blogeditor · 28 de abril de 2014
Por: Braulio Torres
“Estuviste a dos segundos de ser gay”. Es una de las expresiones favoritas de mis amigos cuando digo o hago algo que a su juicio no sea muy varonil. (Me gusta tener mi casa arreglada y activamente pienso en muebles y decoración; puedo usar la palabra “lindo” para referirme a la cualidad de alguien o algo; o si me preguntan me atrevo a decir si, en mi opinión, un hombre está guapo o no). La construcción social de género, hoy en México, asocia lo gay[1] con “lo femenino” y divide tajantemente “lo femenino” de “lo masculino”.
“Pinche Balo eres como vieja”. Me lo dijo una prima una vez que le contaba que me quedé en casa de mi ex-novia, que es mi amiga, cuando visitaba su ciudad por razones de trabajo, y que no me le aventé en la noche para revivir pasiones. Conozco a más de una mujer que le dice “pinche puto” a un güey si ella abre toda su disposición y él no se siente atraído por ella. El constructo social de lo masculino está tan arraigado y puede ser dañoso tanto como el constructo de la mujer.
Hay un problema grande y real respecto a la construcción de roles de género: la sociedad espera ciertas conductas del hombre y ciertas de la mujer. Barack Obama recientemente pronunció un discurso en el que invitaba a los jóvenes a transformar la manera“we think about manhood”. Varios analistas han escrito sobre un movimiento social emergente: la liberación del hombre (ver por ejemplo aquí o leer esto). Anne Marie Slaughter, académica y analista reconocida y la primera mujer en encabezar la oficina de Policy Planning del Departamento de Estado de EUA, escribió recientemente que a menos que los hombres tengan el mismo espectro de opciones que las mujeres tienen respecto a combinar actividades de cuidador(a) y de proveedor(a) será difícil que la equidad de género se convierta en realidad. Para que las opciones sean serias, Anne Marie escribe que los hombres tendrán que ser respetados y recompensados por elegir esas opciones: por ejemplo, ser el cuidador principal del bebé o diferir un ascenso para pasar más tiempo con los hijos.[2]
En México, tengo amigos que en su matrimonio civil el juez aún pronunciaba la epístola de Melchor Ocampo:
“El hombre cuyas dotes sexuales son principalmente el valor y la fuerza, debe dar y dará a la mujer, protección, alimento y dirección, tratándola siempre […] con la magnanimidad y benevolencia generosa que el fuerte debe al débil […]. La mujer, cuyas principales dotes son la abnegación, la belleza, la compasión, la perspicacia y la ternura debe dar y dará al marido obediencia, agrado, asistencia, consuelo y consejo, tratándolo siempre con la veneración que se debe a la persona que nos apoya y defiende […].”
Aunque la epístola suene ridícula para muchos, lo grave del asunto es que, en el nivel más sutil, esta concepción del mundo está frente a nosotros todos los días y estamos de acuerdo y fortalecemos dicha concepción sin darnos siquiera cuenta: cuando uno le dice a su novia “yo tengo que pasar por ti” (porque esta ciudad es peligrosa y por lo tanto tú no eres móvil); o le dice a su esposa “puedes trabajar y hacer lo que quieras siempre y cuando le des leche materna y te encargues los primeros meses del bebé”, o cuando un hombre no deja a una mujer pagar la cuenta del restaurante (porque el hombre debe ser “el proveedor”). Lo sutil es lo más difícil de extirpar.
Hace más de cuarenta años, ¡cuarenta años!,“The Emancipation of Man” fue un discurso que Olaf Palme, primer ministro de Suecia, pronunció en Washington en una conferencia del Women’s National Democratic Club. En su discurso dijo que para que las mujeres se emancipen de su rol anticuado, los hombres también deben emanciparse. En Suecia, los debates entre partidos políticos y dentro del parlamento sobre la inclusión laboral de la mujer y sobre leyes de maternidad y paternidad datan desde entonces. En Suecia, en 1974 se legisló sobre permisos de paternidad. En México tenemos hoy grandes problemas en la construcción del género y quizá podamos avanzar más rápido si nos enfocamos también en reflexionar sobre lo que significa ser hombre y masculino.
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Mínimo una vez al mes discuto con mi novia sobre roles de género. Disfruto encontrar contradicciones en sus argumentos para decirle “a ti te gusta la equidad cuando te conviene”. Ella, a quien admiro, defensora de la perspectiva de género, creo que a veces trae a la mesa las injusticias históricas contra la mujer para darle más fuerza a sus argumentos. Parece que no está peleando una lucha específica conmigo, sino que su postura refleja una lucha mucho más amplia. Le digo “pérate, parece que para ti todo es hombres contra mujeres, estoy diciendo que así como te gusta ser una mujer independiente y dedicarte a tus metas profesionales, que con esa misma energía le eches más ganitas a las actividades de la casa, a pagar las cuentas, o hacer cosas de hombre como manejar en la carretera”. En estas discusiones creo que los dos hemos ido aprendiendo sobre el otro y cuestionando nuestros propios constructos de género.
Hace poquito en la corridita matutina de un sábado le dije:
– “Si tenemos un hijo me gustaría verte muy maternal, que le des pecho. Muchos estudios demuestran la importancia de dar leche y de que la madre esté cerca los primeros seis meses. Es importante que los bebés chiquitos tengan a su mamá cerca. Me da miedo que tú no quieras dedicarte al bebé por enfocarte en tu carrera”.
Y, luego luego, se prendió la chispa y empezaron los sombrerazos:
– “#”!%(/$#!….. &%$#%….”
(Pleito sobre que no sé que de la mujer, que del hombre.) Se bajaron los ánimos y me dice:
– “Ok. Yo me encargo los primeros seis meses. ¿Y tú te encargas después?”
– “Por supuesto” (sonriendo yo con el pecho en alto). “Podemos ver cómo nos turnamos tres meses y tres meses. Yo me lo llevo a la oficina, y luego tú…”
(Me aventé una explicación y plan detallado según yo súper cool. Me encantan los niños y me imagino como un papá totalmente involucrado, así que estaba muy convencido de lo que decía).
– “Ahhh…..” –me contesta– “y por qué no los siguientes seis meses tú si yo me encargo los primeros seis”.
Y que se me cae el teatrito por dentro. Según yo me siento un hombre vanguardista, moderno. Pero me quedé sin argumentos; más que sin argumentos, derrumbó el más sutil de mis melchorocampismos. (Está chingón tener una pareja que te cuestione aunque dé miedito a veces).
Me siento un hombre en emancipación; que tiene gustos, actitudes y gestos a veces “femeninos”, a veces “masculinos”. Estoy orgulloso de esto. Por dentro cada que escuchaba “estuviste a dos segundos de ser gay” me jactaba de superioridad. Me río cuando alguien me “molesta” por mis gustos musicales noventeros “de niña”. Es muuuy cómodo pensar “yo estoy más allá de esas categorías hombre-mujer del siglo XIX”. Es fácil y emocionalmente estabilizador decirse a sí mismo: “pinches güeyes homofóbicos, machos mexicanos”, yo, casi parido por suecos. Y aunque a veces me sienta con el derecho de andar promoviendo que los hombres deben emanciparse de las normas sociales de lo varonil, también me doy cuenta lo mucho que me falta.
-“Tres meses y tres meses, ¿no?”
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Las mujeres han hecho un trabajo importante en los últimos años para emanciparse de su rol tradicional de mujer. Falta por recorrer camino, pero ellas ya empezaron la batalla. A los hombres, sin embargo, nos falta acelerar el paso para emanciparnos del rol tradicional de hombre y no estar circunscritos a los que “debe” hacer un hombre. La reflexión y emancipación del hombre podría acelerarse en el análisis crítico de algunas políticas públicas.
El Programa Nacional para la Igualdad de Oportunidades y no Discriminación contra las Mujeres 2013-2018, que es la estrategia de perspectiva de género del gobierno federal, en mi opinión, no está totalmente alineado con esta idea sobre la emancipación del varón (y por tanto está lejos de tener las bases para lograr lo que se propone para la mujer). Si la estrategia “le permitirá al gobierno federal incorporar en la planeación y programación nacional las necesidades de las mujeres y las acciones que permitan el ejercicio de sus derechos”, creo que debe considerarse una estrategia explícita para que los varones tengan un abanico amplio de opciones para el ejercicio de sus derechos también.[3]
Las leyes laborales son una excelente plataforma para analizar la visión que tiene un Estado y las dinámicas sociales que existen en un país sobre la equidad de género y sobre la emancipación del varón. Uno puede ver explícitamente lo que el Estado está dispuesto a ofrecer para equilibrar la relación reproductiva, parental y productiva entre una pareja hombre-mujer.[4]
“La mujer es la que pare”. Esto lo he escuchado de muchas mujeres. Su capacidad reproductiva exclusiva implica por supuesto que la mujer debe tomarse tiempo para la maternidad. Sin embargo, una cosa es el rol reproductivo y otra cosa muy distinta el rol de cuidado (care giver). Hay una diferencia vital entre el involucramiento del papá durante el nacimiento (paternity leave) y el involucramiento del papá/mamá durante la infancia (parental leave). Las leyes laborales asumen que el rol del varón no está en la producción de bebés (y por eso ofrecen leyes de maternidad). No tenemos matriz. Pero ¿qué es lo que asumen las leyes respecto al rol del varón sobre el cuidado del bebé? ¿O la ley está libre de constructos sociales inequitativos?
“El varón y la mujer son iguales ante la ley. [La ley] protegerá la organización y el desarrollo de la familia”. (Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos)
Los permisos de maternidad, paternidad y parentales (maternity, paternity & parental leave) varían mucho entre países. La caracterización de los permisos cuando nace un bebé depende de lo siguiente:
A los países podemos catalogarlos como muy considerados o nada considerados (con sus ciudadanos) en función de estos factores. Un extremo del espectro es India que no tiene un solo día de paternidad o EUA que da permiso de maternidad sin derecho a salario. El otro extremo son los países escandinavos, en los cuales el permiso dura muchos meses, el financiamiento es compartido por el gobierno (y no recae toda la carga sobre el patrón), y el hombre no puede transferirle sus meses de permiso de paternidad a su mujer (vs el escenario hipotético en el que, por ejemplo, a la mujer le corresponden por ley cuatro meses y al hombre cuatro meses de permiso, pero el hombre puede transferirle sus cuatro meses a la mujeres y entonces la mujer se toma ocho y el hombre cero meses de permiso). En Islandia, cuando el permiso de paternidad se volvió intransferible a la esposa, se incrementó la tasa de uso del permiso del 39 al 83%. Este extremo del espectro es una situación en la que se refuerza lo positivo de un papá en casa y lo positivo de una mujer de regreso en el trabajo. De este modo, el empleador tiene exactamente la misma preocupación al contratar a un varón (que puede tener un bebé y ausentarse) que cuando contrata a una mujer. En un punto intermedio, están países como México donde sí hay permisos de paternidad (cinco días) y se paga el salario completo durante el permiso. Pero para la ley laboral mexicana, ser hombre significa ser el proveedor (y no el cuidador). En este sentido el varón y la mujer no son iguales ante la ley.
Creo que en el diseño de políticas laborales y de equidad de género deben considerarse a) los costos patronales (los activistas no van a llegar a ningún lado si no se incluye esto dentro de la ecuación), b) la visión que se tiene del rol del hombre en la familia, es decir, sus derechos como papá, y c) la diferencia sustantiva entre el rol reproductivo del rol de cuidador de los padres.
En Fundación IDEA hace unos meses hicimos un análisis costo-beneficio sobre la promoción del uso de leche materna en comunidades rurales de Guatemala. Hay bastante literatura sobre los efectos positivos del uso exclusivo de leche materna durante los primeros seis meses.[5]Me gustó reforzar mis nociones sobre lo importante que es que la mamá le dé leche a su bebé (¡para exigírselo a mi esposa en su debido momento!). En mi cabeza ya tenía la batalla ganada para despreocuparme durante los primeros seis meses de tener un bebé. Pero luego uno se encuentra con otros artículos (leer aquí) que ponen en duda la evidencia sobre los efectos positivos del consumo exclusivo de leche materna. “Gulp”, y entonces digo “ay güey”, qué tanto es evidencia, y qué tanto es que uno quiere escuchar y creerse lo que le conviene.
La diferencia principal entre el permiso de maternidad/paternidad (maternity/paternity leave) vs el permiso parental (parental leave) es que la maternidad/paternidad se refiere principalmente al rol reproductivo y al ajuste durante los primeros días de tener un recién nacido; mientras que el permiso parental tiene que ver con el rol de cuidado de un infante.
Los roles de género actuales –plasmados en la Ley mexicana– respecto a la reproducción y cuidado de bebés le exigen a la mujer mucho más obligaciones (tres meses) que al hombre (cinco días). La mujer está en desventaja profesional porque, sí o sí, su matriz les exige pausar su carrera por un tiempo. Pero las leyes tampoco favorecen al varón que quiere dedicarse a su familia y a sus bebés. Recientemente se reformó la ley laboral para incluir el permiso de paternidad (ver aquí) y desde que empezó la discusión meses atrás ha habido algo de reflexión sobre la ley (por ejemplo, ver aquí) o sobre la masculinidad tradicional (leer aquí). Es fundamental, sin embargo, que para redefinir de manera plausible el rol masculino y la paternidad en las leyes laborales, se entienda de manera independiente el rol reproductivo del rol de cuidado (permiso de paternidad vs permiso parental).
Hace más de 40 años se discutían estos temas en el parlamento sueco. En ese entonces, Olaf Palme comentaba que los suecos al principio también decían que los hombres eran distintos a las mujeres. Fue después de mucha discusión pública que la perspectiva fue cambiando. Olaf Palme escribió en 1970 que la opinion pública “is now a days so well informed that if a politician today should declare that the woman ought to have a different role tan the man and that it is natural that she devotes more time to the children he would be regarded to be of the Stone Age”. Mujeres deben pasar más tiempo con los hijos que los hombres = edad de piedra: hace más de ¡cuarenta años!
La mayoría de mis amigos que son papás son bastante modernos y distribuyen las tareas del hogar con sus esposas… ¿pero estarían dispuestos a pausar su carrera por un año? Yo todavía no estoy seguro si quiero o si me atrevo. “La mujer es la que pare”. ¿Las mujeres están dispuestas a regresar pronto a su trabajo y dejar a su bebé con el esposo? ¿Las que no están dispuestas van a criticar a las mujeres que sí están dispuestas?
Los argumentos están hechos para ser cuestionados y que durante ese proceso uno se dé cuenta si mucho de lo que creemos es un castillo de naipes que ha sido narrado una y otra vez hasta que se ha convertido en una verdad. No quiero decir que todos los hombres o que todas las mujeres deban ser “modernos”. Sino que cualquier hombre o mujer pueda tener el mismo espectro de opciones de cómo comportarse y qué roles asumir en el núcleo familiar.
* Braulio Torres es director de Proyectos de Fundación IDEA.
[1] Aclaración: este artículo no pretende profundizar sobre los prejuicios y problemas sociales entorno a la homosexualidad; meramente este artículo describe y se refiere a un problema de género que existe. ¿Qué debería significar ser gay?: únicamente que te gusta una persona del mismo sexo. Pero esta reflexión no es la sustancia de este artículo.
[3]Si bien el PROIGUALDAD sí incluye algunas estrategias dirigidas a los hombres (por ejemplo, la estrategia #3.5.6 Difundir en los centros de trabajo los derechosde los varones a licencias de paternidad y susresponsabilidades domésticas y de cuidados; o la estrategia # 3.5.7 Promover esquemas y horarios de trabajo quefaciliten la conciliación de las responsabilidadeslaborales con vida personal y familia), creo que el Programase queda muy corto. Faltan políticas integrales de género.
[4]Aclaración: este artículo analiza las políticas públicas respecto a maternidad y paternidad en el marco heterosexual. Sería interesante pero objeto de otro artículo abordar estos temas en parejas del mismo sexo.