Identidades no binarias y el respeto al derecho a la no discriminación

Redacción Animal Político · 29 de febrero de 2024

Identidades no binarias y el respeto al derecho a la no discriminación

En México, la Constitución Política establece desde el primer artículo el derecho a no ser discriminado, discriminada o discriminade, entre otras cosas, por el género de las personas. Por otro lado, en la Ciudad de México, la Constitución local reconoce como uno de sus principios rectores la no discriminación. Además de los documentos citados, existen leyes tanto locales como federales que protegen, promueven y garantizan este mismo derecho.

En la práctica, si bien todes tenemos la obligación de cumplir con lo descrito, aún existe una gran resistencia al reconocimiento social de algunas identidades de género, pero ¿de dónde vienen estas resistencias? ¿Cómo se reproducen? Y ¿De qué forma se manifiesta la discriminación en ellas?

Durante siglos se ha construido la idea de que sólo existen dos géneros asignables a las personas según sus características sexuales visibles, invalidando así la existencia, por ejemplo, de variaciones sexuales únicas y, por tanto, no reconociendo a las personas intersexuales. Y mientras la ciencia ha evolucionado para reconocer estas vivencias únicas, socioculturalmente seguimos casades con la idea binaria de la existencia única de dos sexos y, por ende, dos géneros únicos.

Es cierto que los conceptos de género y sexo no son lo mismo, sin embargo, en la práctica van tan ligados que parece que uno depende del otro, o al menos eso hemos creído durante tantos años.

Hoy, hay mucha más visibilidad de personas no binarias y aunque la palabra puede ser relativamente nueva, las vivencias más allá del género binario (hombre-mujer) existen desde hace siglos; por ejemplo, las personas dos espíritus en Norteamérica o les muxes en Oaxaca y así inumerables ejemplos documentados alrededor del mundo con herencias históricas milenarias.

Pensando en lo anterior es válido preguntarnos, ¿de dónde surge el no reconocimiento sociocultural de las personas no binarias? Es posible responder a esa pregunta desde diversos frentes, pero concentrémonos en dos; la historia y el lenguaje.

Históricamente ha sido más fácil clasificar a las personas en dos grandes grupos generales y aunque las razones de esto son variadas, de forma general se ha establecido un sistema político, cultural, médico/científico y social que reafirma esta clasificación binaria y aunque nos encantaría decir que no es más que una simple forma de “acomodar” a personas por grupos, lo cierto es que en la práctica ha generado asimetrías de poder claras, en donde quienes tienen el poder (es decir, los hombres) deben de actuar de cierta forma para reafirmar ese poder, mientras que quienes no lo tienen (es decir, las mujeres) tienen que mantenerse al margen de lo que los primeros ordenen. Pero ¿en dónde quedan las culturas y clasificaciones milenarias antes mencionadas?

Esta última pregunta resume muy bien el problema del que hablamos y la respuesta es muy clara: no son tomadas en cuenta, si pensamos el mundo en blanco y negro jamás podremos ver el abanico de colores y tonalidades existentes. Y es que así ha sido pensado el mundo, sólo en hombres y mujeres, dando nula posibilidad a observar a grupos de personas que salen de estas clasificaciones, algunas incluso desde antes de la existencia de conceptos como “hombre” y “mujer”.

Entonces, pensando que el sistema sexo-género es una construcción que lleva siglos establecida en nuestro pensamiento (tanto individual como colectivo) es comprensible que a muchas personas les cueste tanto reconocer “nuevos” conceptos para nombrar a personas que antes ni siquiera podían ver. Sin embargo, el que sea complejo para algunas personas no significa que ellas tengan derecho de continuar sin verles, ignorarles o pasar de largo ante su existencia.

Lo anterior es visible claramente en la forma en la que hemos construido un lenguaje común, también en términos binarios (al menos en el español) y es por eso que, aunque ahora son reconocibles sustantivos neutros, casi todas las palabras tienen un género gramatical, incluso aquellas que no hablan de personas o seres vivos.

“Es que se deforma el lenguaje”, dicen quienes abogan por mantener un sistema lingüístico binario y tienen razón si pensamos en “deformar” como sinónimo de cambiar o, incluso, de evolucionar, pero esta “deformación” no es otra cosa que lo que mantiene vivo al lenguaje. Si no existiera la posibilidad de “deformar”, cambiar y reordenar la forma en la que nos comunicamos, el español sería una lengua muerta, como el latín o muchas otras lenguas en desuso.

Por otro lado, para quienes insisten en mantener una postura inamovible bajo argumentos pseudo históricos con frases como “así ha sido siempre”, lo único que demuestran es la falta de reconocimiento histórico del lenguaje, pues no notan que ya no se habla ni escribe como se hacía hace dos siglos, ni siquiera se hace de la misma forma que hace 20 años.

Por lo tanto, el no reconocimiento de identidades no binarias no parte ni del lenguaje ni de la historia, sino de la negativa a reconocer y respetar a las personas según sus identidades de género y, al no reconocer y respetar estas identidades, es probable que se reproduzcan actos discriminatorios.

Pensemos, por ejemplo, en un hombre cisheterosexual que se llame José, al llegar a un lugar nuevo y después de presentarse todas las personas a su alrededor le llaman Marcos, a pesar de la insistencia de José que ese no es su nombre. ¿No nos parece legítimo nombrar a José por su nombre correcto? Pues lo mismo sucede con las personas no binarias. ¿No será legítimo también nombrar a las personas como nos lo piden?

Alguien podría pensar que no se trata de lo mismo ya que las palabras usadas para nombrar a personas no binarias “no existen”, pero ¿cómo validamos la existencia de una palabra? ¿En que ley, reglamento o estatuto se define si existe o no una palabra? “En la RAE o en los diccionarios” pensarán algunes, sin embargo, es importante recordar que las instituciones lingüísticas como la RAE o cualquier otra, no regulan el lenguaje, sino que lo describen. Es decir, ninguna institución de ningún tipo puede decirnos si algo está bien dicho o no.

Lo anterior no significa que las reglas gramaticales no sirvan, significa que esas reglas -y muchas otras que intenten “regular” el lenguaje- pueden ser modificadas por les hablantes y luego escritas en diccionarios, pero eso, bajo ninguna circunstancia, las convierte en leyes.

En conclusión, el no reconocer y respetar las identidades de género no binarias sólo reproduce la discriminación que las personas de este grupo poblacional enfrenta cotidianamente. Mientras se continúe pensando al mundo como un sistema binario, continuarán invalidándose vivencias individuales y grupales de personas que también son sujetes de derechos.

Por estas razones es legítimo pensar que para algunas personas puede ser complejo cambiar la forma en la que se comunican, pero si queremos contribuir a la creación de una sociedad libre de prejuicios, violencias y discriminación, resulta fundamental reconocer, nombrar e incluir en nuestros espacios la existencia de personas no binarias.

* Samuel Cabral es defensore de derechos humanos y excolaborador del COPRED.