blogeditor · 13 de agosto de 2021
Recientemente la Secretaría de Educación Pública anunció que están listos para el regreso a clases después de más de un año de haber suspendido las actividades presenciales debido a la pandemia de COVID-19.
Los mexicanos nos preguntamos, ¿qué significa estar listos para regresar a clases? Cuando estamos en un pico de contagios y con variantes más agresivas.
Como muchas voces han reiterado, la pandemia ha agudizado la desigualdad y en el caso de la educación no es la excepción. Si bien todos los niños han resultado afectados y van enfrentar un rezago a nivel educativo y socio-emocional, los niños que viven en ciudades y que cuentan con conexión a internet han podido dar cierta continuidad a sus estudios y con ello el impacto que sufren es menos profundo. Los niños que no tiene acceso a internet y que desde siempre han estado estudiando en condiciones precarias están frente a la posibilidad de un futuro perdido.
Este jueves 12 de agosto, la SEP presentó un “plan de 10 puntos” para el regreso a clases que consiste básicamente en aplicar un primer filtro sanitario en las casas para no enviar a los niños con síntomas a la escuela, “limpiar a fondo” las escuelas, medir la temperatura de los alumnos antes de ingresar y supervisar que usen cubrebocas, así como reportar casos sospechosos o confirmados de COVID a las autoridades de salud. Después de 17 meses de haber suspendido las clases presenciales, las autoridades de educación tuvieron tiempo para hacer un plan de regreso a clases mucho más detallado y serio.
La SEP tiene a su alcance la posibilidad de censar a toda la población de alumnos y docentes del sistema público. Hace 17 meses se debió realizar un censo para estar en condiciones de agrupar a la comunidad de estudiantes en diferentes categorías en función del riesgo que tienen de abandonar la escuela:
Porque incluso dentro del propio sistema educativo público existen enormes disparidades y, por lo tanto, es necesario contar una estrategia diferenciada para apoyar a quienes han sido más impactados por esta crisis y que están en riesgo de no regresar a la escuela ya que las familias enfrentan demasiadas dificultades.
Al grupo de alto riesgo debería dársele absoluta prioridad, redirigir los recursos que sean necesarios e invertirlos para contratar más docentes y tener grupos más pequeños, acondicionar las escuelas para que cuenten con agua potable y baños funcionales, así como una ventilación adecuada en los salones de clases, capacitar a las familias para el uso correcto de las mascarillas y el lavado de manos, y también asignar un presupuesto para contar con personal médico en esas zonas que ayude a vigilar y a controlar los contagios.
Para el grupo de riesgo medio, es decir, aquellos que no tienen acceso a internet, pero están ubicados en zonas urbanas en donde las escuelas cuentan con una infraestructura básica para ofrecer condiciones de higiene y seguridad, se deberían enfocar los esfuerzos también en contratar más docentes para escalonar las clases de tal modo que los salones no estén saturados, asegurar una ventilación adecuada (invertir en modificar la infraestructura si es necesario) y capacitar a padres de familia en el uso correcto de mascarillas y lavado frecuente de manos.
Finalmente, para el grupo de menor riesgo que cuenta con conexión a internet se debería tener una estrategia de educación a distancia como la que implementaron las escuelas privadas (y aquí el sector privado podría colaborar aportando metodologías, experiencias, materiales de trabajo, etc.) de tal modo que quienes puedan seguir estudiando o enseñando desde su casa lo hagan y dejen libres los espacios en las aulas para quienes no tienen esa alternativa y evitar con ello un mayor rezago.
Los recursos siempre son limitados, pero para eso se definen prioridades y no hay nada más prioritario en este momento para el país que la salud y la educación. Estoy convencida que, con voluntad, el Estado Mexicano podría redirigir los recursos económicos necesarios para no dejar caer el sistema educativo nacional y también estoy segura que, si abre una convocatoria al sector privado para apoyar una estrategia nacional para evitar el rezago educativo, encontraría respaldo.
* Sophie Anaya (@sophieanaya) es Licenciada en periodismo (EPCSG) y maestra en comunicación (Ibero). En el sector educativo los últimos 12 años.