Hombres y Aborto: Autonomía, cooperación y solidaridad

Gire · 24 de abril de 2012

Hombres y Aborto: Autonomía, cooperación y solidaridad

 

Por: Omar Feliciano, Medios Electrónicos

Al igual que todos los hombres no sé cómo se siente ser en un cuerpo de mujer. La experiencia corporal de tener senos, los cólicos menstruales, el fluir de la menstruación.  Los hombres, obviamente, no tenemos la experiencia directa, corporal, del aborto. ¿Por qué debería un hombre interesarse en el aborto? ¿Por qué debería de obtener información? ¿Por qué debería de participar en acciones para asegurar la libertad reproductiva de las mujeres?

En los debates sobre las mujeres que abortan, mueren, sufren secuelas o son encarceladas por un aborto provocado, están ausentes sus compañeros. Cuando se rompe la ausencia masculina, es para aparecer como los jueces que las encarcelan, los doctores que las denuncian, los legisladores que les imponen leyes contrarias a su autonomía, como el marido que las golpea o como el novio que las denuncia después de haber decidido no continuar un embarazo. La experiencia del aborto confronta a los hombres con nociones tradicionales sobre el cuerpo femenino y la maternidad, y contrasta con los valores de la masculinidad hegemónica, lo enfrenta a una angustia primigenia. Vale recordar lo que dice Lacan sobre la angustia y el cuerpo: “La angustia es precisamente algo que se sitúa en nuestro cuerpo en otra parte, en el sentido que surge de esa sospecha que nos embarga de que nos reducimos a nuestro cuerpo”. En este caso, la angustia que provoca el cuerpo de la Otra.

Dicha angustia ha sido capitalizada por los grupos contrarios al derecho a decidir en Estados Unidos para involucrar a grupos de hombres en protestas contra el Aborto. En nuestro país, la Comisión Nacional de los Derechos Humanos (CNDH) en su recurso de inconstitucionalidad contra la reforma que despenalizó el aborto en el Distrito Federal, argumentó contra el derecho a decidir aludiendo a los derechos del padre. Sin embargo, la Suprema Corte de Justicia de la Nación que la decisión final sobre la maternidad corresponde a las mujeres pues son ellas las que se embarazan.

En el párrafo 4.271 del plan de acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo se habla de la necesidad de que el hombre participe activamente a través de la paternidad responsable, y comportamiento sexual y reproductivo saludable, esto incluye no sólo la planificación familiar, sino también la prevención de infecciones de transmisión sexual, la salud prenatal, materna e infantil. Si bien no dice nada específico sobre el papel del hombre en la interrupción del embarazo, se entiende del espíritu del texto, que debe de realizarse en el marco de comportamientos que favorezcan la salud sexual y reproductiva.

IPAS, organización que protege desde el aspecto médico los derechos reproductivos, recopiló en una publicación investigaciones sobre los roles de los hombres en las decisiones de las mujeres de interrumpir el embarazo.  En el estudio de 2004, Bringing Men in from the Cold: Abortion Clinics and Male Services dice que en las clínicas estudiadas en Estados Unidos no había información sobre métodos anticonceptivos para los hombres en las salas de espera y 62 por ciento de los entrevistados estaba dispuesto a cubrir el costo de servicios de consejería para las inquietudes de los hombres sobre el Aborto.

De acuerdo con investigaciones mencionadas por IPAS, en 1998, la ONG colombiana Oriéntame realizó un estudio con 200 hombres que acompañaban a sus parejas a interrumpir el embarazo y obtuvo información sobre otros 190 hombres a través de sus parejas: 11 por ciento se oponía al aborto mientras que 43 por ciento lo aceptaba, 46 por ciento lo consideraba un pecado. Sólo la mitad de los hombres sabía que el aborto era legal y 75 por ciento consideró que las mujeres no deben tomar la decisión por ellas mismas.

Con los ejemplos mencionados se puede observar que las percepciones sobre la interrupción del embarazo varían según las expectativas culturales asociadas al género o leyes que norman las relaciones entre los sexos. Según la revisión bibliográfica de  IPAS, en los países con leyes de manutención, es muy probable que los hombres en relaciones casuales presionen a sus parejas para abortar. En China e India estas expectativas culturales y leyes favorecen el aborto de los fetos de sexo femenino, y en el subcontinente Indio además es muy probable que otros miembros de la familia tomen la decisión, por ejemplo la suegra.

En un giro personalísimo quizá se preguntarán ¿por qué habría de hablar de aborto cuando además de no ser mujer no he tenido una relación con una mujer? ¿Por qué debería de escribir sobre derechos reproductivos cuando he decidido no reproducirme? Justo porque estas decisiones tienen que ver con mi libertad y mi autonomía reproductiva, porque es un imperativo ético, “porque nadie es libre hasta que todas seamos libres” para parafrasear a FHAR (frente homosexual de acción revolucionaria) porque reconocer la autonomía reproductiva  como un derecho humano fundamental es indispensable, porque la misoginia y la homofobia son dos facetas del mismo sistema patriarcal y porque con el avance de la tecnología en reproducción asistida se abren debates y frentes respecto de la filiación, la maternidad y la paternidad que tienen implicaciones para las familias construidas por gays y lesbianas a través de estas técnicas.

Así podemos ver que el enfoque no es el aborto sino la autonomía reproductiva. La cuestión no es si los hombres están a favor o en contra del aborto, es sobre el respeto a la voluntad y autonomía, a la valoración de la igualdad y la equidad, la corresponsabilidad,  la no-violencia y otros valores contrarios a la masculinidad hegemónica, es decir, contrarios a la intimidación y a la violencia feminicida, a las amenazas y los maltratos, a la negación de la manutención o la paternidad.

Los hombres pueden ser un gran apoyo al respaldar a las mujeres en el ejercicio de la libertad sobre su cuerpo, mente y planes de vida y, en caso de que decidan practicarse una ILE, darles apoyo emocional y económico. Asimismo, de acuerdo con las recomendaciones en materia de  promoción de la salud reproductiva, los hombres se pueden convertir en promotores de la libertad reproductiva promoviendo sus reflexiones sobre la paternidad deseada, el cuidado a la salud de su pareja y sobre lo que sienten cuando están en una sala de espera en una clínica de abortos. Los modelos de atención postaborto deben de considerar estrategias al respecto, lo mismo que las políticas públicas del Estado, sobre todo lo contenido en el plan de acción de la Conferencia Internacional sobre Población y Desarrollo al momento de diseñar sus políticas de salud pública y sus protocolos de acceso al aborto legal. Ya sea como parejas, tomadores de decisiones, políticos, compañeros o activistas, a los hombres nos corresponde apoyar una decisión que sólo corresponde a la mujer.