Redacción Animal Político · 13 de junio de 2025
Ante la perspectiva de morir en prisión por cuatro casos penales que enfrentaba en diferentes cortes, en sus tres años de campaña electoral Donald Trump se rodeó de personajes que, entre otras cosas, le propusieron salvar su pellejo. A cambio él los dejaría impulsar el plan de una nación supremacista, homófoba, racista y contraria a la ciencia plasmada en un documento conocido como Proyecto 2025.
Muchos que desde el sector político-económico apoyaron la improbable campaña del actual presidente, ahora ostentan cargos directivos en la administración que arrancó el 20 de enero, y hay evidencias claras de que en realidad ellos son los que están cobrando la factura y tomando las decisiones más radicales.
Citemos por ejemplo a Russell Vought, autodenominado nacionalista cristiano y fundador del ARC (Centro para la Renovación de América), una organización que se opone a que se enseñe en las escuelas públicas el pasado esclavista de los Estados Unidos (teoría crítica de la raza), dictando que ese país es una “nación bajo los designios de Dios”, obviamente, en el que él cree. Vought es uno de los redactores principales del mencionado Proyecto 2025, una iniciativa económica e ideológicamente impulsada desde la Fundación Heritage que, además de promover políticas públicas conservadoras, busca que estas se apliquen en el gobierno federal.
Como director de la Oficina de Administración y Presupuesto, Vought implementa esa agenda radical vía las órdenes ejecutivas que Donald Trump ha venido firmando desde el día 1 de su segundo mandato. En dichas jornadas, y como para que el firmante no se vaya a arrepentir, es común ver a mister Rusell detrás del ejecutivo, quien más de una vez ha tenido que preguntar a un asistente “¿de qué se trata?”, cuando le acercan esos negrísimos folders con las ordenes creadas para convertirse en ley, sin que deban pasar por el congreso.
En el tema migratorio, que en días recientes ha sido motivo de interés nacional, hay un gerente cuya idea de nación resalta sobre la de otros mandos incluida la de mismo Trump. Se trata la del actual subjefe de gabinete de la Casa Blanca, Stephen Miller, quien al menos desde hace una década está obsesionado con la idea de frenar el flujo de migrantes que cumplan con dos requisitos: que hablen un idioma distinto al inglés y que no sean de piel blanca. Su sueño es que Estados Unidos “vuelva a ser” la nación blanca y cristiana que nunca fue.
Como Miller nació en California, la cruzada en Los Ángeles se ha vuelto personal para él y no es exagerado decir que a dicho funcionario debemos el despliegue de la Guardia Nacional desde el pasado fin de semana, tras las manifestaciones, de inicio pacíficas, de californianos hartos de las incursiones de ICE sobre temerosas comunidades latinas. Ante este obvio despliegue con detenciones arbitrarias (prácticamente secuestros), el legendario reportero del ABC News, Terry Moran, en su cuenta de X llamó a Miller “odiador de clase mundial”, comentario que llevó a que la cadena suspendiera en un primer intento al periodista al que finalmente despidieron hace un par de días.
Envalentonado por los señalamientos de ser el más racista de la Administración Trump, The Wall Street Journal reveló que, en una reunión con mandos de las agencias a cargo de cazar migrantes, Miller ordenó más detenciones por día y sugirió a los agentes que visitaran negocios como Home Depot o las tiendas 7 Eleven, para detener a quien parezca inmigrante sin importar si es empleado o cliente. A esa orden debemos que iniciaran los arrestos sin sentido sobre jornaleros, obreros y otro tipo de empleados que, en muchos casos, mueven la industria y economía locales. Inspirado, Miller ha llamado a las manifestaciones “insurrección” y filtrado la patraña de que los votantes estaban a favor de las deportaciones masivas, justificando así su accionar.
Tal y como el gobernador de California, Gavin Newsom, aseguró en un mensaje, la incursión militar en California, que creció con el envió de 700 miembros de la marina estadounidense a inicios de semana parece un movimiento planeado que busca crear un conflicto inexistente para que Trump declare la ley marcial. Eso otorgaría al gobierno federal el poder de militarizar la zona y desaparecer las garantías civiles dando paso a detenciones arbitrarias y la ausencia del constitucional debido proceso.
La sospecha de Newsom toma sentido luego de que en su podcast War Room, otro trumpista de alcurnia, el asesor político y reconocido rufián, Steve Bannon, revelara que la “Batalla de Los Ángeles” era un plan concebido largamente por Stephen Miller, quien calculaba ejecutar una operación de guerra híbrida de estilo militar para iniciar un conflicto con el ICE por delante y ya después avivarlo con una Guerra Civil de baja intensidad.
“La única manera de ganar aquí es redoblar y triplicar la presión sobre los medios de comunicación del aparato de izquierda del estado profundo que gobierna este país. Por eso el presidente Trump sigue redoblando sus esfuerzos y, a diferencia de 2020, tenemos que cumplir con lo prometido en este verano del amor. No pueden ser solo tuits y palabras. Tiene que haber acción”, arengó Bannon.
Stephen Miller es “una bendición para este país” continuó el youtubero resaltando que “Miller siempre ha dicho desde que lo conozco, incluso cuando era casi un niño en la Santa Mónica Junior High, que la batalla por Estados Unidos se libraría en Los Ángeles”.
En su loa sobre el que mucho califican como el Joseph Goebbles de Trump, Bannon insiste que Miller “es la mente maestra de la política nacional y el cerebro detrás del cierre de la frontera” y quien le ha dado a Trump “todas las herramientas” que puede usar “y eso es lo que el presidente está haciendo como comandante en jefe”.
Ya un poco excitado por la emoción al hablar de su gurú, Bannon insiste en que “la escalada del gobierno de Trump no solo es un ataque a nuestros valores y libertades personales, sino que Miller quiere instigar el desorden para impulsar el enorme y desagradable proyecto de ley presupuestaria que impulsaría sus febriles sueños nativistas y convertiría a ICE en la agencia policial con mayor financiación del país”.
En su discurso, el gobernador californiano terminó diciendo que lo sucedido en California es un ensayo que después se replicará en otros estados con ciudades santuarios como Nueva York y Chicago, entre otros.
Según los recientes acontecimientos, para allá parecen dirigirse las cosas.
La inconsistente participación en Animal Político de quien esto escribe cambiará próximamente de nombre ya que he dejado de residir en Brooklyn. Así que esta será la última entrega bajo el nombre Luces de Nueva York.
Hasta la próxima.