Cuatro años de esperar la protección del Estado mexicano como refugiado

blogeditor · 20 de junio de 2022

A pesar de que se ha reconocido que la violencia y discriminación motivadas por la orientación sexual y la identidad o expresión de género existe, que por ello a menudo las personas lesbianas, gays, bisexuales, trans e intersex se ven obligadas a huir de sus países de origen en busca de lugares en los que puedan desarrollarse de manera libre y segura y que muchas de ellas lo intentan por medio de una solicitud de refugio, también es cierto que se ha identificado que sus posibilidades de éxito se ven obstaculizadas por la influencia de los prejuicios y estereotipos de las personas encargadas de las solicitudes. En este sentido y en el marco del Día Mundial de las personas refugiadas, la Comisión Mexicana de Defensa y Promoción de los Derechos Humanos (CMDPDH) considera importante compartir el testimonio de Javier, quien nos ha dado su confianza para acompañarle en parte de su largo camino por conseguir la protección a la que tiene derecho.

Hace cinco años tuve que abandonar mi país de origen debido a la persecución y amenazas de muerte que recibí por mi activismo político y por mi orientación sexual. Así que para salvar mi vida entré a México por El Ceibo en Tabasco, donde un conductor de un mototaxi intentó ayudarme dándome información sobre una casa para personas migrantes en la que podrían alojarme y eso fue lo que hice. En ese lugar me explicaron que, por mi situación, tenía el derecho a pedir refugio ante la Comisión Mexicana de Ayuda a Refugiados (COMAR), pero que si lo hacía debía quedarme en ese estado.

En ese momento decidí seguir mi camino con la intención de llegar a la Ciudad de México y solicitar aquí el refugio porque muchas personas me dijeron que tendría más posibilidades de encontrar un trabajo, lo cual era necesario para poder cubrir mis gastos cotidianos más básicos, principalmente de alimentación y alojamiento. Llegar a la Ciudad de México no fue fácil, el camino está lleno de retenes donde se hacen revisiones y si las personas no cuentan con los documentos que permiten demostrar que entraron al país de manera regular, son detenidas por Migración, pero yo lo logré.

Así, a inicios de 2018 me presenté en la oficina de la COMAR, donde me dieron una hoja en la que debía escribir los motivos por los que salí de mi país y por los cuales solicitaba el refugio en México e intenté hacerlo de la mejor manera, pero omití decir que soy gay, que tres de mis parejas sentimentales fueron asesinados y también amigos muy cercanos que vivían en la misma comunidad que yo. No lo dije porque no es algo fácil de decir, en mi país no se habla abiertamente de ello y en la oficina de la COMAR nadie me hizo preguntas al respecto. Sinceramente, aunque me lo hubieran preguntado, no me habría sentido cómodo y seguro para decirlo; yo estaba en una ventanilla rodeado de muchas personas que podían escucharme y me sentía como un trámite más dentro de las decenas de personas que estaban ahí, como para contar algo tan personal de lo que normalmente no se quiere hablar.

Una vez que admitieron mi solicitud, di por hecho que el trámite tendría seguimiento por parte de los oficiales de la COMAR, pero nadie me informó mis derechos dentro del procedimiento, las etapas a seguir o la duración estimada; simplemente me indicaron mi obligación de asistir a firmar en sus oficinas semanalmente, la cual cumplí durante más de un año sin que nadie me diera informes ni una respuesta. Además de la nula información, al atraso que tenía la autoridad en la atención de nuestras solicitudes de refugio se sumó el hecho de que la caravana de personas migrantes entró al país y la situación se tornó más difícil, debido entre otras cosas a la percepción que muchas personas tienen con respecto a las personas que no nacimos aquí. Puedo afirmar lo anterior porque en una ocasión la persona encargada de recibir mi firma semanal dijo tener razones para estar enojada pues esa gente -refiriéndose a quienes integraban la caravana migrante- estaba “invadiendo su casa”.

Para 2019 recibí asesoría y representación legal gratuita por parte de la CMDPDH, quienes lograron con sus gestiones que finalmente requirieran mi presencia ante un oficial de la COMAR para que me realizara una entrevista, a la cual acudí, pero en medio de mi intento de explicar lo que había vivido en mi país la oficial decidió afirmar que yo era un integrante de una pandilla sin contar con elemento alguno que le permitiera tener siquiera una sospecha de que eso fuera así. Como era de esperar, asumí que todo lo que yo dijera no se tomaría en cuenta y me negarían el refugio pues para ellos yo era un pandillero. Tiempo después efectivamente recibí la resolución negativa en la que la autoridad señalaba que no había acreditado mi temor de persecución, pero la oficial que me la entregó consideró importante añadir que mi caso no era creíble porque no demostré sentimientos, porque fui muy frío en mi relato.

De esta manera, solo quedaba continuar con el camino legal largo y complejo: un recurso de revisión que confirmó la negativa de reconocerme como refugiado, un juicio de nulidad que también confirmó las resoluciones de la COMAR, un amparo que concedió la protección para que la sentencia del Tribunal Federal de Justicia Administrativa (TFJA) en el juicio de nulidad se dejara insubsistente y se dictara otra y una nueva sentencia del TFJA en la que después de cuatro años, declara la nulidad de la resolución de la COMAR en mi caso. Todo esto en medio de una pandemia que llegó a paralizar y retrasar todo y de la negativa de la autoridad migratoria de renovar mi condición de estancia como visitante por razones humanitarias, lo que no me ha permitido acceder a un trabajo formal y tampoco a una alimentación, salud y vivienda adecuadas, y me mantiene en riesgo de ser detenido hasta en tanto la COMAR no cumpla con la nueva determinación judicial y yo reciba la protección del Estado mexicano como refugiado.

La experiencia de Javier es muestra clara de su fuerza y su coraje ante la necesidad de abandonar su hogar para escapar de la violencia y la persecución por el único motivo de expresar su identidad. La CMDPDH seguirá acompañando a las personas que necesitan la protección del Estado mexicano sin discriminación, permitiéndoles tener una vida y tratos dignos. La sociedad mexicana debe cada vez más, comprender y considerar las difíciles circunstancias en las que se encuentran las personas que viven con temor porque su vida, seguridad, integridad o libertad se encuentran en riesgo.

@CMDPDH