Ilegal: más que solo una palabra

blogeditor · 29 de octubre de 2020

Ilegal: más que solo una palabra

Nuestras frases, nuestros apodos, nuestras canciones, y todas las presentaciones que le damos al idioma van cambiando y evolucionando con nosotros, con los fenómenos de nuestra sociedad y de nuestro mundo. Hay expresiones que heredamos y nos acostumbramos a usar porque nuestras familias las usan, hay otras que empezamos a decir porque nuestros amigos, nuestros colegas, nuestros políticos, nuestros profesores y todas las otras personas de nuestro alrededor repiten y “se nos pegan”.

Por ejemplo, en México se contesta diciendo ¿mande? para indicar que no se escuchó algo que te dicen o te preguntan, en Colombia y Perú se contesta diciendo ¿dime? con el mismo propósito. El decir mande es tan natural para el mexicano que no nos enteramos de que la expresión suele impresionar a las personas de otros países hispanohablantes. El mande tiene un largo legado en México que viene de la época del colonialismo español.

Durante años marcaba una dinámica de sumisión en la que las personas de origen indígena les contestaban a los españoles tolerando su estatus superior. Hoy el usar el mande es algo que nuestros papás nos socializaron a decir como alternativa a contestar con un qué más abrupto. La fuerza y simultánea fragilidad de una expresión pidiendo claridad que encarna una historia de diferentes dinámicas de poder existe en la manera de referirse a grupos marginados. Un ejemplo concreto es cómo se describe a los migrantes indocumentados en Estados Unidos.

La BBC publicó un análisis explicando el impacto del presidente Trump sobre la inmigración y cómo afecta a los latinoamericanos. El encabezado de la foto titular del artículo menciona que una gran parte de la campaña presidencial de Donald Trump en el 2016 fue la promesa de reducir la inmigración ilegal a Estados Unidos. Empleando el mismo tipo de lenguaje, una de las frases concluyente del artículo dice “a lo largo de las líneas partidistas, los republicanos tienden a ver la inmigración negativamente y querrían ver más restricciones, especialmente la ilegal”.

El reiterar este tipo de lenguaje de ilegalidad produce una asociación que parecería inherente entre la migración irregular y la criminalidad. No son solo las personas que se oponen duramente a los migrantes indocumentados quienes crean impacto al hablar de ellos dentro del encuadre de la ilegalidad, sino todos los que repiten ese tipo de lenguaje al dirigirse a ellos. En cualquier caso, el uso repetido de un lenguaje que se asocia con la ilegalidad crea una imagen sesgada y discriminatoria de las personas indocumentadas que migran a Estados Unidos.

El cambiar la manera de hablar sobre los migrantes indocumentados y dejar de encuadrar toda su existencia dentro de la ilegalidad, o irregularidad, sería un primer paso para reformular un discurso que carga tantos sesgos. Esto no implica que no haya consecuencias dentro de los sistemas formales de Estados Unidos asociadas a la migración, pero al adjetivar a este grupo de personas como ilegales les niega mucho de su humanidad.

El esforzarse y concientizarse para hablar de los migrantes y referirse a ellos como indocumentados se refiere más directamente a su condición migratoria ya que habla de su categoría como quienes llegaron a un país sin estar dentro de los sistemas oficiales. Es muy distinto ser indocumentado a ser ilegal, las asociaciones y el como son vistas y tratadas las personas cambia radicalmente.

Esta diferencia de terminología no es simplemente semántica, hay implicaciones significativas, concretas y tangibles, al no hacer la distinción entre falta de documentación e ilegalidad de una persona. Cuando se le refiere a este grupo de personas como ilegales se asocia con los discursos de una ideología que va en contra de su existencia, de sus derechos, de su dignidad como la que sigue utilizando Donald Trump.

Al repetir, repetir y repetir este tipo de lenguaje el marco a través el cual se asocia a este grupo inevitablemente acaba siendo profundamente negativo. Dado que estas palabras están muy asociadas con la retórica de grupos e ideologías muy agresivas en contra de la migración, el esforzarse y concientizar a referirse a los migrantes sin hablar de la ilegalidad es una manera de reforzar su humanidad. Y como lo dice la consigna: “Ningún humano es ilegal”.

@LexiaGlobal