Los hombres feministas que hacen falta

blogeditor · 30 de junio de 2017

Los hombres feministas que hacen falta

Hoy en día, el que no es feminista es porque no ha entendido nada. Nada del feminismo, ni del contexto que estamos viviendo, ni de la vida en general.

Uno aprende a no enfrascarse en discusiones con ese tipo de personas que no tienen argumentos, pero sí prejuicios y violencia listos para ser escupidos a la menor provocación; los que nunca leen la nota completa porque con el encabezado les basta para tener una opinión y proferirla a gritos para que se oiga más fuerte que las voces de los demás. Uno aprende a verlos con compasión y pensar: así lo educaron y no tiene otras herramientas. Pero no deja de ser frustrante saber que hay por ahí tanta gente sin conciencia maleducando hijos y repitiendo patrones nocivos. Es muy común toparse con el machín inseguro que en cuanto una mujer denuncia un abuso o exige cualquiera de sus derechos, se siente directamente agredido y la llama “ feminazi”. O la mujer desinformada que piensa que debe avalar el pensamiento machista para que los machines no la dejen de “querer”; así como quieren los machines, que luego se emborrachan y matan.

“¡Vieja exagerada!”, acaba de pensar algún lector… o lectora, porque a veces somos nosotras nuestras peores enemigas. Lo somos cuando denigramos a otras mujeres en vez de unirnos. O cuando no nos indignamos en voz alta ante cada uno de los feminicidios que ocurren todos los días en nuestro país, cada vez más cerca de nuestras casas.

Hace una semana mataron a la hija jovencita de un señor a quien quiero mucho. Un señor muy pobre, muy trabajador y buena persona. A su hija de 22 años le arrebataron la vida y a él le arrebataron el sentido de la suya. El asesino fue el novio. Frente a testigos que no pudieron, no supieron o no se atrevieron a hacer nada. El tipo estaba borracho, drogado y fuera de sí.

La jovencita estaba estudiando; tenía un futuro. También tenía dos hijitos varones, que ahora no tienen mamá. Los hombres tampoco se salvan de sufrir las horribles consecuencias de la violencia machista. Cada víctima le hace falta a sus hijos, padres, hermanos, amigos, y a su esposo, cuando no es él el agresor.

El error de esta jovencita fue enamorarse de un machín violento, como hay tantos, y seguramente haber permitido agresiones antes.

Por favor: explíquenles a sus hijas que al primer “estúpida” tienen que terminar la relación. Que no hay camino de regreso para las faltas de respeto y la violencia, por pequeña que parezca al principio. Y que las lágrimas de un golpeador arrodillado son lágrimas de cocodrilo, porque está enfermo y no va a poder cumplir sus promesas de tratarla bien.

El machismo debería catalogarse como enfermedad mental. Un pensamiento que te convence de que otras personas son inferiores a ti, que merecen menos que tú, que deben hacer lo que tú dices, que te pertenecen como esclavos, y existen solo para servirte, es una total distorsión de la realidad.

El feminismo NO es la contraparte del machismo. Pensar eso es el equivalente a leer solo el encabezado de la nota. Sí, la palabra suena igual, pero el significado es opuesto. El feminismo es un movimiento social que busca la igualdad de derechos y oportunidades entre hombres y mujeres. ¡También queremos hombres felices que tengan dentro de su alma algo bueno para compartir! Que sean capaces de amar a la mujeres, o a otros hombres, o a quien les dé la gana. Que basen su seguridad en sus méritos, y no en destruir aquello que los hace sentir inseguros.

Que no nos destruyan descalificándonos, impidiéndonos desarrollarnos profesionalmente, cosificándonos, violentándonos sicológica, económica o físicamente. Que no nos destruyan siendo malos padres y programándonos para buscarnos otro igual, que tampoco nos quiera. Que no nos destruyan matándonos.

Hombres y mujeres tenemos mucho qué reflexionar, con una actitud autocrítica y valiente. ¿Qué clase de personas somos ? ¿Qué clase de personas queremos ser? Y ¿con qué clase de personas queremos relacionarnos?

Cada mujer que muere a manos de su “pareja sentimental”, o es asesinada en cualquier circunstancia, es una tragedia, no un número que se suma a una estadística. Hoy en día, ser feministas es nuestro deber porque todos necesitamos una sociedad justa. El feminismo no es contra nadie, es en favor de todos.

Cuando un hombre dice “soy feminista” está diciendo:

“Soy un hombre seguro y deseo el bienestar para todas las personas. Soy un hombre que no se siente amenazado por la libertad y el desarrollo pleno de las mujeres. Estoy consciente de que es justo que hombres y mujeres ganemos lo mismo por hacer el mismo trabajo. Soy un padre dispuesto a compartir los retos y las alegrías de la crianza de los hijos. Soy un hombre respetuoso. Soy un hombre admirable”.

A los que ya lo son, y lo gritan a los cuatro vientos, y son congruentes: ¡Muchas gracias! Necesitamos más personas admirables como ustedes.

 

@tiare_scanda