quintanarroense y sus cenotes observé impresiones de manos en paredes, artefactos, construcciones y huesos: osamentas de humanos ancestrales, de animales que convivían con ellos y de especies extintas. Allí están los descubrimientos que modificaron lo que creíamos sobre nosotros mismos, logros de exploradores, muchos de ellos extranjeros fascinados por la riqueza biocultural que allí se atesoraba.
A mí me consta que la tarea que se les encomendó era titánica, de mayúscula importancia, y que no pudieron completarla. A mí me consta que el señor Diego Prieto (director del INAH) traicionó al Instituto, a la Nación, a la Arqueología y a la Historia, convirtiéndose en un partidario del proyecto político de un partido. En sus apariciones promocionales consta que a este señor le sobran modales y lisonjas, pero le faltan agallas y honor. A mí me consta que miente; me consta que zonas arqueológicas de inmenso valor, que ya habían sido registradas ante el INAH, estaban bajo el trazo del tren impuesto y que, de no haber sido por la denuncia ciudadana que alzó la voz, se les habría pasado por encima. Yo vi vestigios arqueológicos arrasados, sepultados, porque no alcanzaron la categoría de importantes para la transformación de la selva o porque era más conveniente que solo existieran en un archivo redactado a prisas porque el trascabo ya llegaba.
A mí me consta que muchos de los responsables de nuestro acervo arqueológico cedieron ante esta presión. Ninguno de los trabajadores con los que me despedí, cuando aún estábamos a tiempo de rescatar la selva maya, quería un tren por encima de la selva, sobre este laberinto de conocimientos que debía recorrerse con asombro, cautela y paciencia. Sin embargo, sus deseos de conservación fueron sepultados o archivados, como los vestigios que desaparecieron junto a los millones de árboles que los custodiaban.
A mí me consta que hubo valientes que con conocimientos hicieron frente al trascabo, a la burocracia y a la demagogia. Denunciaron con amor y desesperación lo que estábamos perdiendo, apelando a la razón para detener la destrucción. Y recibieron como respuesta propaganda y amenazas.
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El arqueólogo Fernando Cortés de Brasdefer, quien hizo de la Península de Yucatán su vida, dedicándole décadas de estudio y descubridor de las zonas arqueológicas de Chakanbakan, Ichkabal y Bahía de Chetumal, es un destacado autor y defensor de tradiciones indígenas. Es uno de esos valientes que México demanda para proteger su pasado y enaltecer nuestro futuro. Y por ello ha sido citado por la Función Pública.
Ya que cientos de cenotes han sido destruidos, perforados y contaminados. Ya que la selva está en oferta desde el mostrador de venta de un tren que la ha convertido en un producto loteado. Ya que la herencia ha sido manoseada, violentada y desaparecida. Citan a uno de sus defensores, como si fueran a juzgarlo.
En el expediente del nefasto caso armado contra Fernando, en alguna parte se refiere a que el escrito que el arqueólogo Cortés de Brasdefer envió a sus colegas, desprestigia y lesiona al INAH. Pero el escrito expone el daño causado por el mal proceder de los funcionarios en cuanto a la conservación, investigaciones y resguardo de los monumentos y zonas arqueológicas por donde se tendieron las vías del tren en la selva maya. Fue la alta estima hacia la labor encomendada por la ley al INAH lo que inspira el reclamo, justamente por el abandono de esas acciones.
Dadas las circunstancias, yo celebro que lo citen. Quedará registro de sus palabras y se distinguirá, en quienes lo escuchen, quiénes sirven a intereses que traicionan al patrimonio mexicano y quiénes genuinamente se arriesgan por defenderlo. Celebro que lo citen porque no irá solo: colegas de su profesión que lo respaldan lo acompañan, así como personas y organizaciones que alzaron la voz denunciando el despojo y la barbarie tendremos oportunidad de unirnos y aliarnos con Fernando. México ha de prestar atención a la cita del arqueólogo Fernando Cortes de Brasdefer; en su desenlace quedará en evidencia que sucede en este país con quien lo defiende y quien está al servicio de intereses sin escrúpulos. La destrucción esta allí, las pruebas son irrefutables y lo que se decida antes estos hechos define la importancia que se le da hoy a nuestro pasado y destino al que nos encaminamos.
* Jose Urbina Bravo (@tiburon_pepe) es buzo de cuevas e integrante de Selvame del Tren (@SelvameMX).