La importancia del Conapred para transformar con igualdad

Joel Aguirre · 22 de septiembre de 2026

La importancia del Conapred para transformar con igualdad

Por Lídice Rincón Gallardo*

México vive un tiempo de profundas transformaciones. Durante los últimos años hemos vuelto la mirada hacia quienes durante demasiado tiempo permanecieron fuera de las oportunidades, del bienestar y, ni qué decir, muchas veces, del reconocimiento de sus derechos.

Construir un país más justo y que nadie se quede atrás por su origen, por su condición económica, por el color de su piel, por ser mujer, por vivir con una discapacidad, por pertenecer a un pueblo indígena o afromexicano, por su edad, por su orientación sexual, por su identidad o por cualquier otra condición, es hoy una obligación de todas y todos; por ello, es necesario reconocer que, las transformaciones más profundas no ocurren solamente en las leyes o en las instituciones. También tienen que suceder en nuestra manera de mirarnos y de reconocernos unas y otros.

Ahí se encuentra uno de los grandes desafíos de nuestro tiempo: transformar la cultura de la discriminación en una cultura de igualdad, dignidad y derechos humanos. El Consejo Nacional Para Prevenir la Discriminación (Conapred) nació de esa convicción. Su creación, hace más de 20 años, fue resultado de muchos años de lucha social y de un amplio diálogo entre sociedad civil, academia, instituciones y distintas expresiones políticas. La Comisión Ciudadana de Estudios contra la Discriminación, encabezada por Gilberto Rincón Gallardo, contribuyó a colocar en la conversación pública una realidad que durante mucho tiempo permaneció normalizada, pero que la política de izquierda siempre colocó sobre la mesa: en México existían personas y grupos que enfrentaban barreras sistemáticas simplemente por ser quienes son. Reconocerlo fue un paso profundamente democrático.

Después vendrían la Ley Federal para Prevenir y Eliminar la Discriminación y la creación del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación. Pero quizás el cambio más importante fue comenzar a comprender que la discriminación no consiste solamente en una ofensa o en un mal trato, tampoco que esta se identifica de manera simple con la pobreza. La discriminación está presente en las estructuras, en las instituciones y en prácticas culturales que limitan oportunidades y reproducen desigualdades. Esta práctica afecta a las personas, más allá de sus esfuerzos individuales o su valor social. Por ejemplo, todas las mujeres, desde las trabajadoras del hogar hasta quienes están a la cabeza de nuestras instituciones políticas, pueden decir cómo han tenido que demostrar su valor mientras que no se pide lo mismo a los hombres. Más de veinte años después, esa tarea continúa.

Ninguna conquista cultural es irreversible

Hoy México es otro país, pero la discriminación —desafortunadamente— no ha desaparecido. Persiste el racismo y el clasismo; las personas con discapacidad continúan enfrentando barreras; mujeres, pueblos indígenas y afromexicanos, personas de la diversidad sexual, personas migrantes, así como las niñeces que no solo sufren violencia, sino que, además aún son víctimas de una sociedad adultocéntrica que no les permiten ejercer a plenitud sus derechos humanos y fundamentales; y así, muchos otros grupos siguen viviendo distintas formas de exclusión, discriminación y violencia estructurales.

Hoy, además, enfrentamos nuevos desafíos. La polarización social, los discursos de odio y la velocidad con la que se reproducen prejuicios y estigmas en las redes sociales nos recuerdan que ninguna conquista cultural es irreversible. Por esa razón necesitamos seguir hablando de igualdad; para encontrarnos y reconocernos.

La política de no discriminación debe ser, ante todo, una política profundamente humana: capaz de escuchar, acompañar, educar, prevenir y construir puentes. Una política que dialogue con las comunidades y que llegue a los territorios; que escuche especialmente a quienes históricamente han sido colocados en situación de desventaja y vulnerabilidad y que contribuya a transformar las causas que producen la exclusión y esa mirada que, desde el privilegio genera desconfianza y rompe el tejido social. Pero, también, una política que interpele al poder y sus instituciones para que todos los actos, por ejemplo, cobrar impuestos, construir edificios o comunicar a través de los medios de comunicación, se hagan con perspectiva de no discriminación. Esto implica, efectivamente, tratar a todas y todos de la misma manera, pero también compensar y proteger a quienes han experimentado historiales amplios de discriminación.

La igualdad no consiste en que seamos iguales

En esa tarea, el Conapred conserva una enorme relevancia. Y como todas las instituciones públicas, tiene también la oportunidad de renovarse, acercarse aún más a la gente y responder a las nuevas realidades de nuestro país. Prevenir la discriminación se traduce en una obligación ética que deconstruya y transforme nuestras comunidades y nuestro México para transformarla en una nación fortalecida y solidaria con nuestra gente, con nuestro pueblo. Significa educar para la igualdad, desmontar prejuicios, eliminar barreras y construir condiciones para que todas las personas puedan participar, decidir y, sobre todo, vivir con dignidad.

He dedicado buena parte de mi vida a esta causa y estoy convencida, como hace muchos años, de que la igualdad no consiste en que seamos iguales, sino en que nuestras diferencias se reconozcan y se valoren como la mayor riqueza de nuestra tierra. México tiene hoy una enorme oportunidad para profundizar esa transformación cultural. En efecto, construir desde abajo, escuchando, incluyendo y reconociendo la enorme diversidad de nuestro país es una tarea fundamental. Una sociedad que valora comprende y respeta de forma irreductible y ética la dignidad de cada persona no solo combate la discriminación; además, se vuelve una sociedad más justa, más solidaria y profundamente más humana.♦ 

*Lídice Rincón Gallardo es activista y política defensora de derechos humanos, con amplia experiencia en la creación de políticas públicas municipales y de ordenamientos legislativos, así como en el trabajo para la transformación de una cultura pública en favor de la inclusión, la igualdad y la no discriminación. X: @Lidice_rg