Humanismo mexicano, ¿dónde quedan colectivos y víctimas de desapariciones?

blogeditor · 1 de diciembre de 2022

Humanismo mexicano, ¿dónde quedan colectivos y víctimas de desapariciones?

¿Puede existir progreso y humanismo cuando hay por lo menos 108 mil personas desaparecidas? ¿Cómo se accede a la justicia y se hace frente a la corrupción con un umbral de 99% de impunidad? ¿Se puede hablar de una vida  libre de miserias y temores cuando la violencia contra las madres y mujeres buscadoras se ha incrementado en los últimos años?

El pasado 27 de noviembre el titular del ejecutivo federal convocó a la militancia de Morena y de la cuatroté a tomar las calles en el marco de la presentación de su cuarto informe de gobierno (y en respuesta a la movilización que organizó la mal llamada oposición para defender al INE). Según cifras oficiales, 1.2 millones de personas se dieron cita para acompañar al presidente López Obrador. La marcha salió del Ángel de la Independencia y llegó al zócalo; en el trayecto se encontró con una de las grietas más profundas, dolorosas y contrastantes de aquello que parecía un festival, una verbena popular: la concentración de colectivos, familiares de personas desaparecidas y activistas que como cada domingo se reúnen en el espacio que han proclamado la “Glorieta de las y los Desaparecidos”. Esta vez trajeron las fotografías de sus familiares en un formato mucho más grande para que, cuando pasara el presidente, recordara que tiene compromisos pendientes por cumplir. Desde su campaña política les hizo promesas puntuales y específicas que parecían una luz para las familias de personas desaparecidas, su sinceridad le otorgó un voto de confianza que ha perdido al romper su promesa de crear las condiciones para alcanzar justicia, verdad y memoria.

Mientras el oleaje masivo de manifestantes transitaba por el lugar, se dieron varias reacciones. No faltó quién le gritara a las madres que ahí se encontraban con las fotos de sus hijxs “vayan a gritarle a Calderón”, “se los mató el PRI”; también hubo momentáneas muestras de empatía, pero en general la concentración de los familiares y colectivos pasó desapercibida. Al parecer, en el imaginario colectivo de los simpatizantes del obradorismo el fenómeno generalizado de desaparición de personas es una problemática que se viene “arrastrando” de sexenios anteriores; les resulta complejo entender que la desaparición de personas es una violación continua en el tiempo y sigue vigente, es decir, siguen desapareciendo personas a pesar de los resultados favorables que presentó López Obrador en su informe de gobierno.

En medio de los contrastes y las complejidades que envuelven al amplio movimiento por las y los desaparecidos y a quienes respaldan al gobierno de López Obrador, existen matices que debemos examinar: no se trata de avivar una confrontación directa entre estos dos actores políticos, sino de señalar que el gobierno actual no está exento de responsabilidades sobre los cientos de miles de casos de desaparición y que, aunque se han presentado algunos avances, no han sido suficientes, no lo serán, y eso también hay que reconocerlo. Asimismo, habrá que reflexionar sobre el papel que ha jugado la sociedad civil organizada frente a la indiferencia no solo del gobierno federal, sino también -y particularmente- de los poderes judicial y legislativo a quienes pocas veces llamamos a rendir cuentas en materia de desaparición.

Desde esa perspectiva, ¿cómo se concilian las contradicciones de apoyar un proyecto que apuesta por mejorar las condiciones de vida de las personas más vulnerables, pero no abraza a las comunidades de víctimas de graves violaciones a derechos humanos? ¿Se puede? ¿El proyecto de la cuarta transformación lo contempla?

Asumamos que el obradorismo es mucho más que acaparar votos, posicionar candidatos y concentrar el poder en una sola investidura, es un proyecto político que en esencia intenta colocar -incompleta e ineficazmente- los principios de justicia social al centro de las acciones gubernamentales. Sin embargo, no considera las contradicciones propias que esto supone, pues en un contexto de economía capitalista  y  dinámicas de violencia sociopolítica y criminal, estamos lejos de poder alcanzarla. Sobre todo quienes han padecido directamente las consecuencias de la estrategia fallida contra las drogas y la militarización de la seguridad pública que durante este sexenio se ha fortalecido convirtiéndose en un eje rector.

En ese sentido, resulta difícil creer en el humanismo que promueve el obradorismo, así como creer que sea la defensa de una institución, un partido político o régimen que movilice a cientos de miles de personas. ¿De qué tipo de humanismo y de democracia estamos hablando en un país atravesado por una crisis de derechos humanos traducida en la desaparición sistemática de personas, en la proliferación de fosas clandestinas, el asesinato de madres y familiares que buscan a sus seres queridxs, la violencia de género y feminicidos?

No nos cansaremos de señalar que, más allá de las fallas que ha tenido el obradorismo, es el Estado mexicano el que tiene una deuda histórica con las familias y víctimas de desaparición. En esa dimensión es que debemos leer y analizar la poderosa actividad que realizaron colectivos, familiares de víctimas y activistas en la “Glorieta de las y los Desaparecidos” durante la marcha encabezada por López Obrador, pues hizo visible la incapacidad de la cuatroté de expresar empatía, de reconocer que no ha logrado dar respuestas efectivas ante las demandas de las familias: acciones concretas de búsqueda e identificación de personas, investigaciones con debida diligencia, procurar y dar acceso a la justicia y la verdad, gestionar reuniones periódicas para presentar avances y resultados, brindar apoyo, protección y acompañamiento a familiares.

Por si fuera poco el abandono del obradorismo a las víctimas de desaparición, se suman los costos de buscar y asumir las deficiencias gubernamentales. En lo que va del sexenio, al menos siete mujeres que buscaban a sus hijxs desaparecidos, fueron asesinadas. El común denominador en cada caso es el estado de indefensión y vulnerabilidad en que se encontraban. Sin garantías de seguridad y protección para buscar, ellas continuaron pese a todos los obstáculos que supone sortear en una sociedad machista y violenta. Las madres, hermanas, hijas, sobrinas, esposas han tenido que enfrentarse a un sistema que las somete a dos procesos de victimización, por un lado, el propio hecho de desaparición de su ser queridx; y por otro, el contexto de inseguridad y violencia cotidiana que viven en su búsqueda. Cuántas veces les hemos escuchado decir “no solo busco a mi hijx, busco al de todas” y por esa convicción, ahora les arrebatan la vida.

Son ellas quienes gracias a su labor han señalado la incompetencia de las autoridades, la negligencia y la complicidad en la comisión de actos de desaparición y quienes también han promovido transformaciones concretas para la creación de normas, mecanismos e instituciones en materia de justicia, búsqueda, verdad, memoria, reparación integral y garantías de no repetición. Valdría la pena que a la tesis del llamado humanismo mexicano que ha sido propuesto por el gobierno de Andrés Manuel López Obrador se añada como un eje rector de las políticas públicas y acciones del gobierno la búsqueda efectiva de las personas desaparecidas y la atención y acompañamiento integral a sus familias.

Hay que ser claras: no hay progreso, ni crecimiento económico, ni condiciones para una vida feliz, libre de miserias y temores, mientras nos falten más de 108 mil personas, entre ellas, las madres de quienes hoy siguen desaparecidos. 

* Olimpia Martínez Ramírez  (@olimpia_libre) es Politóloga por la Universidad Autónoma Metropolitana (UAM-I) enfocada en la defensa y promoción de derechos humanos. Feminista y acompañante de procesos que buscan verdad, justicia y memoria. Actualmente colabora en el área de incidencia de @ElementaDDHH.