blogeditor · 26 de noviembre de 2022
“Se traza un mapa de donde ya se ha estado,
pero aún no hay un mapa del lugar hacia donde nos dirigimos.”
Audre Lorde
El Día Internacional para Eliminar la Violencia Contra la Mujer es un día en donde se busca poder visibilizar las problemáticas sociales y estructurales que vulneran y violentan a las mujeres; sin embargo, muchas veces suelen utilizarse cifras para hablar de ello lo que podría desconectarnos de las personas, de quienes son, qué es lo que sienten y el impacto que tiene en cada una de ellas, sus vidas y sus contextos.
Convertir las cifras en historias posibilita el desarrollo de la empatía al colocar rostros y sabernos pares, además de con esta empatía poder transformar las narrativas en torno a un tema. Pero ¿cómo podemos lograr desde las instituciones, dar voz y presencia a las mujeres migrantes?
Entendiendo que el contexto social de las mujeres en México ya vulnera de forma significativa la expresión, escucha y, por consiguiente, resolución de las problemáticas; las mujeres migrantes en México se encuentran enfrentando estas situaciones muchas veces sin redes de apoyo en el país, falta de documentación migratoria, sin empleo y siendo las cuidadoras principales de hijxs y/o familiares es aquí en donde la intervención de las organizaciones de la sociedad civil cobra importancia, no en términos de asistencia humanitaria, sino como promotoras de derechos, como herramienta de impulso a accionar sus propios recursos.
Cuando se habla de mujeres migrantes, generalmente se habla desde la vulnerabilidad a la que están expuestas, sin embargo, es importante no perder de vista que estas mujeres han tomado decisiones significativas para cuidar de sí mismas: han cambiado su vida, su lugar de residencia, sus vínculos y un sinfín de cosas, en busca de mejorar las condiciones de su vida.
Desde la institucionalidad, es igual de importante recordar estas fortalezas para no caer en el paternalismo y no ejercer esas mismas violencias que se reproducen desde lo social y estatal. Crear espacios donde se ejerza una profesión desde la responsabilidad a las personas y en donde se use el privilegio institucional como hogar a los sentipensares que ahí llegan.
En Sin Fronteras, hemos podido observar la importancia que tiene el trabajo grupal y comunitario sobre todo en temas de violencia de género; poder facilitar espacios de escucha para acompañarnos mutuamente, pero que también funjan como lugares de resolución, en donde se dé cuenta de los avances, fortalezas y herramientas de cada una, pero también de todas como grupo organizado, dando como resultado un impacto positivo por el trabajo colectivo que se crea desde el encuentro de historias. Espacios donde ellas puedan ser dueñas y expertas en sus procesos, donde se escuche lo que tengan por decir y aunque existan vivencias difíciles con las que se identifiquen, pueda ser reconocido y transformado no desde lo limitativo, si no desde la creación de formas alternas de resolución.
De la misma forma en que las mujeres con las que trabajamos, nos han mostrado como son mujeres decididas, trabajadoras, creativas, resilientes, empáticas, con capacidad para reinventarse y valientes, esperamos apoyarles a transformar las narrativas, para que cuando se piense en las mujeres migrantes, no sean vistas desde la otredad, si no como símbolo de fortaleza y resistencia.
* Montserrat Capilla es Psicóloga de Sin Fronteras IAP (@SinFronteras_1).