blogeditor · 18 de noviembre de 2013
Obra del español José de Ribera y Cucó (1591-1652). Foto: Flickriver
Obsequio envidiable para comediantes y conductores de ‘talk shows’ norteamericanos, la grotesca figura del Quimby canadiense se agiganta –es una expresión- ante la opinión pública internacional, desacostumbrada a que alguien con perfil tan visible se autodestruya con tanta deliberación. Recordemos que la ciudad que gobierna es la más grande de ese país y que nuestro protagonista mete la pata con calculada frecuencia y singular intensidad.
[contextly_sidebar id=”33bb23a3f9cb33a4106d3eff5f4cbc60″]Sométase como prueba de cargo, el video de Rob Ford ante la prensa vestido con camiseta de los Argonautas de Toronto, equipo de la Liga de Futbol (Americano) de Canadá, o CFL. Comenta el disminuido alcalde en funciones: ‘[Ex asesora] alega que yo quería (practicarle sexo oral)… Tengo más que suficiente para comer en casa (sic)…’ (vía Gawker). Mañana del 14 de noviembre, 2013.
Para intentar controlar el daño, en un santiamén Ford se hace acompañar por su esposa –a quien humilló minutos antes– en conferencia oficial tras la anterior declaración. Tarde del 14 de noviembre, 2013.

¿Pero quién es esta persona? The Gift that keeps on giving. Un regalo inesperado y redituable, con generosos dividendos.
Durante la sesión del Consejo Municipal de Toronto el miércoles 13 de noviembre pasado, una abrumadora mayoría de sus integrantes le dan la espalda. Reclaman al alcalde su presencia en una casa habitación donde se expende crack; el haber sido expulsado, en evidente estado de ebriedad, por personal de vigilancia de un juego de las Hojas de Maple de la NHL donde insultó a una pareja que tuvo la mala fortuna de sentarse junto a él (‘¿Quieres que tu esposita vaya a Irán para ser violada y asesinada?’). En otro momento y ante pregunta expresa, Ford admite que ha comprado -y consumido- estupefacientes durante los últimos dos años. Se contabilizan varios votos de desconfianza en su contra. Piden su retiro voluntario del cargo. Ford se resiste; exige que todos los concejales a una prueba antidopaje financiado por él (discusión desechada por el pleno), y anticipa una defensa legal para anular los efectos de estas medidas.

El viernes quince, el grupo colegiado vota por abrumadora mayoría quitarle poderes a Ford y trasladárselos al vicealcalde Norm Kelly.
Antológicos, estos dos videos que se contradicen:
No fumé crack. 17 de mayo 2013
Sí fumé crack, a causa de su estupor de borracho. 5 de noviembre 2013.
La investigación policiaca en ciernes y parcialmente divulgada, revela que Ford es acosador de mujeres que conformaban su equipo: también abusivo, prepotente y racista. Su adicción manifiesta a las drogas y el alcohol lo orillan a ser el eje de un vórtice sin fin que sólo terminará cuando acabe de aceptar sus culpas y se retire a casa, enfrente cargos y obtenga ayuda profesional.
Personajes desmesurados, de apetitos pantagruélicos, no están demasiado alejados de la realidad en México.

Languidece Ford en perpetuo movimiento, no menos preso de su propia Muralla de Ruido. No me refiero al Wall of sound, recurso creado en su estudio discográfico por Phil Spector (tiránico, demente productor de discos inmortalizado por Al Pacino en película del mismo nombre; asesino convicto que purga una condena de 19 años a partir de 2009). Movimiento que culmina con River Deep, Mountain High, cantada por Tina Turner e interpretada en el cine por Angela Bassett en su biopic de 1993.
Ike y Tina Turner, apoteosis del sonido de ‘capas múltiples’ creado por Phil Spector, hoy preso por homicidio
El efecto deseado se logró en los sesenta mediante la saturación con ensambles tamaño orquesta y numerosos overdubs, pero en México y sin la inspiración de un talentoso demiurgo (o en Canadá para el asunto que nos ocupa), la barrera del ruido se torna implacable cacofonía repleta de interjecciones, carrasperas, mentadas y graznidos discordantes. Reiteración del despropósito. Sonsonete tautológico -pesadamente ligero- de las comaladas sexenales (tricolores por décadas, apenas truncadas en 2000 y 2006 pero vueltas al redil gracias al Resurgimiento del PRI en el Poder Ejecutivo). Trompicancias verbales, susurros ininteligibles de tótems como Fidel Velázquez, jefe máximo del sindicalismo nacional desde su trono en la CTM y sus herederos Gamboa Pascoe o Romero Deschamps. O las declaraciones de cualquier miembro de esta fauna alérgica a la transparencia y el genuino imperio de la ley.
Entre el ruidajal y el barullo, la estática demagógica o fantasma en la maquinaria (ghost in the machine), destacan los excesos verbales de nuestra generación político-empresarial churrigerresca. O la verborrea de Rob Ford, en su particular laberinto del entitlement o transgresión sistemática de la ley por derecho asumido.
De nada le han servido fraseolas prefabricadas o teleprompters (¿teleprónters?) disléxicos. Languidecen, sus discursos y sus actos, en los márgenes de la periferia y el Sentido.
De arenas movedizas están hechos estos tiempos. La inverecundia de los Ford: Rob y su hermano Doug, no nos es ajena. El alcalde asistió a los Juegos Panamericanos de Guadalajara, organizados bajo la batuta de otro impresentable: Emilio González Márquez (PAN), ex gobernador de Jalisco y ex aspirante por su partido a la presidencia de México. Recibió de manos del entonces edil de la Perla Tapatía y hoy gobernador, Aristóteles Sandoval, la bandera oficial de los Juegos; Toronto será la sede de los mismos en 2015.

Y ya en el presente. Este lunes 18 por la noche Ford y su hermano –y concejal- Doug, quienes perdieron el espacio radiofónico que fungía como plataforma para expresar sus ideas y proyectos, estrenarán programa de televisión gracias a los oficios de la cadena conservadora Sun News .
Se echa de menos en México una crítica necesaria, desde la risa catártica, en grandes medios. No existen en el país series como la británica Spitting Image; tampoco, los programas de sátira política estilo Jon Stewart y Stephen Colbert en Comedy Central de los Estados Unidos (omito por insuficientes a sus tibias versiones autóctonas: los ‘peluches’ de TV Azteca o el descafeinado ‘Privilegio de Mandar’ que produjo Televisa, que ya no se transmiten).
Regresamos a la Muralla de Sonido, a su tonada más célebre, escrita por Spector en tándem con los compositores Jeff Barry y Ellie Greenwich.
When I was a little girl
I had a rag doll
Only doll I’ve ever owned
Now I love you just the way I loved that
rag doll
But only now my love has grown
And it gets stronger, in every way
And it gets deeper, let me say
And it gets higher, day by day
And do I love you my oh my
Yeah river Deep, mountain High
If I lost you would I cry
Oh how I love you baby, baby, baby, baby
I love you baby like a flower loves the
Spring
And I love you baby, like a robin loves to
sing
And I love you baby like a school boy loves
his pet
And I love you baby, river Deep — mountain
High
A su antítesis: las distorsiones de la Nomenklatura que añaden una interpretación perniciosa al clásico de Tina Turner, donde prima la sumisión incondicional e incuestionable, que exige Todo a cambio de la Nada, sin responsabilidad adulta que la delimite. Lo demandan las y los politicos en México, Canadá o en la Cochinchina. La letra y espíritu derrotados al pie de un anhelo, ése que acapara todos y cada uno de los espacios y rincones disponibles. Como el pueblo imaginado por el PRI, que debe por obligación amar a Peña Nieto, su comitiva y versiones estatales espejo o –en clave Toronto- a Rob Quimby Ford y su debilidad por el trago y la droga.

Lo que hemos observado a últimas fechas en Toronto son diversos mecanismos institucionales de control, parciales, pero que funcionan bien. Anticuerpos sociales o botones de pánico que comprueban su efectividad. Rob Ford se encuentra cada vez más aislado e impedido de tomar decisiones que afecten a los ciudadanos de esa urbe. Su renuncia es factible. A petición del Consejo, la provincia de Ontario podría involucrarse.
Por estos rincones, presumimos personajes demasiado verosímiles -versiones locales fordistas– como Mauricio Toledo, delegado del PRD en Coyoacán, o Ernesto Gándara, del PRI en el Senado, o Juan Molinar, del PAN, y ejemplos adicionales que gozan de fuertes apoyos y blindajes. Algo que no se antoja que vaya a suceder, en el corto y mediano plazo, con el Ícaro de los suburbios oriundo de Etobicoke.

Acá, un potpourri, en sus propias frases. Y aquí, un aria inspirada en la ópera Carmen, sobre el Alcalde Diamante canadiense.
Somos testigos virtuales de la parábola del Descenso previsto. La trayectoria del alboroto, consustancial al Gran Escándalo: rompiendo su propia barrera del sonido.