blogeditor · 3 de noviembre de 2014
Por: Rodrigo Elizarrarás A. (@rodaxiando)
Seguimos sin superar el tema de Iguala. Es totalmente comprensible. Han pasado treinta y ocho días y no sabemos nada del destino de los estudiantes, ni de Abarca y su esposa. La lentitud de las investigaciones podría desesperar a un monje budista. A raíz de los acontecimientos en esta localidad se ha desatado una de las crisis más profundas del sexenio. El grado de violencia sistémica, el nivel de penetración y corrupción de nuestras autoridades, y las deficiencias de nuestro sistema de procuración de justicia son ya un escándalo internacional.
Esta crisis debe transformarse en algo constructivo para el Estado y la sociedad, de lo contrario volveremos a ella irremediablemente en unos meses. Evadir el tema o minimizarlo, como hasta ahora se ha optado, no son buenas opciones. Por el contrario, una mejor respuesta es aprovechar la inercia del momento para hacer una revisión a fondo del modelo policial, la estrategia de seguridad federal y la reforma al aparato de justicia, que aún están pendientes.
En este caso particular, la idea es jalar la hebra que se desprendió en Iguala y ver hasta dónde llega. Sería deseable establecer una estrategia integral de seguridad a partir de este caso e iniciar un barrido minucioso de una de las regiones más peligrosas del país. Es muy probable que haya muchos otros municipios viviendo (en silencio) una situación similar. El caso reciente de las autoridades de Ixtapan de la Sal no debe ser el único. La red de vínculos y complicidades del crimen organizado es muy amplia. Sus tentáculos llegan más allá de lo imaginado. Estas preguntas recorren las páginas de muchos medios: ¿Cuántos municipios más como Iguala hay? ¿Cuánto tiempo más tendremos que tolerar (pacientemente) esos arreglos criminales-autoridades?
La toma de las instituciones del Estado por parte de los grupos criminales es un tema de seguridad nacional. Se trata del secuestro e intimidación de las instituciones del Estado y sus representantes. No se puede ser tibio ante esta situación. No podemos seguir siendo indiferentes (sociedad, gobierno, partidos y organizaciones) ante el momento por el que pasa el país. Este debería de ser un punto de inflexión que permita avanzar la agenda de la seguridad pública. La pasividad y tolerancia frente a la colusión de las autoridades con los delincuentes es lo que llevó a que en Iguala se cometieran los delitos que se llevaron a cabo.
No sólo es el tema del tráfico de drogas. El problema es –también– que ahora esos grupos se dedican a secuestrar, extorsionar y robar de manera generalizada a la población. Delitos que se han incrementado considerablemente en los últimos dos años.
No se puede parar ahora. Hay que jalar la hebra que ya salió en Iguala. Por dar un ejemplo, en el estado de Morelos se vive una situación similar. Morelos vive una crisis de seguridad desde hace ya varios años. La zona metropolitana de Cuernavaca es –con datos de 2013 del SNSP– la capital de la extorsión en México, además de que presenta un alto nivel de robos con violencia (automóviles y negocios particularmente), y un alto grado de secuestros y de homicidios dolosos. Cuernavaca combina altas cifras en cuanto a los delitos de alto impacto, lo que la convierte en una de las ciudades más peligrosas del país. A continuación algunos datos para corroborarlo.
Al igual que en otras partes, en Morelos los nexos entre el poder y la delincuencia organizada son añejos. Desde que Jorge Carrillo Olea (1994-1998) era gobernador, el estado era frecuentado por altos personajes del mundo criminal. Las historias cuentan que Amado Carrillo Fuentes, “El señor de los cielos”, y otros personajes importantes del hampa visitaban con frecuencia el estado. El grado de complicidad fue tal, que en 1997 el New York Times sacó un reportaje donde se mencionaba la red de protección a los carteles en el estado. Además, el Jefe de la Unidad Antisecuestros del estado fue descubierto tratando de deshacerse de un cuerpo. En ese tiempo, Morelos tenía el más alto número de secuestros en el país. Finalmente, Carrillo Olea tuvo que dimitir al cargo y afrontó un proceso legal, del cual fue exonerado tiempo después.
A partir del año 2000, siguieron doce años de gobiernos panistas que también tuvieron sus propios escándalos. La situación no mejoró con Estrada Cajigal ni Marco A. Adame. Se detectaron redes de protección a criminales, avionetas que bajaban llenas de coca provenientes de Colombia y la incidencia delictiva no cambió mucho. La situación se mantuvo más o menos constante hasta una nueva vuelta de tuerca que cambió el mapa delictivo de la entidad: el famoso episodio del abatimiento de Arturo Beltrán Leyva, “El jefe de jefes”, en la ciudad de Cuernavaca. Todas las narrativas apuntan a que este fue el capítulo que generó la debacle de esta ciudad…
Hoy el estado de Morelos vive situaciones de inseguridad complejas. Tanto los Guerreros Unidos como Los Rojos se disputan el control del estado y atemorizan a la población. Los secuestros, extorsiones y robos de todo tipo se han disparado de manera alarmante. Las autoridades locales prefieren callar por temor o conveniencia. En particular, el municipio de Amacuzac parece ser un nodo que merece la atención urgente del gobierno federal. El presidente municipal acusa al ex-edil y actual diputado local del PT de estar vinculado con grupos delictivos. Así, en corto, con información disponible para todos en internet, tenemos otro potencial Iguala en suelo morelense; a la vuelta de la esquina.
Otras poblaciones como Taxco, Teloloapan, y varios municipios de la zona colindante entre Guerrero y Morelos viven una situación de alta inseguridad. No estaría de más, dado que ya llamó los focos de atención de las autoridades federales, empezar a cerrar el cerco de la región, revisar los perfiles de todos esos municipios y otras autoridades involucradas, y empezar a hacer un operativo de seguridad en una zona de alta efervescencia delictiva. ¿Por qué cuesta tanto trabajo investigar a las agencias encargadas de ello? ¿Por qué no usamos la disuasión como medida preventiva en lugar del control de daños como medida reactiva?
La hebra que emana de Iguala podría llegar muy lejos. Morelos bien puede ser otro Guerrero si no se atiende a tiempo. Ojalá se pueda actuar con anticipación.
En fin, van más de treinta y tantos días y la crisis sigue ahí… el último mensaje presidencial nos dejó con más dudas que certezas, y la respuesta de los padres lo evidenció. No se sabe nada de los estudiantes, no sabemos dónde está Abarca y su esposa, salen más cuerpos y encuentran más fosas, el tiempo pasa, la gente desespera y el gobierno se enreda ante la urgente necesidad de ese guión que no tenían escrito…